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El sueño de una madre

De Mujer a Mujer . Por Geli Menéndez Muñiz | Nunca se debe perder la amistad con amig@s de nobles sentimientos y gran corazón. ¡¡Son tesoros!!

Gomera Actualidad | 31 de marzo de 2019

Desde su cama de hospital, a través de los cristales de la ventana, Katia vio que el día no había amanecido como a ella le gusta…

Desde su cama de hospital, a través de los cristales de la ventana, Katia vio que el día no había amanecido como a ella le gusta…cielo despejado y con sol. Hoy el tiempo estaba triste, nublado y cayendo agua menuda, esa agua que parece que no, pero cuando te das cuenta, estas empapada hasta los huesos. Un tiempo como su estado de ánimo… decaído y triste. 

Al entrar la enfermera para tomarle la presión…Katia salió de su letargo cuando ella le pregunto… ¿Qué tal, has pasado buena noche?- Sí, gracias, lo que ocurre es, que hoy el día no acompaña, pero bueno es como todo, hay días buenos, malos y regulares.

Silvia la enfermera, llevaba muchos años en el hospital, conocía perfectamente el ánimo de los pacientes y sabía perfectamente cuando estaban de bajón. Por Katia sentía una mezcla de admiración y respeto; era una paciente ejemplar, siempre con la sonrisa en la boca, a pesar que la vida no había sido muy generosa con ella, Katia nunca se quejaba, siempre decía, hay que tomar las cosas como vienen y no sirve de nada enfadarse ni amargarse, siempre hay que mirar para las personas que lo pasan peor. 

Silvia sabía que Katia tenía una razón muy poderosa por la que luchar, y por la cual siempre estaba en actitud positiva y alegre, esa razón tenía nombre propio, Robert el hijo de Katia. 

Robert, a pesar de ser ya un muchacho de 30 años, al tener una diversidad funcional no aparenta para nada la edad cronológica, parece más niño, es dulce, cariñoso y alegre. Katia junto a su marido, viven por y para él, Robert es su universo y el centro de sus vidas Katia esperaba con impaciencia la visita de su hijo, a Robert no le gustaban los hospitales, lo asociaba a estar alejado de su madre y eso le descolocaba, ya no estaban las cosas como siempre, mamá no le podía acompañar a sus actividades, y al no estar por la noche ya no le contaba historias, ni le cantaba canciones, ni jugaban a las adivinanzas, ni hacían rimas ni se podía reír con ella, él siempre le decía que tenía mucho sentido del humor. 

Robert no está solo, esta con su padre pero no es igual, su padre le quiere, le cuida, le lleva a todos los eventos que le gustan pero….Falta mamá a la que le cuenta todo, aunque algunas veces le diga alguna mentira, y después se parta de risa cuando ella lo descubre, pero es que él y mamá se entienden a las mil maravillas. Cuando Robert llega a visitarla, a Katia se le ilumina la cara, se enternece al ver a su hijo, que ya es todo un hombre, cuando le comienza a contar las cosas que hizo durante el día, en los talleres, con sus compañeros, cuando salieron a tomar el café pero sobre todo le habla de Yolanda, su novia. 

Se conocieron en el centro donde acuden ambos, Robert como usuario del centro y Yolanda como educadora en el mismo. Ambos se complementan, Robert tiene una diversidad funcional, llamémosla psíquica y Yolanda la tiene física, por eso se complementan tan bien. Robert le aporta cariño, alegría, ternura y Yolanda le aporta seguridad, amparo, es la persona en la que puede confiar, y la que le consuela cuando le ve alicaído. 

En resumen, las carencias de él ella las suple y le ayuda a desenvolverse en la vida. Robert a cambio le da frescura, alegría y mucho cariño. Robert le pregunta a su madre, -¿mamá cuando vas a ir para casa?- No me gusta que estés en el hospital Katia acaricia a su hijo y le dice, pronto cariño, no te preocupes, estas con papá y mientras yo esté aquí papá te va a cuidar. 

