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23:31h. Viernes, 21 de Septiembre de 2018

Lili Ascanio : "Toda una vida dedicada a recuperar el folclore gomero"

 Por tal motivo, la Corporación insular aprueba por unanimidad reconocer el esfuerzo de esta gomera que adaptó el tradicional Baile del Tambor para su representación en los escenarios y realizó importantes trabajos de investigación sobre el folclore de la Isla

 

El Cabildo de La Gomera acordó por unanimidad promover un reconocimiento a Lidia Ascanio Ascanio. Esta folclorista gomera y natural de Hermigua es una de las personalidades que mayor vinculación ha tenido con el folclore de la Isla, logrando importantes avances dentro de la investigación y la recuperación, principalmente, del Baile del Tambor. 


Lili Ascanio, como es popularmente conocida, fue la encargada de adaptar el baile tradicional a los escenarios para participar en muestras y concursos a nivel insular, regional y nacional. Según el presidente de la Institución, Casimiro Curbelo, se trata de “una de las raíces vivas más hondas e importantes del folclore gomero, que desde los años 50 fue pieza clave para la recuperación de esta seña de identidad”.

Fundadora de Coros y Danzas de Hermigua y Agulo, supo conservar el folklore tradicional gomero. Lilí Ascanio es toda una institución en Hermigua y La Gomera, a cuyo cargo ha corrido la enseñanza de bailes, cantos y toques de cientos de jóvenes que pasaron por esta agrupación folklórica.

Lilí Ascanio Ascanio nació en 1923, el barrio gomero de El Convento. Tuvo cuatro hermanos: Enriquito, Conchita, Isabelita y Laurita. Su padre, don Gregorio Ascanio, fuel alcalde de Hermigua en 1935, durante poco tiempo. A los tres o cuatro años de edad, Lilí y su familia se trasladaron a vivir al barrio de La Cerca, donde vive en la actualidad. A los cinco o seis años de edad empezó a ir a la escuela de doña Mercedes, en El Convento, frente a la iglesia del Valle Alto. En 1939 pasa una temporada en La Villa, donde asiste a un colegio de monjas durante un año. De regreso a Hermigua, le dio clases el maestro palmero don Manuel Durán. Su infancia la recuerda de forma entrañable, jugando con el resto de niños de su barrio en los caminos y en las pocas carreteras del pueblo.

Doña Isabel Fernández, amiga de sus tías, en La Villa, intentó enseñar a Lilí a bailar en 1940, para las fiestas en honor a la Virgen de Guadalupe, pero Lilí no pudo aprender pues una enfermad se lo impidió en aquella ocasión. Unida a la danza desde muy pequeña, aprendió con sus tías el primer paso del tambor en los años cuarenta del siglo pasado. Sus tías doña Carmela, doña Consuelo y doña Erenia veraneaban en Alajeró y allí ellas aprendieron el Baile del Tambor. En 1940, doña Erenia le legó a Lilí el Baile del Santo Domingo y doña Carmela el Pasito Corto de Alajeró. Lilí ya conocía la Isa, la Folía y la Malagueña. Sus tías en San Sebastián le enseñaron un pasito del baile del tambor bailando en un mosaico; a Lilí le costó mucho aprenderlo, según ella misma reconoce.

Lilí, en una entrevista concedida hace años, decía que en 1948 vio gente de la isla de La Palma que iban a bailar y fue cuando realmente sintió por primera vez la necesidad de crear un grupo folklórico, pero en aquel momento se vio un poco impotente de llevar a cabo este difícil proyecto.

Entró en la Sección Femenina de Hermigua y en octubre de 1953, en Santa Cruz de Tenerife, en un curso que hace de instructora conoce a la Regidora Provincial de Cultura, María Dolores Pérez Andreu, quien le pregunta a Lilí si en La Gomera no había una danza que mereciera la pena ser recogida; ella le habla del Baile del Tambor y de un viejecito que vivía en frente de su casa, en el barrio de La Poyata, que se le había muerto su mujer y que por las tardes solía tocar el tambor y cantar romances como para “consolarse”, decía Lilí. A la Regidora le llamó mucho la atención esto y le pide a Lilí que si podía rescatar ese baile.

