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09:41h. Lunes, 09 de diciembre de 2019

Valle Gran Rey: El Turismo que vino del Mar

La mayor parte de los apartamentos que existe hoy en Valle Gran Rey se construyeron gracias al esfuerzo de los pescadores. La oferta turística de esta parte de la Isla le debe mucho a la captura de atún en los caladeros de África, donde durante meses trabajaron los hombres del mar de La Gomera

valle gran rey
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A día de hoy el principal núcleo turístico de la Isla  dispone de algo más de 1.000 establecimientos extrahoteleros dedicados a recibir turistas

La consolidada oferta turística de Valle Gran Rey tiene su origen en la actividad de los pescadores. Fueron estos hombres quienes con su esfuerzo consiguieron reunir el dinero suficiente para construir luego apartamentos que con el tiempo se han convertido en su principal fuente de ingresos para vivir con desahogo. Lo que a la larga ha supuesto una doble suerte y visión de futuro, especialmente cuando se da la circunstancia de que la actividad pesquera ha ido en franco retroceso a lo largo de los últimos años.

El presidente del Cabildo de La Gomera, Casimiro Curbelo Curbelo, indica que efectivamente en la actualidad Valle Gran Rey cuenta con una economía enfocada al turismo en la que participan en su inmensa mayoría las familias que se dedican o han dedicado a la pesca. No obstante, también recuerda que el dinero obtenido por los inmigrantes ha ayudado a convertir a este núcleo turístico en lo que es actualmente. Curbelo considera que esta circunstancia resulta “muy afortunada” en cuanto que la actividad pesquera ha ido decreciendo, pese a que aún en Valle Gran Rey y en Playa de Santiago se mantiene un grupo importante de personas dedicadas a estas labores. 

“Hablamos de una actividad como la pesca que aún genera riqueza y economía, al menos, de una forma razonable. Pero está claro que es necesaria la cooperación de las instituciones públicas”, dice. En este sentido, Curbelo recuerda que el Cabildo cada año otorga unas ayudas que consisten en el pago de las cuotas de la seguridad social y adquisición de embarcaciones, artes de pesca y demás materiales. “Hacemos lo que podemos y lo que está en nuestra mano. Intentamos alcanzar una cooperación razonable, junto con instituciones como el Ayuntamiento de Valle Gran Rey”. 

Pero cada vez está más claro que la economía de esta parte de la Isla y de La Gomera en general se va orientando hacia el turismo. En este escenario la modernización del transporte se convierte en una pieza clave y ahí está la apuesta por retomar la línea marítima interior que unirá Valle Gran Rey con Playa de Santiago y San Sebastián e incluso Los Cristianos o el acondicionamiento del puerto de Vueltas, con la construcción del edificio terminal, para que pueda acoger a grandes cruceros.

La secretaria de la Cofradía de Pescadores de Valle Gran Rey, Fátima Mesa, confirma que la mayor parte de los apartamentos que hoy se pueden encontrar en enclaves como Vueltas, Borbalán o La Playa, fueron construidos por pescadores. Pero especialmente por aquellos que durante años trabajaron en los caladeros de África. “Muchos de ellos se iban durante tres meses y cuando llegaban habían reunido una pequeña fortuna”, dice. Pues bien, con ese dinero se consiguió ir construyendo ladrillo a ladrillo la oferta de Valle Gran Rey, aún en progresivo crecimiento. El atún que venía de África sirvió para levantar el imperio turístico a escala que hoy se asentado en este rincón de La Gomera.

Los agricultores también hicieron su parte, pero en la costa, la mayor parte de los establecimientos pertenecen a antiguos pescadores. Los actuales lo tienen más complicado porque hoy por hoy es casi imposible sobrevivir con esta profesión y mucho menos hacer inversiones. Mesa recuerda que su padre está entre ese grupo de hombres del mar que reunieron el dinero suficiente para construir apartamentos que luego alquilan a los turistas que durante casi todo el año disfrutan de esta parte inigualable de la Isla.

Muchos de los establecimientos son de autoconstrucción y se levantan sobre terrenos que ya eran propiedad de sus familias. El resultado es que resulta raro el pescador que no cuente con uno o dos de estos apartamentos de su propiedad. Pero la secretaria de la Cofradía también considera que los restaurantes y bares que ofrecen pescado fresco tienen el mismo mérito o más que los propietarios de viviendas. 

“La posibilidad de que los turistas disfruten de estos productos, sin duda es un aliciente para que decidan pasar su vacaciones en Valle Gran Rey. Les encanta tanto eso como quedarse en un apartamento al lado del mar o el buen tiempo”, dice. De esta manera los bares funcionan porque venden pescado fresco que a su vez sirve para atraer a los turistas que disfrutan de estos manjares al lado del mar en un paraje inolvidable y un clima privilegiado. En el caso de La Playa, por ejemplo, pueden participar en el espectáculo inigualable de las puestas del sol al ritmo de los tambores que tocan los hippies que han hecho de este rincón del mundo uno de sus últimos santuarios.

En la actualidad la actividad pesquera ya no da más de sí. Antes era habitual poder capturar hasta cuatrocientos kilos de pescado blanco, pero hoy por hoy el que consigue cien puede considerarse un afortunado. Ha tenido su día de suerte. “Gracias a Dios mi padre pudo invertir en apartamentos y así puede vivir con tranquilidad. No hay ninguna duda de que en la actualidad se consigue más del turismo que de la pesca. Eso está clarísimo”, indica.

