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16:10h. Domingo, 18 de agosto de 2019

¿La ética y los valores? Ni están ni se les espera.

Permítanme, antes que nada, el haber parafraseado en el título de este artículo, un episodio de nuestra historia reciente. Cuentan que, durante el intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, uno de los mandos sublevados llamó al palacio de La Zarzuela preguntando si estaba el general Armada (uno de los conspiradores) en el despacho del Rey.

Permítanme, antes que nada, el haber parafraseado en el título de este artículo, un episodio de nuestra historia reciente. Cuentan que, durante el intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, uno de los mandos sublevados llamó al palacio de La Zarzuela preguntando si estaba el general Armada (uno de los conspiradores) en el despacho del Rey. La respuesta que dio al otro lado del teléfono el inteligente Sabino Fernández Campo fue “ni está ni se le espera”. Con esa frase tan aguda hizo ver a los militares sublevados que el Rey no estaba con el golpe y que no tenían nada que hacer.

Pues bien, también se podría emplear dicha respuesta para la pregunta que se formula en el título, ante la situación catastrófica que vive nuestro país en estos momentos. Como ejemplo de todo ello cabe destacar dos noticias de hoy mismo: por un lado, este mismo periódico publica la noticia de la denuncia por parte de un grupo político ante el hecho de que a un cargo elegido a dedo, un ENCHUFADO para entendernos, se le haya subido el sueldo mientras se recorta el del personal funcionario de carrera que, por cierto, cobra mucho menos. Por otra parte, se queda uno perplejo con la manipulación informativa sobre las manifestaciones de ayer en toda España que hacen los periódicos La Razón, ABC o, incluso, El Mundo.

Creo que son dos buenos ejemplos de cómo se niega la verdad y la tremenda falta de valores que hay en esta sociedad y, por ende, en nuestra clase política. Resulta alarmante tanto una cosa como la otra y es muy fácil establecer los dos hechos dentro de un mismo parámetro al tener los dos su base conceptual en la mentira y los intereses creados.

La crisis económica azota a la clase media-baja, empobreciéndola de una forma alarmante y humillándola al ser el único sector de la población que hace sacrificios. No se puedo decir lo mismo de las rentas altas, las ganancias financieras-especulativas y la propia casta política. Ésta última no tiene decencia y carece de la muy deseable virtud de la ejemplaridad, necesaria y fundamental en quienes exigen apretarse el cinturón a los ciudadanos.

¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta es muy fácil: la total ausencia de ética y valores en el alma de los grandes banqueros y sus compinches los políticos. Por si fuera poco, las medidas de control para vigilar sus actos fueron desapareciendo ya que los lobbys de poder presionaban a los dirigentes políticos para que, o bien relajaran dichas leyes, o bien no las hicieran o, incluso, las destruyeran. Y así empezó todo en Estados Unidos con las célebres hipotecas subprime y todo ese tinglado financiero tan bien descrito y analizado en el muy recomendable documental “Inside Job”.

En España, además de esos problemas, teníamos a una clase política totalmente corrupta que había creado una burbuja inmobiliaria en connivencia con los banqueros para, dicho claramente, forrarse y, de paso, financiar a los partidos políticos. Por eso a ninguno de ellos le interesó pinchar esa burbuja. Muchos políticos tenían cosas que callar y los partidos se financiaban de forma muy onerosa.

Es la suma de esos dos aspectos lo que hace que ahora España esté al borde del abismo. Y todo ello, insisto, por la falta de una ética general y de unas medidas de control.

Sería injusto, por otro lado, el no reconocer que también la generalidad de la sociedad española se ha visto afectada por dicha ausencia de ética. El dejar hacer, una cultura facilona, unos principios casi inexistentes y una especie de huida hacia adelante que ha cambiado en un giro vertiginoso la escala de valores de nuestro país. La televisión ha tenido mucha culpa de ello al transmitir la idea de la vida fácil, la repulsa del sacrificio y la superación personal y la caída sin remisión en lo frívolo y chabacano. Es lo que Mario Vargas Llosa llama la “civilización del espectáculo”.

Es obvio que el poder económico (y su hijo bastardo el poder político) permitieron todo ello porque les interesaba. ¡Cuánto más distraído y entretenido esté el pueblo, mejor para el poder! No interesa una sociedad libre que piense, que reflexione, bien formada y con ideas claras de justicia y del sentido del mérito. Eso siempre fue peligroso para el poder desde el principio de los tiempos. ¿O acaso creen que un pueblo como el finlandés, por ejemplo, hubiese permitido lo que los políticos han hecho en este país?

Nunca olvidaré la imagen, hace ya algunos años, de un alcalde siendo detenido por corrupción en un pueblo de Andalucía. Mientras salía esposado por la Guardia Civil la mayoría de los habitantes de su pueblo le aplaudía y vitoreaba. ¡Ése es, por desgracia, el nivel de ética y de valores que hay en este país!