A finales de 1953 la Regidora Provincial le escribe a Lilí pidiéndole que si podía formar un grupo folklórico para participar en los próximos concursos insulares, provinciales y nacionales.  Doña Maruca Gámez era la delegada local de aquellos años y animó a Lilí a que reuniera a unas niñas para participar en el concurso insular en marzo de 1954. Ahí empezó “toda una aventura”, según Lilí. El grupo comenzó ensayando isas, folías y un pasito del Baile del Tambor; y así, sin instrumentos alguno, tarareando, el grupo participó en San Sebastián, donde consiguen el primer premio.

En Hermigua, más concretamente en el barrio de La Alameda, Dominguito Fernández, hijo de maestra, daba clases en un cuartito y fue allí donde Lilí comenzó a ensayar con el grupo. Las niñas que empezaron con ella eran Teresita Trujillo, Teresita Fragoso, Zeneida, María Ventura, Chanita la de Playa Santiago, etc.

Don Ángel, un cura palmero que estaba en esos momentos en Hermigua, aconsejó a Lilí que ensayara el Baile del Tamborante el próximo concurso provincial, como algo identificativo de la isla de La Gomera. Don Jesús Trujillo Trujillo, dueño de una tienda, quien atesoraba en su libreta muchos romances, estudioso de las costumbres gomeras junto a otro hermigüense, don Salvador Espinosa Ayala, un buen día vio a las chicas ensayando y les preguntó por qué lo hacían. Ellas le dijeron que se estaban preparando para un concurso y que estaban ensayando isas, folías y un pasito del Baile del Tambor. “¡Eso es lo nuestro!”, dijo don Jesús, al referirse a dicho baile.  Le dijo a Lilí que para el concurso lo utilizara, y que si quería utilizar instrumentos de cuerda lo hiciera como algo de relleno. Ellas le preguntaron que dónde podrían aprender el Baile del Tambor; y fue entonces cuando don Jesús le dijo a Lilí la famosa frase Vete a beber agua a la fuente limpia, a la fuente de los romanciaores que habían bebido del Baile del Tambor desde niños. Lilí, extrañada, le preguntó a don Jesús que dónde estaba esa fuente, y él le dijo que en el barrio de El Estanquillo.

Se dirigió entonces a El Estanquillo. Por el camino, una viejita que no pudo aguantar su curiosidad le preguntó a dónde se dirigía. Aquella anciana le dijo que una vez que llegara a El Estanquillo preguntara por Angelillo, es decir, por Ángel Cruz, y por Darío Clemente. No se sabe cómo, quizás mediante la comunicación a través del silbo se lo habían hecho llegar, Angelillo estaba ya esperando a Lilí en El Estanquillo ese mismo día y poco rato después nuestra protagonista consigue hablar con otro de los maestros del Baile del Tambor, Darío Clemente, hombre alto y corpulento, y explicarle el motivo de su visita. Darío y Angelillo, junto a otra señora mayor que la llamaban La Vieja Estrecha, una mujer muy alta y delgada, que era de Alajeró pero vivía en El Estanquillo, bailaba siempre descalza, de unos ochenta años de edad, y que tenía un paso al bailar muy difícil de imitar, enseñarían a Lilí y a sus compañeras el Baile del Tambor.

Todos los domingos de enero a marzo, las ocho jóvenes subían a El Estanquillo a bailar el tambor con Angelillo, Darío Clemente y La Vieja Estrecha en una azotea. Más tarde les tocaría a Angelillo y a Darío bajar a ensayar con linterna en mano por los caminos de Hermigua porque por la noche no existía aún el alumbrado público en aquella época. Ensayaban por aquel entonces en la sede de la O.J.E., en Las Hoyetas (donde se encuentra el actual Museo Etnográfico de Virgilio Brito). Allí bailaban el Pasito de Alajeró, el paso de La Vieja Estrecha, el Santo Domingo, etc. Se reunían por las tardes, e incluso bailaban hasta de noche, utilizando velas porque en aquella época no había luz eléctrica.

Berta Mora, regidora de Cultura de aquellos años, al ver los ensayos del grupo quedó entusiasmada y animó a Lilí a participar en los próximos concursos. En el provincial quedaron empatados con el grupo de La Palma. Más tarde, durante seis veces el grupo participó en los concursos nacionales, en Madrid, y allí bailarían en El Ateneo, en el Hogar Canario, etc.