Robert le dice, ya mamá pero yo quiero que vayas para casa para hacerme la comida y para que estés, conmigo, Katia le dice, pero serás pillín, ¿quieres que vaya para casa solo para hacerte la comida? -Si mamá y para que hablemos y nos riamos juntos.

Katia se queda mirando a su hijo, maravillándose y pensando que es el ser más puro e inocente que hay. 
Cuando Katia llega a casa del hospital Robert la está esperando con la alegría reflejada en sus ojos y enseguida la lleva a su cuarto para decirle, ¿mamá sabes lo que estoy pensando? Dime ¿qué piensas? pues que me quiero casar con Yolanda, eso sí, nos quedamos aquí a vivir con papá y contigo. ¿Y eso? - Hombre porque tu cocinas muy bien Katia no puede evitar reírse y pensar…. ¡Ante toda la supervivencia!

Después de dejar a Robert con una de sus aficiones preferidas, la música, Katia y su marido Orlando se sientan para hablar y rememorar los tiempos en que Robert llego a sus vidas Era un bebé deseado y como tal tenían mucha ilusión de tenerlo en casa, al principio todo fue bien pero con el transcurso del tiempo se dieron cuenta que se tendrían que enfrentar a muchas vicisitudes, salvar muchos obstáculos y darse cuenta que la sociedad margina y emplea una condescendencia que para nada les gusta. 

Cuando llegó la hora de escolarizarlo todo fueron problemas e inconvenientes, llegando al punto de que se le llevaba al colegio y no pasaba ni una hora, cuando el conserje del colegio acatando las órdenes dadas desde dirección lo traía de vuelta para casa; con mil excusas peregrinas te despachaban cuando ibas a preguntar el porqué de su proceder. 

Te decía no es nada personal, es que entretiene a los demás alumnos, pensamos que debería de ir a otro colegio etc. La segunda vez que lo trajeron a casa ellos decidieron ir al ministerio de educación a exponer el tema y a decir que dónde estaba la integración de la que tanto hablaban. La solución que dieron era crear un aula de apoyo en la que Robert estuviera una hora y después pasara a la clase normal.

Katia se cansó de llevarlo a una hora al colegio, y al día siguiente cambiaban el horario y problemas uno tras otro, lo que querían era que Katia tirara la toalla y se rindiera ante la primera de cambio….¡¡Que poco la conocían!! Ella ante las adversidades se crecía más y por su hijo como si tenía que andar todo el día en la calle. 

Los padres de Robert lucharon lo habido y por haber para que dentro de las limitaciones (no de Robert) si no las que la sociedad les pretendía poner, no lo consiguieran al menos fácilmente y así Robert comenzó su integración parcial. Iba al colegio, a la piscina, a karate, a manualidades, a música y teatro, a atletismo, no quedo nada a lo que sus padres no lo apuntaran. 

Con el tiempo fue a Special Olympics y al menos participo en los eventos según sus posibilidades. Lo importante es participar y tanto papá como yo valoramos mucho el esfuerzo que haces, le decía siempre Katia a su hijo. En todas las actividades mencionadas también hubo de todo, alegrías, compañerismo pero también Katia se dio cuenta que siempre había alguien que se extrañaba de que Robert participara en según qué eventos, en una ocasión una madre le dijo a Katia…Ah!! Robert también viene….por supuesto igual que tu hijo le contesto Katia. 

Qué triste es que entre los mismos padres haya ese atisbo de marginación, pensaba Katia en voz alta para quien la quisiera escuchar. Cuando Robert quiso hacer la primera comunión también se lo pusieron difícil, pero afortunadamente como en todas las cosas, siempre hay excepciones y para él fue un día muy feliz y emocionante, gracias a un sacerdote de verdad, de los que predican con el ejemplo, Robert pudo hacer su sueño realidad… 

El día amaneció precioso, Katia pensó que era un buen augurio y que todo iba a salir perfecto, era día de alegría y celebración Robert se casaba con Yolanda y era todo un manojo de nervios, como cualquier novio el día de su boda. -Mamá se nos va hacer tarde y Yolanda ya nos estará esperando. Robert nos contagiaba a todos de su entusiasmo y era todo un puzle donde se mezclaba la ilusión, la alegría, las ganas de ver a su Yolanda del alma…. 

