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11:07h. Domingo, 20 de Mayo de 2018

La política debe ser la solución, y no el problema. Pero, desgraciadamente, algunos acontecimientos que vienen sucediéndose en el ámbito parlamentario -tanto en las Islas como en Madrid- están consolidando ante los ciudadanos la idea de que los partidos se han convertido en parte de los problemas y no de las soluciones.

 La incapacidad de los grupos para dialogar y alcanzar los acuerdos imprescindibles para avanzar, alimenta la sensación de que la crispación ha ganado la batalla a los consensos. Lejos de ayudar a recuperar la credibilidad de la política, lo que está consiguiendo es debilitarla aún más. 

Hace algunas semanas invité a quienes somos protagonistas de la vida parlamentaria en las islas a que nos esforzaramos en la búsqueda entendimientos que redunden en beneficios para los ciudadanos a los que servimos, a los que representamos y a los que debemos lealtad. 

Desde Agrupación Socialista Gomera (ASG) no hemos cesado en nuestro empeño para animar a que se reconstruyan los puentes que, por una u otra razón se habían roto. Hemos insistido en que aún estamos a tiempo de evitar que la legislatura se contamine por la mala política, por los juegos de salón, por las crispaciones y por intereses electorales que tienen su sitio legítimo en otro lado. Porque nada de todo lo anterior aporta ni resuelve nada; más bien al contrario, lo único que se consigue es entorpecer el trabajo y, en consecuencia, alejarnos de los resultados a los que nos debemos. 

He de confesar que no hemos sido escuchados. La vida pública sigue siendo un reflejo de la conveniencia del los partidos, más que del interés de los ciudadano. Y bien que lo lamentamos. Porque ese escenario nos lleva una y otra vez al atasco que una y otra vez se representa en el Parlamento regional. Los desencuentros son más llamativos, dan más titulares y más protagonismo mediático. Pero no solucionan nada práctico para la gente.

Que la Cámara regional sea noticia por la incapacidad de los distintos grupos parlamentarios para alcanzar acuerdos necesarios es una muy mala noticia. Que en la opinión pública se tenga la percepción de que los principales partidos de las Islas están incapacitados para el diálogo, para la cultura de consensos que tanta falta hace en un momento como el actual, es una mala noticia. 

No nos rendimos. En ASG seguiremos llamando al trabajo común desde la colaboración y la altura de miras. Flaco favor están haciendo a la política quienes semanas y meses después no han avanzado un solo metro para dejar atrás el problema y acercarse a la solución. Sin embargo, así se voten diez veces más la renovación de los órganos dependientes del Parlamento parece que otras diez veces el resultado será la frustración. Como lo han sido leyes y propuestas relevantes que han sido causa de división más que de consenso.

No tiene sentido, ni explicación posible, que semanas o meses después se siga en el mismo punto. Carece de justificación, y lo han puesto muy difícil para explicárselo a las mujeres y hombres de esta tierra, que no se logre reconducir las cosas para construir mayorías que permitan seguir caminando.

No se trata, desgraciadamente, de un caso que afecte solo a Canarias. Es un mal nacional.  También pasa en el resto de España, donde las futuras elecciones están complicándolo todo todavía más. La legítima competencia entre los partidos está trasladándose a los asuntos públicos, donde lo que se persigue es el desgaste electoral del rival, a costa de lo que sea y de cómo sea. 

Los ciudadanos de Canarias, de todas las tendencias políticas y todas las edades,  podemos perder el tren de unos buenos Presupuestos Generales del Estado. Y ante eso la preocupación solo puede crecer. La espiral de confrontación es otra muy mala noticia para estas islas porque podemos quedarnos sin las importantes inversiones que están previstas en dichos presupuestos. 

Todos, y especialmente quienes representan los intereses de Canarias en las Cortes, deben poner de su parte para que los PGE se sobrepongan a los problemas que lo acechan y pueda finalizarse su  tramitación con la aprobación que quienes vivimos en las Islas esperamos, deseamos y merecemos. No podemos perder la batalla del abaratamiento de los vuelos a Península. Ni podemos quedarnos sin cientos de millones de los convenios bilaterales. 

Así no. Hay que cambiar la dinámica en la que parece haberse instalado la política. Hay que pasar página, dejando atrás la crispación y los bloqueos para dar paso a la cultura de colaboración y entendimiento que tan buenos resultados ha generado en otros momentos de nuestra historia. Los gobiernos tienen que aprender a negociar y consensuar. Y las oposiciones tienen que aprender que criticar duramente a los gobierno no impide acordar medidas que son buenas para todos . Hay que volver a la buena política. Si no lo hacemos, todos, sin excepción, seremos responsables de un gran fracaso.