Angelillo y Darío Clemente -éste último ya en la actualidad fallecido- le enseñaron el Baile del Tambor tal y como ellos sabían, es decir, para la procesión, pero luego Lilí lo adaptó para el escenario, le puso necesariamente algo de coreografía, y de este modo nació lo que se llama el Cambio de Mudanza. Este baile es llamado así por la variación de los pasos de baile y para que el público se dé cuenta de ellos ya que son de lugares diferentes de la isla; otros son comunes a toda La Gomera. El primer paso o mudanza es el Paso Corto de Alajeró, que aprendió Lilí cuando era una niña; cantaba la solista y repetía el coro. A continuación se bailaba el Paso de La Vieja Estrecha, el baile que la anciana de El Estanquillo enseñó a Lilí. Los pies de romances cambian con cada mudanza. Luego viene el Pica Pica, que consistía en bailar con el tacón y luego con la punta del pie, de ahí su nombre; este paso es conocido en casi toda la isla. Después se bailaba el Paso de Angelillo, tocador del grupo, parecido al de La Vieja Estrecha, en este paso la pareja cambia de sitio, se cruza y vuelve a su lugar. Luego viene el Paso de Servando, instrumentista del grupo, lo bailan las parejas de frente y haciendo un movimiento con el pie en el aire. Y por último, la Vuelta de Gran Rey, que lo aprendió Lilí de una niña de Valle Gran Rey; se baila formando una rueda, antiguamente se denominaba el Baile Redondo.

Lilí ya conocía el popular baile llamado Santo Domingo, que por los años cincuenta se bailaba en los salones del pueblo con guitarras, tambores y chácaras. En el Santo Domingo gomero cambia la forma en bailar el tambor, las chácaras ya no se repican tanto. El paso siempre es el mismo, la mujer pone cierta gracia y picardía en sus movimientos, así como las coplillas que se interpretan, en las cuales se hace mención de los barrios más lejanos y de los nombres primitivos. Lilí empezó a elaborar versos relacionados con los barrios de la isla para este singular baile. Así tenemos por ejemplo las siguientes coplillas: Si en Benchijigua sigue tu empeño, yo te aseguro que me despeñoMe hice un viajillo para La Gomera, en busca de alguien que me quisieraVoy para Enchereda a comprar queso, si tú me dejas te doy un beso, etc.

Finalmente tenemos el Baile de Procesión, donde destaca el romance popular. Es la danza con más arraigo y antigüedad. Se utiliza en las fiestas religiosas y en las visitas de personalidades importantes a la isla. En este baile los hombres van invitando a la mujer a danzar, y es donde participa todo el mundo. Es esta la más genuina forma de interpretación; cada uno baila a su aire y solamente al ritmo del tambor y de las chácaras, que alcanzan un sonido único y personal.

En los años cincuenta Lilí, con la ayuda de don José Bencomo y de don Inocencio Rodríguez Guanche, trabajaron para diseñar un traje folklórico que fuera identificativo de la isla de La Gomera. El pintor Reyes Darias diseñó la falda de la mujer. Este proyecto también contó con la ayuda de la historiadora local doña Rosa Chinea. Se dice que antiguamente cuando la mujer trabajaba en el campo utilizaba las enaguas azules, de ahí las faldas de ese color en la vestimenta femenina. Las flores en el traje se pusieron en honor a la flor de la siempreviva, planta muy frecuente en la isla. Tanto el traje de mujer como el de hombre son una mezcla entre el vestido de faena y el vestido de fiesta. A partir de aquel momento los telares de costura de la isla empezaron a elaborar los trajes de los bailadores y tocadores de nuestro folklore gomero.

Coros y Danzas. Coros y Danzas de Hermigua y Agulo fue una formación musical que supo conservar el folklore tradicional de nuestra isla a lo largo de  los años. En  sus comienzos, el grupo contaba con diez componentes, y a comienzos de este presente siglo sobrepasaba los cuarenta. Lilí Ascanio es toda una institución en Hermigua y La Gomera, a cuyo cargo ha corrido la enseñanza tanto de bailes como cantos y toques a los cientos de jóvenes que pasaron por esta agrupación folklórica.

