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04:31h. Domingo, 23 de Septiembre de 2018

La Casa del Diablo en Telde

"Desde ese día, siempre que paso delante de la casa, puedo sentir el escalofrío y la horripilante sensación de que cierta presencia hostil me observa a mí paso"...

Tamaragr.wordpress.com.- Éstas son dos anécdotas que sucedieron en una famosa casa situada en el barrio Teldense. Esta casa lleva mucho tiempo abandonada por eso ha sido  un lugar de reunión para las brujas, sesiones de ouija, pero sobre todo para rituales satánicos. Es por esto que actualmente el ayuntamiento ha cerrado todas sus puertas y ventanas. Generación tras generación se ha oído hablar de escalofriantes historias contadas por personas que han entrado en la casa.

Dos de ellas son las siguientes:

Un grupo de chicas del colegio de las monjas, una tarde decidieron entrar a la casa para descubrir si era verdad las historias que se contaban sobre ella, todo iba bien, hasta que subieron al segundo piso. Mientras caminaban por un pasillo una de las chicas vio una especie de bola luminosa, que se dirigió hacia ellas y la cual impactó contra una de las ventanas, provocando que se proyectaran contra ellas los cristales y no hacia el exterior.

Seguidamente las chicas salieron despavoridas de la casa sin darse prácticamente cuenta de que estaban sangrando a causa de los cortes producidos por los cristales que se les proyectaron. 

Todo comenzó una calurosa tarde veraniega de domingo del año 1996, época en la cual tenía 16 años. Unos amigos y yo atraídos por las numerosas historias contadas, decidimos entrar en esta casa cuando aún no habían sido precintadas como se encuentran actualmente. Quedamos justamente en frente del muro de piedra que daba a la casa, el cual ya no existe, puesto que han levantado uno mucho mayor de cemento y barrotes de unos 5 ó 6 metros de alto; en aquella época solo medían unos 3 metros, pero nosotros entramos por el acceso principal de la casa.

Cuando comenzamos a subir las escaleras que daban al jardín, se nos pasó por la mente el desistir de nuestra aventura, puesto que mi amigo Javier nos dijo que había visto cómo se movía una de las cortinas de las ventanas del piso superior, y afirmaba que creyó ver a una persona. Aunque miramos hacia las ventanas mi otro amigo, Alejandro, y yo, no logramos ver nada. Por eso continuamos avanzando hacia la puerta verde y deteriorada de la casa, la cual estaba cerrada con un candado.

Dimos una vuelta por sus alrededores y dimos con una ventana que estaba entreabierta, y que daba justamente a la cocina de la casa. El primero en entrar fui yo, después lo hizo Alejandro y por último Javier. Mientras íbamos atravesando la cocina podíamos ver numerosos utensilios de cocina por el suelo, tales como platos rotos, cubiertos etc; tras la puerta de la cocina se encontraba el comedor que conectaba directamente con el hall de la casa en el cual se situaban las escaleras de madera de acceso al piso superior, la iluminación era prácticamente diáfana, aún así quería continuar y subir al piso superior.

He de decir que me dio mucho miedo el subir al segundo piso de la casa, sobre todo por las escaleras de madera, las cuales parecían que se iban a caer, y que al pisarlas rechinaban. Al llegar al piso superior ya mi miedo se intensificó mucho, más aún, pude ver en la pared del pasillo unas marcas de sangre realizadas con manos ; no sé si la sangre era humana o animal, aunque creo que más bien sería por lo segundo, puesto que nos encontramos una serie de plumas y esqueletos de gallinas y palomas.

Al ver esto un escalofrío no recorrió el cuerpo y Javier dijo de marcharnos, pero aún no me podía marchar tenía curiosidad por ver una habitación situada a la derecha, y en cuyo umbral de la puerta se encontraban los cuerpos de estos animales.

Poco a poco me acerqué a mirar de refilón y pude ver que era un baño, pero un baño cuya bañera estaba sucia de polvo y de lo que parecía ser sangre seca, al mirar a un lado, pude ver el lavamanos en el cual habían una serie de velas ya utilizadas y consumidas del todo, al levantar la vista pude ver el espejo picado y estropeado por el paso del tiempo, pero eso no tenía importancia, lo que me impactó fue el ver en el espejo el número 666 realizado con lo que parecía ser sangre , la cual tenía la misma característica de la encontrada en la bañera.

Fue entonces cuando Javier salió corriendo y Alejandro comenzó a gritarme que nos teníamos que marchar. Habían comenzado a oírse unos ruidos de cadenas que se arrastraban por el suelo de madera y que provenían de la esquina que se encontraba al final del pasillo .

Fue entonces cuando los dos comenzamos a correr, bajando precipitados por la escalera de madera en dirección la cocina. Tras salir de la casa aún seguíamos corriendo hasta lograr salir del jardín y llegar a la calle. Javier estaba ya en la calle y mirando al piso superior de la casa, al verlo, nosotros desviamos la vista también hacia el piso superior y pudimos ver aún aterrorizados cómo se movían las cortinas de la casa, aquello era imposible, no era normal, todas las ventanas estaban cerradas.

Desde ese día, siempre que paso delante de la casa, puedo sentir el escalofrío y la horripilante sensación de que cierta presencia hostil me observa a mí paso.