Entre este grupo de hombres que cimentaron el desarrollo turístico de La Gomera gracias a la labor que desempeñaban en el mar está por ejemplo, Manuel Cabellos más conocido como el canario. En la actualidad, sobrepasados los ochenta años, es propietario de dos apartamentos y disfruta de una tranquila y bien ganada jubilación.

Ambos los construyó con sus propias manos y una pequeña ayuda y gracias al trabajo que desempeñó en el mar con la pesca. Los establecimientos están situados en la calle Borbalán, uno de los epicentros de la actividad turística de Valle Gran Rey. Indica que la mayor parte del año los tiene alquilados y casi siempre a las mismas personas llegadas desde puntos como Alemania que de forma incansable repiten sus vacaciones en la Isla.

El canario comenzó a pescar con quince años en unos tiempos que eran mucho más duros que los actuales. En aquel entonces, por ejemplo, tenían que ir y volver a San Sebastián a remo porque era imposible comprar embarcaciones de motor. “Teníamos que hacer el recorrido por la noche. Pero gracias a todo eso pude ahorrar un poco de dinero y construir dos casitas. En aquel entonces pensé que si no servían para el turismo por lo menos se las podía dejar a mis hijos”. Cabellos era propietario de una vivienda sobre la que hizo estos dos apartamentos que se han convertido en gran parte de su sustento. Eran otros tiempos y los materiales y el trabajo de los obreros resultaba más barato que en la actualidad. 

El grueso de los 1.048 apartamentos que existen a día de hoy censados en la costa de Valle Gran Rey se construyeron a partir de los años ochenta que es cuando comenzó el desarrollo turístico de esta parte de la Isla, tal y como hoy lo conocemos. Con anterioridad, Vueltas, La Punta y La Playa o Playa del Inglés albergaba un turismo más relacionado con los hippies y con lo alternativo. Pero fue a partir de ese momento cuando empezaron a llegar visitantes de mayor poder adquisitivo. El turismo se situó entonces en su casilla de salida. Este hombre no se queja pero sí cree que existe un cierto nivel de ilegalidad entre propietarios que no declaran sus apartamentos. Lo que significa una injusticia para quienes, como él, cumplen con todos los trámites habidos y por haber y pagan religiosamente los impuestos.

Historia del turismo

La historia real de la llegada de turistas a Valle Gran Rey comenzó a finales de los años 60 del pasado siglo, cuando se empezó a notar el influjo de este fenómeno. Los primeros  visitantes llegaron de Estados Unidos, pero luego sobre todo del centro de Europa, especialmente de Alemania, muchos viajeros descubrieron en Valle Gran Rey un lugar en el que pasar temporadas rodeados de la tranquilidad y la belleza del Valle. Eran personas que podían ser calificadas como hippies, muchos de los cuales no querían alistarse para participar en guerra de Vietnam. Otros huían de lugares masificados y una forma de vida que rechazaban. En Valle Gran Rey encontraron lo que buscaban. Un lugar apartado del mundo, de una belleza indescriptible y donde podían sentirse libres y reconocerse como personas. No simples números o piezas de un engranaje que despreciaban.

En las décadas siguientes la localidad se fue constituyendo poco a poco en el principal núcleo turístico de La Gomera, y actualmente Valle Gran Rey se ha convertido en un destino consolidado para quienes buscan la conjunción de buen clima, extraordinarios paisajes, la posibilidad de realizar actividades en la naturaleza, y una oferta alojativa y gastronómica de calidad. Todo ello debido a la progresiva llegada de visitantes con mayor poder adquisitivo. A principios de los setenta se da un significativo salto con el establecimiento de una línea de ferries desde Los Cristianos. Las bases ya habían sido sentadas. 

Pero con la llegada del siglo XXI, el desarrollo turístico se ha ido acrecentando hasta el momento actual, el mejor que ha vivido esta industria. Los últimos años han visto la proliferación de las casas y hoteles rurales, de manera que el norte se ha podido también subir a la ola de este próspero negocio. Ahora el reto es, por un lado, retomar la línea marítima interior que une Valle Gran Rey con Playa de Santiago y San Sebastián, y por otro acondicionar el puerto de Vueltas para que puedan atracar los grandes cruceros. Si esto ocurre entonces el despegue económico y turístico de esta parte de la Isla se augura imparable.

El turista que llega a La Gomera busca un contacto directo con la naturaleza. Le gusta caminar, disfrutar de las escarpadas playas o simplemente estar en la Isla, sin pedir mucho más. Los reconocimientos internacionales obtenidos como son Reserva de la Biosfera, la Carta de Turismo Sostenible o los títulos de la Unesco al Garajonay y al Silbo, funcionan como eficaz reclamo, por un lado, y como una especie de declaración de intenciones por otro. Los turistas saben que llegan a un destino en el que prima el cuidado al paisaje y a las tradiciones. 

En el desarrollo turístico de Valle Gran Rey ocupa un lugar destacado doña María, creadora del establecimiento que lleva su nombre situado en la costa de este municipio. Éste fue uno de los lugares en los que primero recalaron los turistas y hippies a finales de los años sesenta. En la actualidad las parrandas canarias y las batucadas que tienen lugar a la puesta del sol se ha convertido en todo un clásico y uno de los principales recuerdos inolvidables que los turistas se llevan a sus casas tras las las vacaciones.