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17:55h. Sábado, 15 de Diciembre de 2018

Lili: "La llama que mantuvo vivo el fuego sagrado de la danza”

Quiere que siempre se la recuerde bailando y tocando las chácaras como hizo toda su vida. 

Lilí Ascanio Ascanio nació en 1923, en el barrio de El Convento (Hermigua). Su padre, don Gregorio Ascanio, fue alcalde de Hermigua en 1935 durante poco tiempo. A los tres o cuatro años de edad, Lilí y su familia se trasladaron a vivir al barrio de La Cerca, donde vive en la actualidad. Unida a la danza desde muy pequeña, aprendió con sus tías el primer paso del tambor en los años cuarenta del siglo pasado.

Lilí entró en La Sección Femenina de Hermigua y en octubre de 1953, en Santa Cruz de Tenerife, en un curso que hace de instructora, conoce a la Regidora Provincial de Cultura, María Dolores Pérez Andreu quien le pregunta a Lilí si en La Gomera no había una danza que mereciera la pena ser recogida; ella le habla del Baile del Tambor y de un viejecito que vivía en frente de su casa, en el barrio de La Poyata, que se le había muerto su mujer y que por las tardes solía tocar el tambor y cantar romances como para “consolarse”, decía Lilí. A la Regidora le llamó mucho la atención esto y le pide a Lilí que si podía rescatar ese baile.

A finales de 1953 la Regidora Provincial le escribe a Lilí pidiéndole que si podía formar un grupo folklórico para participar en los próximos concursos insulares, provinciales y nacionales.  Doña Maruca Gámez, era la delegada local de aquellos años y animó a Lilí a que reuniera a unas niñas para participar en el concurso insular en marzo de 1954. El grupo comenzó ensayando isas, folías y un pasito del baile del tambor; y así sin instrumentos alguno, tarareando, el grupo participó en San Sebastián donde consiguen el primer premio.

Don Jesús Trujillo Trujillo, dueño de una tienda, quien atesoraba en su libreta muchos romances, estudioso de las costumbres gomeras junto a otro hermigüense, don Salvador Espinosa Ayala, un buen día vio a las chicas ensayando y les preguntó por qué lo hacían. Ellas le dijeron que se estaban preparando para un concurso y que estaban ensayando isas, folías, y un pasito del baile del tambor, “¡Eso es lo nuestro!” dijo don Jesús, al referirse al baile del tambor. Don Jesús Trujillo le dijo a Lilí que para el concurso utilizara el Baile del Tambor y que si quería utilizar instrumentos de cuerda lo hiciera como algo de relleno. Ellas le preguntaron que dónde podrían aprender el Baile del Tambor; fue entonces cuando don Jesús Trujillo le dijo a Lilí la famosa frase: “Vete a beber agua a la fuente limpia”, a la “fuente” de los “romanciaores” que habían “bebido” del Baile del Tambor desde niños. Lilí, extrañada, le preguntó a don Jesús que dónde estaba esa fuente, y él le dijo que en el barrio de El Estanquillo.

Lilí se dirigió entonces a El Estanquillo. Por el camino, una viejita que no pudo aguantar su curiosidad le preguntó a dónde se dirigía. Aquella anciana le dijo que una vez que llegara a El Estanquillo preguntara por Angelillo, es decir, por Ángel Cruz, y por Darío Clemente. No se sabe cómo, quizás mediante el silbo, Angelillo, estaba ya esperando a Lilí en El Estanquillo ese mismo día y poco rato después nuestra protagonista consigue hablar con otro de los maestros del baile del tambor, Darío Clemente, y explicarle el motivo de su visita. Darío y Angelillo, junto a otra señora mayor que la llamaban “La Vieja Estrecha”, una mujer muy alta y delgada, que era de Alajeró, pero vivía en El Estanquillo, bailaba siempre descalza, de unos ochenta años de edad, y que tenía un paso al bailar muy difícil de imitar, enseñarían a Lilí y a sus compañeras el “Baile del Tambor”.

En los años cincuenta, Lilí con la ayuda de Don José Bencomo y de Don Inocencio Rodríguez Guanche, trabajaron para diseñar un traje folklórico que fuera identificativo de la isla de La Gomera. El pintor Reyes Darias diseñó la falda de la mujer. Este proyecto también contó con la ayuda de la historiadora local Doña Rosa Chinea. Se dice que antiguamente cuando la mujer trabajaba en el campo utilizaba las enaguas azules, de ahí las faldas de ese color en la vestimenta femenina. Las flores en el traje se pusieron en honor a la flor de la siempreviva, planta muy frecuente en la isla. Tanto el traje de mujer como el de hombre son una mezcla entre el vestido de faena y el vestido de fiesta. A partir de aquel momento los telares de costura de la isla empezaron a elaborar los trajes de los bailadores y tocadores.

