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06:55h. Jueves, 17 de octubre de 2019
Vaya por delante que no soy ningún iluminado ni vengo directamente de Ginebra de trabajar en el descubrimiento del bolsón de Higgs.

Vaya por delante que no soy ningún iluminado ni vengo directamente de Ginebra de trabajar en el descubrimiento del bolsón de Higgs. Lo que planteo en este escrito es hijo del sentido común y de lo que dicen no pocos economistas y politólogos varios sobre la actual crisis económica, si bien es verdad que los grandes medios de comunicación no difunden estas ideas porque los dueños de dichos medios son, precisamente, los que crearon la crisis y los que quieren mantener el “status quo” basado en el poder de una oligarquía financiera muy rica que tiene a los políticos como pastores del rebaño.

Creo que, a estas alturas, ya nadie cree que castigando más a la clase media-baja española se solucione los importantes problemas estructurales de nuestro país. La prueba irrefutable es que, desde que empezó la crisis, tanto el gobierno de Zapatero como el de Rajoy no han hecho otra cosa que humillar a los trabajadores y a los más débiles y nada, absolutamente nada, se ha conseguido con ello para salir de la crisis. Es más, se ha creado más pobreza y marginación.

Por tanto, y dado el fracaso de esas políticas, hay que ir mucho más allá y crear las condiciones marco para, como pasa en la gran película de Garci, volver a empezar.

 

La primera gran reforma (aunque parezca una contradicción in terminis) se estructuraría sobre una idea clave que se repite mucho y que está llena de sentido: RECORTAR. Ahora bien, no entendida como hasta ahora sino concebida desde la lógica y no desde el interés de los más ricos y poderosos. Para ello hay que tomar el ejemplo de una familia cualquiera en España. Cuando los ingresos disminuyen se elimina lo superfluo y lo no estrictamente necesario (viajes, salidas nocturnas, ropa nueva, …) pero no creo yo que ninguna persona con un poco de responsabilidad recorte en las visitas al médico o en el colegio de los niños.

Creo que se entiende perfectamente el símil. Los políticos de este país no han hecho nada para recortar toda esa ingente cantidad de gasto ornamental y vacío de importancia para el españolito de a pie porque, sencillamente, no quieren perder privilegios ni atacar a la partitocracia que los sustenta, ya que estamos en un sistema de listas cerradas en el que la cúpula del partido decide quién entra o quién no. Y como los políticos van a la “res publica” a servirse y no a servir ( son los llamados políticos profesionales) harán todo lo posible por estar en dichas listas. ¿Entienden? Les importa un bledo la opinión del votante. Sólo les importa la opinión del que decide las cuotas de poder. Todo ello se acabaría con un sistema de listas abiertas.

¿Saben que mantener el actual sistema autonómico nos cuesta casi 70.000 millones de Euros? No hablo de partidas presupuestarias sino de “gastos de gestión”, permítanme la expresión. Hay que acabar con los coches oficiales (20.000 en toda España) asignándolos solamente a los cargos con problemas de seguridad, hay que acabar con las visas oro, los gastos de representación y dietas, las pensiones vitalicias que son obscenas e insultan a los más débiles, hay que acabar con los enchufados, las televisiones y radios públicas autonómicas que sólo se dedican a loar los logros del gobierno autonómico de turno, … Sí, hay que acabar con todo eso y con mucho más. Pero sobre todo hay que cambiar la estructura del estado de arriba a abajo. Y para ello hay que ser valientes y poner ideas sobre la mesa, es decir, acabar con las autonomías y volver a un estado provincial donde haya, en cada provincia, un órgano que se ocupe de la gestión de la Sanidad, Educación, Justicia, … Y todo ello sería ahora más fácil dado el tremendo avance de las tecnologías.

Ya sé que muchos dirán que la Constitución establece el Estado Autonómico y es cierto. Pero la Carta Magna se puede cambiar y estructurar el título VIII de otra forma. ¿O acaso no se cambió hace poco más de un año, con los votos de PP y PSOE, para establecer un techo de endeudamiento, siguiendo las órdenes de los banqueros y financieros? Pues si se puede corregir para una cosa también servirá para otra.

 

La segunda gran reforma sería a nivel impositivo. España tiene un muy serio problema con la progresividad de los impuestos, es decir, que los que menos tienen pagan bastante pero los que más tienen pagan bastante poco. Además tenemos un problema estructural con el llamado fraude fiscal. Es curioso que, en los casi 35 años de partitocracia, perdón, democracia, ningún gobierno haya hecho nada por corregir esta injusticia. Todo son planes por aquí y planes por allá y buenas palabras con buenas intenciones pero no hacen nada, no porque no se pueda sino porque no se quiere. Se calcula que nuestro gobierno deja de recaudar unos 80.000 millones de Euros por este problema.¡80.000 millones de Euros! Por otra parte el 80% de dicho fraude corresponde a las grandes empresas y a los bancos. Y ése es el problema, que los políticos no pueden atacar a sus jefes siguiendo el dicho de no morder la mano que te da de comer. Pongamos un ejemplo claro: cuando un partido va a hacer una campaña electoral debe de pedir un crédito a un banco. Este banco concede el crédito sin problemas, incluso a un interés muy bajo, y además, a veces, condona dicha deuda. ¿Alguien en su sano juicio piensa que lo hacen sin esperar nada a cambio? Por eso nuestros representantes son incapaces de enfrentarse al poder financiero porque, en una expresión muy castiza, los tienen agarrados por donde los tienen agarrados. ¡Ésa es la pura verdad y el resto, como decía Shakespeare, es sólo silencio!

Hay multitud de estudios hechos por funcionarios técnicos de Hacienda que respaldan todo lo que estoy diciendo. Además resulta bastante curioso que nuestros dirigentes siempre dicen que hay que intentar copiar el sistema alemán de productividad y eficiencia pero, eso se lo guardan para ellos mismos, nunca dicen nada de equiparar nuestro fraude fiscal al de los teutones. Los gestores del ruedo ibérico permiten una economía sumergida del 30% mientras que a sus equivalentes alemanes se les escapa un 10%. La diferencia es abismal (unos 50.000 millones de euros de diferencia) aunque este parámetro comparativo nunca salga en los voceros oficiales de los políticos, donde, como dice Noah Chomsky, “se propaga el pensamiento único para hacer ver al pueblo que no hay otras vías”. No por casualidad el poder de los medios de comunicación es llamado el cuarto poder, a pesar de que los tres reales y el mencionado están controlados por los poderes fácticos financieros. Pero eso es otra historia.

Señores, hagan cuentas. Tenemos 70.000 millones de Euros por un lado y 80.000 más por el otro. Y ahora pregúntense por qué no toman estas medidas y, sobre todo, pregúntense qué es lo realmente importante: un colegio / hospital o una televisión clientelar / policía estúpida autonómica. Quizás haya llegado el momento en el que los españoles tenemos que decirles a los politicuchos qué es intocable y qué no lo es, además de, por otro lado, hacerles ver que ellos están ahí para defender a la mayoría de los españoles y no a una élite que es cada día más rica.