La iglesia lucia espléndida con sus detalles florales, hasta el sacerdote estaba impaciente por ver entrar a los novios, él los conocía y como sabia de la pasión de Robert por la música, se encargó personalmente que un coro cantara en la celebración para que ese día fuera especial e imborrable. 

Robert estaba hecho todo un modelo, al tener buena planta el traje le quedaba como un guante, estaba guapísimo, no paraba de hablar con los invitados y en un momento dado se nos acercó a su padre y a mí y nos dijo….Sabéis quien me gustaría que estuvieran aquí hoy? Mis abuelos, sé que no puede ser, ellos están en el cielo, pero desde allí sé que me están viendo, y seguro que están diciendo que guapo esta Robert. - Por supuesto cariño que así es, ellos siempre están a tu lado, como cuando vivían.

Katia recordaba que los abuelos de Robert siempre estuvieron pendientes de él y el abuelo era el que más le hacía reír, siempre iban juntos de paseo y a tomar unos vinos, como decía Robert….Yo tome un refresco y el abuelo un vino. Por parte paterna Robert no había conocido al abuelo, este había fallecido muchos años antes de que él naciera. La abuela sí la conoció, también lo acompañaba siempre que podía, y lo llevaba a merendar, Robert con la abuela paterna lo pasaba muy bien.

Ella falleció antes de que Robert hiciera la comunión, pero él siempre recordaba a los abuelos 
La novia estaba guapísima y muy emocionada, Robert tan pronto la vio se fue hacia ella y le dijo…Pensé que no llegabas, se me ha hecho muy larga la espera, pero como estas tan guapa no te lo tengo en cuenta….Es que estaba muy nervioso esperándote. Yolanda se le saltaron las lágrimas al escucharle. No cavia la menor duda de que Robert y ella iban a formar un buen equipo, él era todo amor y dulzura. 

Qué pena que la sociedad no entendiera que eran personas como las demás, con sus mismas necesidades afectivas. Se había avanzado mucho, pero todavía quedaba mucho por hacer y ella se iba a ocupar que Robert siguiera con la misma felicidad y alegría que tuvo con sus padres. Cuando el sacerdote le pregunta a Robert…. ¿Quieres a Yolanda como esposa? él sin dejarle terminar la frase dijo, ¡¡Hombre claro que quiero!! Lo que provocó las risas de los asistentes al ver que a pesar de ser todo un hombre tenía la impulsividad de un niño impaciente.
 

Ese era nuestro hijo en esencia pura. 

Orlando y Katia al final ya se quedan tranquilos, Robert, su mayor preocupación (pensando en su futuro) ya ha formado lo que ellos veían imposible….Una familia. Todos los desvelos, todas las fatigas y preocupaciones han quedado atrás, cuando ellos falten saben que no va a estar solo, ahora tiene una compañera de viaje con la que va a comenzar una nueva vida. 

Al final Katia no sabe que más añadir al epílogo, tal vez esto que escribió nunca existió más que en su cabeza. La cabeza de una madre (llamémosla especial) al cabo de los días y los años da muchas vueltas, son tantas luchas e incomprensiones, que puede perfectamente imaginarse como le gustaría el futuro de su hijo y no se le ocurre otra cosa que plasmarlo en un relato corto, que no es más que eso…Un relato, pero que le sirve como válvula de escape, para expresar lo que le gustaría para su hijo. 

Los/as  que leáis esto ya me diréis que os parce. ¿Puede ser factible el sueño de Katia, o tan solo es una quimera? Ahí lo dejo para que dejéis vuestra opinión.

 

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