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13:38h. martes, 02 de junio de 2020

Elogio de la responsabilidad

“El triunfo colectivo depende de la responsabilidad de cada uno, dijo hace mucho Alejandro Magno, antes de afrontar una batalla en la que, al menos, ellos veían venir al enemigo de frente y no de forma invisible como ahora. El hombre sigue librando batallas, continúa peleando por lo justo o lo que no lo es, aunque el escudo y la espada hayan sido sustituidos por una mascarilla y un buen lavado de manos.”

Lo personal y lo colectivo

“España, a lo largo de su historia, ha pagado muy caro esta postura maniquea y cainita donde el que piensa diferente no suma, sino que resta y, por ende, deber ser apartado. Los dados del destino, quizás, hace tiempo que juegan la partida mundial y nuestro país parece que ha perdido. Todo pinta bastos y los ases guardados no son tantos como quisiéramos.”

A los que se han ido

"Muchos, si no todos, serán acogidos en otra dimensión donde, quiero pensar, no hay tanto dolor. Serán recibidos como merecen y no deberán postrarse ante nadie porque nadie, nunca, ha sido mejor que ellos"

Elogio del optimismo


“Debemos combatir el desaliento y, en la medida de lo posible, ser positivos para intentar mejorar lo que nos rodea. Si es cierto que el pesimismo nos ancla a la tierra, el optimismo, por su parte, puede ser la fuerza para empezar a volar, vuelos cortos y a poca altura, pero que suponen algo más que ese ancla que nos puede hundir todavía más. El pesimismo extremo nunca produjo nada, el optimismo razonado puede dártelo todo.”

Mentiras hipócritas

“Y qué me dicen de la política, terreno abonado a la falacia, a la mentira más intensa y  a la desvergüenza como bandera. Gestores de la res publica que, si no son mediocres, sí que lo parecen. Hace poco uno  de ellos votaba en contra de una renta mínima transitoria para los más vulnerables y, acto seguido, alababa a Cáritas por repartir comida a los hambrientos. Nunca una acción denotó tanto de alguien, dibujando perfectamente su forma de pensar en la que la justicia social es sustituida por la caridad, panfleto luminoso de esos neoliberales cuyo egoísmo es amo y señor de sus almas.”

Una casa para protegernos

“Pero, yendo más allá, también debemos contar con unos pilares sociales, esto es, comunes a todos, unos mínimos que nos cohesionen dentro de la diversidad, unas fronteras de dignidad que el mercado, Dios eterno al que rezan los privilegiados, no pueda romper ya que debe ser terreno prohibido para el negocio y la competitividad. Ahora estamos pagando caro el haber permitido que algunos cruzaran esa frontera, pisoteando lo común para acrecentar su cuentas corrientes expedidas en algún paraíso fiscal bañado con chocolate suizo o en ciertos países del caribe donde el sol calienta a ritmo de secretos bancarios.”

Dudas y certezas

“Y, sin embargo, lo hacen. Son obedientes a sus padres, siguen las reglas que no entienden porque, quizás, y sólo quizás, algo les dice en su interior que su sacrificio hará que disfruten durante más tiempo de las caricias y mimos de sus abuelos. Y ahí siguen, diciendo sí a lo que dice Mamá y Papá, dibujando sonrisas dirigidas a los padres de sus padres, sonrisas llenas de “te quiero”, conscientes de que no existen virus que puedan destruir el amor.”

Vulnerables

“Me he dado cuenta, nos daremos cuenta, de que un beso y un abrazo supone la mejor medicina para el alma, que una sonrisa esbozada ante alguien que te ha hecho un favor es una muestra de respeto, que el contacto humano y aprovechar el tiempo vale más que gastar dinero, que, en suma, hay que aprovechar la vida porque es inestable y limitada, presente hoy y lejana ya mañana, y nadie, absolutamente nadie, puede comprar vida en una tienda.”

La gran prueba

“Este parón vital, este segmento de no vida en el que nos sumergiremos durante unas semanas, esta gran prueba va a exigir lo mejor de muchos y vamos a ver que algunos van más allá de su obligación, vistiéndose con capas de héroes desinfectadas con su amor a los demás, firmando con sonrisas miradas de ida y vuelta hacia los temerosos haciéndoles ver que hay esperanza, que no deben preocuparse en exceso y que, después de todo, la mayoría es un “nosotros” y no un “yo”.”

Ceder el asiento no puede ser un acto machista

“Hay que hilar muy fino en algunas observaciones porque, sin pretenderlo, el receptor puede interpretar algo que no está en la intención del emisor. Se dicen cosas sin mala intención y, a veces, te ves sometido en una situación que sabes que está alejada de ti porque nunca has marcado a nadie por su sexo sino por sus actos y sus capacidades. Por eso es conveniente elegir con quien debates y presuponer que tienen algo en la cabeza porque, de lo contrario, te harán bajar a su nivel y ahí te ganarán por experiencia, que decía Mark Twain.”

Prólogo y epílogo

“Sentimos y, muchas veces, sentimos en demasía, si eso es posible. La alegría es interrumpida por la tristeza y los momentos obscuros son aplacados por la luz de la esperanza. Así es el devenir del día a día, momentos que empiezan con el sonido del despertador y que no intuyes porque no sabes qué traerá la marea de la vida. Vivir, supongo, es eso, seguir y mirar hacia adelante con pocas certezas que te calmen el alma. Ya saben, “ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror”, que diría Rubén Darío.”

El deporte como virtud

“Lo sencillo no está de moda. Parece que todo lo atractivo debe ser complicado y rebuscado, fomentado por el culto a la imagen y a lo extravagante, articulado a través de modelos visuales bautizados como “Instragamer, influencer o youtuber”.  El moverse no es lo ideal porque no aparece en una pantalla o es apenas seguido después de haberlo definido en 280 caracteres.”

