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18:23h. Domingo, 18 de agosto de 2019

Las curvas de mi adolescencia

“Vamos hacia atrás, irremediablemente hacia atrás, injustamente hacia atrás mientras muchos no parecen enterarse y otros, los más poderosos, se frotan las manos comprobando que podrán mantener el status quo en el que unos pocos viven en su arcadia feliz mientras la mayoría no consigue salir del purgatorio al que les han enviado políticos sin moral e impunes a cualquier ley terrenal”.

Las lágrimas y las balas

“Dudo mucho que la mayoría de ese pueblo esté de acuerdo con un comportamiento tal vil pero ya sabemos que el miedo fue amo y señor en el País Vasco bajo las pistolas de unos asesinos trasnochados que, lejos ya de luchar por la libertad en épocas franquistas, esgrimían la parabellum para mantener el chiringuito  y vivir en una locura colectiva elevando el dolor a la enésima potencia. Sí, no se engañen, los caminos de los mafiosos conocen razones que la más mínima lógica no conoce”.

La inocencia traicionada

“Es asombroso cómo el supuesto ahorro al no contratar a un profesor es más importante que las lágrimas de unos padres desesperados por darle un poco de esperanza a su hijo. La falta de perspectiva es clamorosa, es más, se yerran los objetivos de forma estúpida o interesada para honrar a ese Dios mercado que todo lo vicia y todo lo pudre, corrompiendo el alma humana hasta llegar al punto de aniquilarla. Buenos trabajadores y buenos consumidores es el mantra de esta mierda que estamos creando. Acuso, que diría Émile Zola, a muchos de ser partícipes de esta monstruosidad”.

Unos más que otros

“Pero ya sabemos cómo funciona esta plutocracia corrupta y falaz donde un pequeño empresario o nómina es sangrado para sostener el estado del bienestar mientras otros, autodefinidos como patriotas (¡tócate los cojones!) se saltan la ley sistemáticamente y se aprovechan de subterfugios legales creados por fieles siervos que luego serán sus empleados en virtud de unas puertas que giran y giran a mayor abundamiento de la desvergüenza nacional. Mientras, el honrado ciudadano frunce el ceño, baja la cabeza de impotencia y deja de creer en los símbolos de una nación que no lo representa.”

¿Y los valores para cuándo?

“¿Y la conciencia?  Creo que ni estaba ni se le esperaba y, lo que es peor, ni estará ni se le esperará porque nuestros representantes no aprenden ni escarmientan, básicamente porque el electorado es demasiado pusilánime y conformista ya que muchos carecen de criterio propio y, si me apuran, de empatía, dado que aplican el precepto de “mientras no me pase a mí”, tan español y tan asqueroso”

Valores que se van

 “Se tiende a obviar que, para bien o para mal, la escuela es el reflejo de la sociedad. La escuela está dentro de un entorno, los chicos viven en ese entorno, los padres luchan en ese entorno y todos respiramos ese entorno en la certeza de que su aire nos vicia y de que la botella de oxígeno que proporciona la escuela es una gota de sensatez dentro de un mar de incongruencia”.

 

De titiriteros y manipuladores

“Estos personajes esgrimen la bandera del patriotismo de misa e himno mientras venden la soberanía a Alemania porque así se lo pide la ínclita Ángela, enérgica caminante de los senderos gomeros y reina sin corona en esta Europa de los banqueros y de los fondos de inversión.”

 

El generoso pueblo español.

“Es más, aceptan con estoicismo las políticas neoliberales que son proclamadas como la única alternativa por los medios de comunicación. Las aceptan y se las creen en un ejercicio de dejarse llevar que, para ser sinceros, me esperaba en un país donde Belén Esteban vende libros y el vástago de la Pantoja es alabado como creador musical”.

 

Traicionar a Adam Smith

Echas  la vista atrás, a tu juventud, a tus momentos en la escuela, y percibes dentro de ti un sentimiento triste y a la vez revelador. 

Los que quizás no vuelvan

Hay momentos en la vida en los que cuesta desprenderse de ese caparazón de sentimientos egoístas que nos ha sido dado para satisfacer nuestro primer instinto básico: el instinto de supervivencia.

El rojo y el negro en París

Enciendes la televisión y, zas, te das cuenta de cuán cerca está el género humano de su parte animal y de que hace ya años que retrocedemos hacia épocas pretéritas donde jamás pensamos estar de nuevo.

 

Inteligencias al servicio del poder

Estos días están siendo muy movidos en el mundo educativo a raíz de las declaraciones de José Antonio Marina sobre la evaluación a los profesores. Vaya por delante mi aprecio a la idea de que en el debate está el progreso y que con la confrontación de ideas se pueden frenar otras confrontaciones más, digamos, exterminadoras.

 

El botín de la Sanidad Pública

Suele suceder que, en el muy loable debate sobre cuestiones importantes, algunos pierden el norte de la razonable al haber perdido la brújula del sentido común. Pasa más de lo que se cree, sobre todo si dicha brújula es sustituida por el vil mapa de los intereses espurios y egoístas o, incluso, por las muy frecuentes coordenadas de la estupidez.

La corrupción como bandera

Cuentan que en el antiguo imperio romano el César era obligado a tener un esclavo siempre detrás de él. Esto acontecía en los momentos de decisión, tanto de temas importantes como de asuntos nimios. La misión de este esclavo era sólo una pero de enorme trascendencia.

La educación como derecho y como elemento económico.

En este curso que acaba de comenzar ha quedado claro cuáles son las prioridades de las autoridades políticas a la hora de invertir eso que un castizo llamaría “los dineros públicos”.

La derrota siempre es huérfana

Dice el muy intuitivo refranero español que “el éxito tiene muchos padres pero la derrota siempre es huérfana”.

Dos reformas para volver a empezar

Vaya por delante que no soy ningún iluminado ni vengo directamente de Ginebra de trabajar en el descubrimiento del bolsón de Higgs.

¿La ética y los valores? Ni están ni se les espera.

Permítanme, antes que nada, el haber parafraseado en el título de este artículo, un episodio de nuestra historia reciente. Cuentan que, durante el intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, uno de los mandos sublevados llamó al palacio de La Zarzuela preguntando si estaba el general Armada (uno de los conspiradores) en el despacho del Rey.

Señor Rajoy: es usted un mentiroso y un cobarde.

Soy funcionario del Gobierno de Canarias. Concretamente soy profesor de secundaria. He pasado dos días en La Gomera (en compañía de mi novia y mi familia) y, al volver a Tenerife, me he encontrado con las medidas que ha tomado el inepto y mentiroso de Rajoy. Estas medidas van en contra de los parados, los pensionistas, los funcionarios y, en general, contra los más débiles.