“Coros y Danzas de Hermigua y Agulo” fue una formación musical que supo conservar el folklore tradicional de nuestra isla a lo largo de los años. En sus comienzos, el grupo contaba con diez componentes, a comienzos de este presente siglo sobrepasaba los cuarenta. Lilí Ascanio es toda una institución en Hermigua y La Gomera, a cuyo cargo ha corrido la enseñanza tanto de bailes como cantos y toques a los cientos de jóvenes que pasaron por esta agrupación folklórica.

Sus trabajos de investigación, recuperación y coreografía consolidan a Lilí como una de las raíces vivas más hondas e importantes del folklore gomero, para el que ha conseguido importantes galardones. Como muestra, en 1963, “Coros y Danzas” consiguió el Segundo Premio Nacional de Folclore en la modalidad de “Danza Antigua”. A partir de entonces fue incrementándose el número de chicos y de chicas en la agrupación folklórica.

Sus méritos personales propician que en 1971 sea condecorada con la Medalla de Oro al Mérito Turístico que le impuso por aquel entonces el ministro de Información y de Turismo,

En 1998 “Coros y Danzas de Hermigua y Agulo” grabó su primer CD, con la participación especial de Benito Cabrera quien llevó a cabo la producción musical y fue grabado en Multitrack. El disco fue presentado en Los Telares de Doña Maruca Gámez –gran amiga de Lilí-. Esta grabación discográfica salió a la luz en septiembre de ese mismo año y supuso la garantía de conservar el patrimonio musical de La Gomera, en las voces e instrumentos de un colectivo de personas que habían vivido el folklore musical como un hecho cotidiano. La grabación de este disco fue de una importancia enorme puesto que el folklore gomero había sido registrado en grabaciones en muy pocas ocasiones, y quedaba por grabarse en formatos y condiciones de sonido idóneos. En este trabajo quedaron registrados los Bailes de Tambor, diversos romances interpretados por personas mayores, Silbo Gomero, los Años Nuevos, Mazurca, Santo Domingo, etc. La grabación fue llevada a cabo bajo la producción del Socaem y del Centro de la Cultura Popular Canaria.

En julio de 2002, Lilí Ascanio recibe el Premio Insular de Turismo en su primera edición por parte del Cabildo Insular de La Gomera, quien la reconoce como una auténtica embajadora de las tradiciones de la isla colombina desde hacía medio siglo y como una de las raíces vivas y más honda de nuestro folklore. Ella misma afirmaba con humildad tras recibir este premio que era un gesto que quería compartir con toda la agrupación folklórica, pues sin ellos –decía Lilí- nada hubiera podido hacer en su vida entregada al folklore gomero.

El 9 de julio de 2003 “El Orfeón La Paz”, de La Laguna, le rindió también un merecido homenaje, recibiendo Lilí Ascanio el premio a la Mujer Canaria.

En septiembre de 2004, con motivo de las fiestas de Las Mercedes, patrona del municipio vecino de Agulo, Lilí Ascanio y “Coros de Danzas” reciben por parte del ayuntamiento de esa localidad un homenaje por los cincuenta años que por aquel entonces cumplía la agrupación folklórica. Sin duda alguna, “Coros y Danzas de Hermigua y Agulo”, fue uno de los colectivos folklóricos con más raigambre y de más antigüedad de toda Canarias.

El 26 de noviembre de 2011, el Ayuntamiento de Hermigua nombra a Lilí Ascanio Ascanio “Hija Predilecta del Municipio” es un símbolo de gratitud al arduo y extenso trabajo de investigación y de divulgación que ha hecho esta mujer de nuestro folklore gomero, asimismo se le reconoce su destacada en el ámbito de nuestra cultura como ha quedado plasmado en los diferentes actos de reconocimiento a su labor que hemos ido nombrando en esta biografía. Ha sido una auténtica embajadora de las tradiciones de La Gomera desde hace más de medio siglo. Sin lugar a dudas, Lilí representa el valor de una mujer que fue capaz de superarse a sí misma y de luchar contra las limitaciones en unos tiempos que no eran sencillos para una mujer salir adelante. Según ella misma comentó una vez, cuando ella ya no esté entre nosotros, Dios quiera que sea muy tarde, quiere que siempre se la recuerde bailando y tocando las chácaras como hizo toda su vida. Porque, Lilí…

“Ha sido la llama que mantuvo vivo el fuego sagrado de la danza”


Ricardo J. Valeriano Rodríguez