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04:45h. Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Los diez del Titanic

Javier Reyero, Nacho Montero y Cristina Mosquera recogen la conmovedora historia de los diez españoles que vivieron aquel viaje único en su libro publicado por LID Editorial.

El hundimiento del RMS Titanic fue una catástrofe marítima ocurrida en la noche del 14 al 15 de abril de 1912.

Después de más de un siglo de su hundimiento se afirma que diez españoles se encontraban abordo: María Josefa Peñasco, Fermina Oliva, Víctor Peñasco, Encarnación Reynaldo, Emilio Pallás, Julián Padró, Florentina Durán, Asunción  Durán, Juan Monros y Servando Oviés, provinientes de Cataluña, Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha y Asturias. De los diez solo siete consiguieron sobrevivir.
 

Los protagonistas

Fermina Oliva nació el 11 de octubre de 1972 en el pueblo conquense de Uclés siendo la quinta de once hermanos. Fermina se trasladó de joven a Madrid donde instaló un modesto taller de costura. Tenía 38 años cuando embarcó en el Titanic siendo la doncella del matrimonio madrileño formado por Víctor y María Josefa Peñasco. Fermina viajó en las dependencias destinadas al personal doméstico, muy agradables y acogedoras.

Víctor Peñasco y su esposa María Josefa Peñasco, de origen madrileño, embarcaron recién casados en el Titanic eufóricos por la aventura que supondría el viaje a Nueva York, el colofón ideal a su sensacional luna de miel. Víctor y María Josefa viajaron en primera clase disfrutando de una estupenda cabina situada en el sector de proa de estribor, con maravillosas vistas al mar y con una decoración inspirada en el Palacio de Versalles.

Encarnación Reynaldo, nacida en la ciudad malagueña de Marbella en 1881, es una de las viajeras españolas que mayor expectación ha despertado entre los amantes del Titanic debido a la escasa información que se ha conseguido recabar sobre su vida. Durante muchos Encarnación trabajó como doncella para la familia de Henry Vásquez, empresario de origen gibraltareño casado y con cuatro hijas, familia con la que se trasladó a vivir a Inglaterra. Posteriormente Encarnacion decidió viajar a EE.UU no se sabe con certeza si para establecerse allí o para visitar a su hermana, residente de la zona, que en ese momento estaba embarazada. Encarnación Reynaldo se embarcó en el Titanic con un billete de segunda clase y sola, por fortuna, hablando y entendiendo inglés algo que le facilitó durante el naufragio seguir las instrucciones que se iban facilitando durante el naufragio.

Julián Padró nació en 1885 en Can Tiret. Como todos los payés Julián labraba la tierra y cuidaba a los animales entre otras faenas del campo; sin embargo, él era un joven emprendedor y con aspiraciones propias de un hombre de negocios por lo que decidió trasladarse a Barcelona. Es allí donde conoció a la que posteriormente se convirtió en su esposa, Florentina Durán, natural de San Adriá, una sencilla mujer de ojos pardos y cabello cobrizo de la que se enamora.

Con el tiempo Julián y Emilio Pallás, oriundo del pueblecito leridano de Basturs, con quien había trabado una buena amistad decidieron vender sus negocios de Barcelona para establecerse en la Habana acompañados por Florentina Durán y su hermana Asunción Durán. Julián y Emilio que por aquel entonces se sentían empresarios compraron cuatro billetes de segunda clase del Titanic y también los billetes para el vapor que la naviera tenía concertado para realizar el enlace desde Nueva York a La Habana.

Juan Monros, nacido en 1892 en Barcelona pero afincado en París, con solo 20 años y por puro azar consiguió incorporarse a la élite de la industria de la restauración de la época. Con afán de superación y atraído por algunos amigos Monros decidió viajar a Gran Bretaña donde fue contratado por Luigi Gatti como camarero responsable del departamento de café, té y otras bebidas del restaurante a la carta del Titanic. Aunque estaba entusiasmado por la oportunidad que se le brindaba, sabiendo que su familia prefería para él una colocación cómoda y segura Monrós decidió anunciarles que había sido contratado como intérprete.

Servando Oviés llegó en 1891, con quince años, a La Habana para trabajar en la sedería de un familiar. Era un hombre trabajador y habilidoso que no tardó en ascender convirtiéndose con el tiempo en copropietario de la fábrica. Debido al crecimiento de su empresa Oviés comenzó a realizar frecuentes viajes a la lejana Europa en busca de materias primas y oportunidades acostumbrando a hacerlo en los barcos más veloces y sofisticados de la época. En 1892, Oviés se embarcó solo en el Titanic debido a que el avanzado estado de gestación de su mujer no permitió que lo acompañase. A su regreso decidió recalar en Nueva York para lo que compró un billete de primera clase en el Titanic.