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06:52h. Jueves, 17 de octubre de 2019

La educación como derecho y como elemento económico.

En este curso que acaba de comenzar ha quedado claro cuáles son las prioridades de las autoridades políticas a la hora de invertir eso que un castizo llamaría “los dineros públicos”.

En este curso que acaba de comenzar ha quedado claro cuáles son las prioridades de las autoridades políticas a la hora de invertir eso que un castizo llamaría “los dineros públicos”. Creo que, a estas alturas de la crisis, ha quedado claro que es la clase trabajadora media-baja quien está sufriendo los recortes y las humillaciones mientras la clase dirigente y los privilegiados parecen intocables, entre otras razones porque son ellos quienes hacen las leyes.

Todo lo anterior tiene en el mundo educativo uno de sus mejores ejemplos. Este curso escolar está siendo muy difícil para toda la comunidad educativa. El gobierno del ínclito Paulino Rivero (ejemplo perfecto del “inutilus politicus españolus”) ha dejado a los centro educativos con 1.000 profesores menos, además de hacer suyas las nuevas condiciones laborales impuestas por el mentiroso de la Moncloa. Ya he comentado en otros artículos que el gobierno central es muy cicatero con Canarias, sobre todo si se tiene en cuenta el espectacular aumento demográfico de nuestras islas afortunadas en los últimos 14 años. Dicho eso, el gobierno de Coalición Canalla, digo Canaria, no ha sabido o, mejor, no ha querido establecer prioridades en las partidas presupuestarias. A Paulino, a la sazón docente también, le cuesta entender qué es lo realmente importante, a pesar de tener una tropa de enchufados, perdón, asesores, que le podrían aconsejar. Por cierto, nuestro presidente decía hace tiempo que los profesores canarios vivían muy bien. Si tan bien viven, ¿por qué no vuelve usted a la docencia y deja la política? ¿No será que la política da más dinero? ¿Acaso es usted incapaz de renunciar a eso que se ha dado en llamar la erótica del poder?

Lo dicho, 1.000 profesores menos, grupos más amplios, dificultades con los libros gratuitos, menos becas, menos ayudas para comedor y transporte escolar,… Hay un problema serio en la visión que se tiene de la educación. Ésta debe ser un derecho y no un negocio. Se debe seguir el gran aforismo de la socialdemocracia, aceptado por la mayoría de la población: nadie debe verse privado de sanidad, educación o justicia por falta de dinero. Creo que es una idea tan simple como necesaria para garantizar un sistema de igualdad de oportunidades donde cada uno pueda demostrar su talento y/o capacidad de sacrificio. Lo contrario sería postular una educación o sanidad sólo para ricos. Y eso, ah amigos, eso justificaría revueltas y violencia en la calle, ya que nada puede perder el que nada tiene y sólo le queda la esperanza de darle un futuro mejor a sus hijos. Además, como decía Gandhi, “cuando la ley es injusta, lo éticamente correcto es no obedecer”.

Más allá de condicionamientos morales también hay interés económico en financiar correctamente la educación. Cuando empezó la crisis económica y nos dimos cuenta de que la España de la “constru” (en la que un chaval de 19 años sin formación ganaba más que un catedrático universitario) era un modelo económico perverso que nos llevó al desastre, empezó a propugnarse y se propugna, con una hipocresía rayando en lo provocador, un nuevo modelo basado en el célebre I+D+I (investigación más desarrollo más innovación). Pues bien, ese paradigma está basado en financiar y reformar a fondo la educación. Tal cosa debe pasar por tres conceptos: invertir más porcentaje del PIB, sancionar a los padres que no educan a sus hijos e inspección meticulosa de los profesores, expedientando a los carotas y mejorando el sueldo de los que más se impliquen.

Además de lo anterior, el invertir en educación es garantizar unas nuevas generaciones preparadas y con capacidad de reflexión, aunque, bien pensado, esto último no interese al poder. No sé ustedes pero yo siento una tristeza acompañada de decepción cuando veo emigrar a muchos médicos, arquitectos, ingenieros, enfermeros,… Les formamos con mucho esfuerzo y dinero, y después otro país se aprovecha de su tremenda capacidad. Esto es, en mi opinión, una derrota para un país. Ello debería hacer pensar a nuestra oligarquía política y financiera. Pero claro, dicha casta sólo mira por sus intereses mientras nuestro país se derrumba poco a poco.

Estamos pagando muchos errores, entre ellos un modelo alocado que cambió la escala de valores. No hay que olvidar que durante los años del boom del ladrillo y el pelotazo teníamos una economía diferente a la del resto de países punteros. Mientras los ejemplos a seguir de dichos países eran Bill Gates o Steve Jobs, el modelo del ruedo ibérico era Paco el pozero. Para reflexionar, ¿no?