En el grupo folklórico existía siempre un ambiente familiar. Para convocar a los diferentes integrantes se daban los recados a los vecinos, y como posteriormente se construyeron las carreteras, se enviaba un coche a Los Aceviños y a La Palmita para traer a los tocadores del grupo de los barrios altos. De Los Aceviños por ejemplo eran José Medina, Avelino; de La Palmita, Servando y muchos otros, de El Cedro, Prudencio, etc.

Lilí siempre tuvo mucho mano izquierda para dirigir Coros y Danzas durante tanto tiempo, algo que ella adquirió, según ella, cuando perteneció a la Sección Femenina. Había mucha disciplina y todo esto se notaba en la gran elegancia que tenían los componentes al bailar y al tocar; se cuidaban mucho los detalles al vestir y al actuar. El grupo comenzó con altas y bajas, había temporada con más gente, temporadas con menos integrantes, chicas que se casaban y abandonaban el grupo, otros que se iban a estudiar a Tenerife, etc. No fue una tarea sencilla dirigir Coros y Danzas de Hermigua y Agulo para ella,  pues según Lilí Dios le había marcado con una cruz y una estrella porque tuvo que sufrir  tremendamente; pero, en definitiva, había pasado momentos muy grandes de alegría, también de tristeza por los que se habían marchado de la agrupación folklórica. Lilí recordaba con mucha tristeza a algunos tocadores mayores, uno de ellos moriría casi bailando del sentimiento tan arraigado que tenía, después de haber sufrido un ataque al corazón.

Entre la larga lista de integrantes que estuvieron en Coros y Danzas debemos citar a algunos de ellos como la familia Cruz Clemente con Angelillo al frente, Darío Clemente Aguiar, Ramón Martín, la familia Correa, los Escuela, tres generaciones de los Martín Correa, los hermanos Méndez Melián, la familia Bayoll, Julio Hernández Santos, María Ventura, Teresita Trujillo, Rubén Pérez, Pedro Manuel Trujillo Ascanio y señora, Emilio Alfonso Trujillo, Domingo José Mendoza, Javier Hernández, José Manuel Mendoza, los Martínez, Servando Herrera, los Torres, los hermanos Méndez Melián, Jonathan Santos, Federico Plasencia y sus hijos, y tantos, y tantos otros, que por falta de espacio no podemos nombrar.

Lilí no sólo se consagró de por lleno a nuestro folklore sino que también  se dedicó a recopilar y a apuntar en una libretita palabras de nuestra habla gomera, puesto que al convivir con tantas personas mayores se le iban “pegando” su forma de hablar. No podemos obviar la destacada labor social desarrollada por Lilí Ascanio como delegada de la Sección Femenina, ya que organizaba cátedras de este colectivo desplazándose grupos de voluntarios por los diferentes barrios de toda la isla con el fin de enseñar y educar a las mujeres; también atendía a las familias necesitadas y hacían el reparto de leche y queso por las escuelas, allá por los años sesenta.

Es tal amor que Lilí siente por su Gomera que, según una anécdota que ella misma contó una vez, un gobernador que estaba en Tenerife llamado don Pablo Abril, que la apreciaba mucho, quería hacerle un homenaje en Santa Cruz  pero ella le respondió que no, que si quería hacérselo que fuese en La Gomera, su isla querida.

Sus trabajos de investigación, recuperación y coreografía consolidan a Lilí como una de las raíces vivas más hondas e importantes del folklore gomero, para el que ha conseguido importantes galardones. Como muestra, en  1963 Coros y Danzas consiguió el Segundo Premio Nacional de Folclore en la modalidad de Danza Antigua. A partir de entonces fue incrementándose el número de chicos y de chicas en la agrupación folklórica. Fue hacia 1963 y 1964 cuando se permitió bailar conjuntamente a hombres y mujeres en el Baile del Tambor. Sus méritos personales propician que en 1971 sea condecorada con la Medalla al Mérito Turístico que le impuso por aquel entonces el ministro de Información y de Turismo, don Manuel Fraga Iribarne, por su labor por mantener vivo el folklore de la isla.

A Lilí le gusta decir que ella tendió los brazos a barrios tan alejados como Los Aceviños, Meriga, Cerpa, Las Rosas y otros caseríos alejados de Hermigua. Muchos de los antiguos integrantes de Coros y Danzas provenían de estos barrios.

