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06:14h. Jueves, 17 de octubre de 2019
Cuentan que en el antiguo imperio romano el César era obligado a tener un esclavo siempre detrás de él. Esto acontecía en los momentos de decisión, tanto de temas importantes como de asuntos nimios. La misión de este esclavo era sólo una pero de enorme trascendencia.

Cuentan que en el antiguo imperio romano el César era obligado a tener un esclavo siempre detrás de él. Esto acontecía en los momentos de decisión, tanto de temas importantes como de asuntos nimios. La misión de este esclavo era sólo una pero de enorme trascendencia. Era obligado a decirle, frecuentemente, al emperador: “recuerda que eres humano, recuerda que eres humano”.

Con ello se pretendía que el hombre más poderoso de esa época no creyera que su alma era etérea y digna de los numerosos dioses romanos, consiguiendo así fijar su conciencia al suelo de los mortales de los que, a pesar de él, formaba parte.

Siempre he pensado que esto que acabo de contar debería ser de obligado cumplimiento ( no por un esclavo, claro está, sino por un asalariado) en las sociedades modernas o, al menos, en España. Ahora bien, no habría que recordarle a nuestra casta parasitaria de políticos, que son humanos (muchos, incluso, tienen casi todos los vicios de nuestra especie) sino más bien habría que decirles: “esto que estás haciendo es corrupción y si te pillan vas a dar con tus huesos 30 años en la cárcel” o algo así. Créanme que sería muy disuasorio para evitar ciertas cosas que estamos viendo todos los días. Quizás no sería TODO lo que hay que hacer, pero no sería poco.

También sería interesante estudiar propuestas alternativas o complementarias de lo anterior. El escritor canario Alberto Vázquez-Figueroa comentó hace poco que hasta que no hubiese tres políticos y tres banqueros colgados en una plaza pública, este país no tendría solución. Y apostilló que no hablaba en lenguaje figurado. Una solución drástica, sin duda, pero que demuestra el hartazgo de buena parte de la sociedad española ante la corrupción.

Este país no puede más. Por si fuera poco con la larga crisis económica (una crisis así no se ha visto desde la posguerra española), todos los días aparecen casos de corrupción que indignan y provocan asco en personas de bien. No hay que olvidar que, cuando hay casos de corrupción, se está atentando contra lo público, sobre todo contra el dinero público que es de todos los españoles. “Nos están robando, coño”, me decía un amigo el otro día.

España está en el límite entre una sociedad civilizada y una sociedad civilizada que recurre a la violencia para cambiar a los mandamases y volver a ser una sociedad civilizada pero justa, donde el que la hace la paga y donde los que nos gobiernan responden ante la ley con celeridad y contundencia.

La corrupción política está en todas las esferas y en todas las instituciones.

Es algo que presupone todo el mundo y que sabe casi todo el mundo. Es cierto que los políticos son el reflejo de una sociedad y que buena parte de la sociedad española tiene tendencia a practicar o consentir la corrupción en su ámbito personal. Pero no me negarán que, siendo las dos acciones reprobables, no es igual un camarero amigo que te consigue mesa en un restaurante abarrotado que, por ejemplo, el ínclito Bárcenas que se paseaba a menudo por Suiza para esconder montañas y montañas de dinero público robado. Éste escalador en sus ratos libre y trepa en su vida laboral no es el único que tiene algo en Suiza. Como diría Jordi Évole (el follonero), “la única solución quizás sería que España se anexionase Suiza. Así no sería delito “.

Ironías aparte, los politicuchos hacen lo que hacen, además de por tener una moral asquerosa y apestosa, porque saben perfectamente lo que puede pasar si algo sale mal. Su impunidad es alarmante y, por ello, se creen capaces de todo. ¿Cuántos políticos han sido encarcelados en este país? ¿Por qué se suele indultar tanto a políticos? Es un sistema viciado de los pies a la cabeza. ¿Entienden?

Se protegen los unos a los otros porque TODOS forman parte de una estructura creada para hacer ricos a los llamados “representantes del pueblo”. Me pongo enfermo cuando oigo esta excusa. Parece que, al ser votados, tienen patente de corso para hacer de todo. Y, de hecho, lo hacen sin ningún tipo de rubor.

Todos los partidos políticos forman parte de este juego y no hay diferencia entre ellos. Todos tienen personas que saben muchas cosas y mejor tenerlas contentas y calladas. Por eso, por ejemplo, Rubalcaba dijo el otro día que no era nadie para pedir la dimisión de Durán y Lleida. Pesa más el proteger a los miembros de la casta que la honradez y la buena moral, ya que, al fin y al cabo, Rubalcaba también es contribuyente y le tendría que parecer mal el hecho de un partido robe impunemente los fondos europeos para educación. Pero ya se sabe que aquí todos esconden algo y seguro que Rubalcaba se dijo que mejor estarse callado, no vaya a ser que me piden luego a mí explicaciones por la trama de los Eres en Andalucía. Lo dicho, A-S-Q-U-E-R-O-S-O.

¿Y qué me dicen del lelo de Rajoy?

Este gallego socarrón y cobarde va a hacer bueno el dicho político de que “otro vendrá que bueno te hará”, en referencia al nefasto Zapatero. La actuación de Rajoy al conocerse la trama de los sobres en la cúpula del PP es, como diría un castizo, para mear y no echar gota. Allí nadie sabía nada y todos eran angelitos honrados moviéndose en coches de lujo, ropa de Armani y restaurantes caros.

Y es que, señores, hay gente que ahorra mucho y hace milagros con su nómina. ¡Hay que joderse! Los dirigentes del PP, Rajoy incluido, eran cómplices de todo ello. Y, si damos el beneficio de la duda, no sabían nada, son unos auténticos ineptos e inútiles. Todo ello me recuerda a Felipe González cuando decía que él no sabía nada y que se enteraba de todo por la prensa. Por cierto, Felipito dijo que había que dar tiempo a la justicia y no precipitarse con los casos de corrupción. Otra vez, ¿lo ven?, la casta se protege a los suyos. Claro que, ahora que lo pienso, el Señor X no tiene autoridad moral para hablar de corrupción.

Y, por supuesto, también hay corrupción en nuestras Islas Canarias. Es más, me atrevería a decir que superamos la media nacional. Lo que pasó con el tema de Las Teresitas es sólo un ejemplo de la catadura moral de Coalición Canalla, PP o PSOE, … Recuerden que, en temas de llevárselo crudo a casa, la política no es el arte de la gestión sino el arte de engañar y proteger a los miembros de la casta. Hoy por ti, mañana por mí. A robar, que son dos días en esta vida. ¡Qué asco de país!