Aquéllos que suman

“Pero hay también algunos que pensamos que la docente actuó como lo hubiera hecho cualquier persona de bien, con valores, creyentes en la palabra dada y venerada, ésos que intentamos sumar para los demás, multiplicar las acciones para nunca dividir injustamente y jamás restar a aquél que sufre. Ésas son las operaciones matemáticas que agrandan el corazón, los dígitos que tocan el alma, las variaciones, permutaciones y combinaciones que me hacen creer en el ser humano.”

La ideología del sentido común

“La competitividad, Dios sagrado de este mundo que nos hemos dado, tiene sus cosas y exige sus sacrificios. Los sumos sacerdotes de la política la veneran cual becerro de oro dejando de lado la empatía hacia el dolor ajeno, virtud muy bonita pero poco productiva para alguien que viaja mucho a Suiza por sus bombones o a Andorra por sus pistas de esquí. En fin …”

El teatro y los Reyes Magos

“Allí, y quizás sólo allí, los Reyes Magos no entrarán temiendo una represalia de los republicanos o, incluso peor, sabiendo que la bondad no es la vestimenta de gala de muchos de nuestros representantes y aceptando con resignación que a lo mejor no hay tanto carbón para tanta gente. Y no se les puede culpar. Los de Oriente representan mucho y los otros tendrían que hacer lo propio pero el ego y los lobbys desvirtúan las buenas intenciones y se cae con frecuencia en el interés propio dejando el interés del país para, en el mejor de lo casos, otro día.”

La vida sigue igual

“Eso de los aforados y la inmunidad es una auténtica golfería que daña a nuestra democracia al incidir, una vez más, en que todos no somos iguales ante la ley. El sentido común debe imponerse pero también el efecto disuasorio, esto es, si la haces la pagas, en román paladino.”

Luces de Navidad

“Hay algunas cosas que el dinero no puede comprar: la educación, la honestidad, el talento, … Hay otras muchas que sí puede comprar porque tienen un precio. El vil metal adquiere mercancías de ida y vuelta en los mares del tener, mares tenebrosos donde se crean deidades y se corrompen almas. Los niños no deben navegar esos mares. Deben jugar y alegrarnos los días para que nosotros, por un momento, volvamos a ser ellos.”

Diez años no son nada y lo son todo

“Eres alguien y, de repente, ya eres otro, diferente, moldeado por el fuego de la tragedia y los mares que brotaban por los ojos de mi madre. Navegué esos mares y luché contra la corriente al no dejarme llevar exigiendo algo de luz en aquellos días negros en los que mi familia se hundió y se transformó para ya no ser la misma. Sabía que no era fácil y creía que no iba a ser inútil pensando que los que me había arrebatado a mi padre compartían los mismo valores que yo y no, como quedó demostrado, unos principios que los situaban por debajo de las ratas en la escala zoológica.”

De patriotas y no patriotas

“Hubo, lo puedo garantizar, España antes que franquismo como ahora la hay después de aquel viaje a la nada que duró demasiado tiempo y la habrá a pesar de algunos talibanes del Norte que defienden la locura, el exceso y el odio.”

Esperar y volver a esperar

"Y es que la dignidad no suele estar presente en aquellos con poltrona y coche oficial, sí, ésos que se ponen perfume caro para no oler a mierda.”

El comercio como virtud

“Un kilo de carne, dos paquetes de arroz, uno de azúcar y algo de comino, le decía a Manolo Henríquez, mientras remataba con la muletilla común de “mi madre que apunte”. Él siempre apuntaba y preguntaba cómo estaba mi madre y mi padre. Y apuntaba, da igual lo que le pidiera, y seguía apuntando porque hay gente que usa el lápiz del corazón y la libreta del alma. Siempre que voy a Agulo me gusta hablar con él pero nunca me atrevo a preguntarle si es consciente de todo el bien que hizo”.

Vacunas contra la injusticia

“Hablo con el dueño de la farmacia, me cae bien y le agradezco su educación. Crece el trato y con la confianza le pregunto por qué no se financia todas las vacunas. Él tuerce el gesto y esboza una expresión de escepticismo ante lo que considera a todas luces injusto. Semanas después aumenta la confianza y me confiesa lo que yo presuponía en sus ojos: ha dado vacunas a padres diciéndoles que ya se las pagarán con la casi certeza de que eso nunca va a ser así. Lo miro y digo una vaguedad porque es muy complicado acertar con la palabra cuando tienes un héroe delante”.

De Joaquín a la Eternidad

“Pero también escucho su voz cuando nos contaba las historias de fiestas en nuestro Centro hacía ya tiempo. Nos acariciaba el oído y nos acordábamos del clásico ya que daba la impresión de que, al oírlo, pensábamos que cualquier tiempo pasado fue mejor. Todos reíamos y yo quería ser como tú: coronel del deber y general del placer”.

Mientras no me pase a mí

“Hay que ahorrar y recortar, esperando, claro está, que no me toque a mí en la ruleta de la vida y la muerte donde los ricos y poderosos tienen más números al rojo de la vida que al negro de la muerte. Los que están por debajo en la escala social sólo pueden rezar y esperar que la de la guadaña pase de largo”.

Sonrisas desde el cielo

“De repente ese recuerdo les viene a la mente, luchan por no emocionarse,  se dan cuenta de lo importante que acabo de decir y, lo sé, se hacen la promesa interna de pasar más tiempo con los padres de sus padres que, en algunos casos, fueron primero padres y después abuelos. Y en esos instantes me siento tremendamente afortunado”.