A comienzos de los años ochenta Coros y Danzas recibe el nombre compuesto pasándose a llamar Coros y Danzas de Hermigua y Agulo. Por aquel entonces se celebraba un festival en Maspalomas (Gran Canaria) en honor a San Fernando, patrón de esa localidad, cuando una componente de Agulo le sugirió a Lilí la conveniencia de que la agrupación llevara también el nombre de Agulo, por el gran número de integrantes de aquel municipio que habían pasado ya por el grupo folklórico.

En 1984 Coros y Danzas de Hermigua y Agulo participa en Huelva con motivo del hermanamiento en Palos de Frontera, y posteriormente la agrupación asistirá en Sevilla a la Expo de 1992, así como más tarde actuará en Badajoz y en Portugal.

Coros y Danzas fue un auténtico embajador de nuestro folklore gomero, ya que esta agrupación fue grabada en varias ocasiones para diversos programas de televisión, como por ejemplo Tenderete de Televisión Española y otros programas como El Pueblo CantaSenderos IsleñosAtlante y Raíces en Canal 7. Además de los canales televisivos locales y nacionales, Coros y Danzas participó en televisiones extranjeras de Italia, Austria, Japón, etc. Hasta en la famosa película Guarapo de Teodoro y Santiago Ríos, rodada en La Gomera en el año 1988, pudimos ver a algunos de los componentes de la agrupación.

En 1998 Coros y Danzas de Hermigua y Agulo grabó su primer CD, con la participación especial de Benito Cabrera, quien llevó a cabo la producción musical y fue grabado en Multitrack. El disco fue presentado en Los Telares de Doña Maruca Gámez -gran amiga de Lilí-. Esta grabación discográfica salió a la luz en septiembre de ese mismo año y supuso la garantía de conservar el patrimonio musical de La Gomera, en las voces e instrumentos de un colectivo de personas que habían vivido el folklore musical como un hecho cotidiano. La grabación de este disco fue de una importancia enorme puesto que el folklore gomero había sido registrado en grabaciones en muy pocas ocasiones, y quedaba por grabarse en formatos y condiciones de sonido idóneos. En este trabajo quedaron registrados los Bailes de Tambor, diversos romances interpretados por personas mayores, Silbo Gomero, los Años Nuevos, Mazurca, Santo Domingo, etc. La grabación fue llevada a cabo bajo la producción del Socaem y del Centro de la Cultura Popular Canaria.

En este disco, de folklore puro, en la mazurca podemos encontrar algunos cantos sacados por la misma Lilí, además en la jota gomera se encuentra un canto que ella aprendió en Vallehermoso, con el estribillo de las castañas tostadas. Una cosa que tenía clara Lilí al grabar el disco era el respeto por la esencia pura del baile del tambor, es decir, la renuncia a hacer innovaciones. Para grabar el disco sólo se utilizaron  tambores, chácaras, el romance y la contesta, tal y como ella lo había aprendido de jovencita.

En julio de 2002, Lilí Ascanio recibe el Premio Insular de Turismo en su primera edición por parte del Cabildo Insular de La Gomera, quien la reconoce como una auténtica embajadora de las tradiciones de la Isla Colombina desde hacía medio siglo y como una de las raíces vivas y más hondas de nuestro folklore. Ella misma afirmaba con humildad tras recibir este premio que era un gesto que quería compartir con toda la agrupación folklórica, pues sin ellos -decía Lilí- nada hubiera podido hacer en su vida entregada al folklore gomero.

El 9 de julio de 2003 El Orfeón La Paz de La Laguna (Tenerife) le rindió también un merecido homenaje, recibiendo Lilí Ascanio el premio a la Mujer Canaria.

En septiembre de 2004, con motivo de las fiestas de Las Mercedes, patrona del municipio vecino de Agulo, Lilí Ascanio y Coros de Danzas reciben por parte del ayuntamiento de esa localidad un homenaje por los cincuenta años que por aquel entonces cumplía la agrupación folklórica. Sin duda alguna, Coros y Danzas de Hermigua y Agulo fue uno de los colectivos folklóricos con más raigambre y de más antigüedad de toda Canarias.

En los últimos años numerosas agrupaciones folklóricas gomeras y del resto de las Islas le han rendido homenaje.

En conclusión: El gran logro de Lilí Ascanio fue dignificar el Baile de Tambor dándolo a conocer al resto del mundo.