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00:03h. martes, 25 de enero de 2022

La mendicidad degenera

El espectáculo de la mendicidad en Madrid es bochornoso, dicho sea con el respeto que merece el indigente que se ve forzado a ello.

Pero la mala imagen que damos es peor que en el resto de la Europa civilizada. Para conseguir una limosna usan una picaresca que, hasta cierto punto, es entendible, pero a partir de ahí, se llega, por ejemplo, a una cruel y vergonzosa conducta contra los animales; se puede ver a mendigos, en pleno centro de Madrid (calle Preciados, por ejemplo) con uno, dos, y hasta tres perros, aparentemente dormidos y tapados, sobre una colchoneta a cualquier hora del día, sin atender al bullicio propio de la calle, lo cual es imposible, dada la propia naturaleza de estos animales.

Incluso observé a un mendigo acariciando la panza de uno de sus perros mientras éste permanecía dormido, inmóvil, ajeno al cariño cruel de su amo. Es también imposible. Era fácil entender que estos animales habían sido drogados para ablandar así el corazón y la sensibilidad de los viandantes y sacar dinero de forma tan despiadada.

Hubo un tiempo en que algunas mujeres mendigos, sobre todo de la Europa del Este y Sudamérica, usaban bebés, propios o alquilados, para, una vez drogados, usarlos con las mismas intenciones. Parece que se pudo terminar con aquellos casos, al menos con la mayoría, pero ahora usan perros; así es la degeneración de la mendicidad, y en plenas fiestas de Navidad.

No parece que exista sensibilidad suficiente por parte del Ayuntamiento de Madrid, ni siquiera de la Sociedad Protectora de Animales que, sin duda alguna, conocen esta vergüenza y abuso mejor que los viandantes. Podría ocurrir que, de no tomar medidas, el mal ejemplo cunda en otros lugares de nuestra geografía.