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sábado, 25 de junio de 2022 00:01h.

Una lección política

031221 Casimiro Curbelo, presidente del Cabildo de La Gomera
Hay otra manera de analizar las últimas elecciones en Castilla y León. Jamás en la vida he visto que se le haya dedicado a unas elecciones autonómicas en Canarias la misma atención mediática y el mismo despliegue informativo. Cuando se dice que vivimos en la ultraperiferia no solo es verdad en la geografía física: también en la mental. Las islas están muy lejos del centro del interés peninsular.

Además de esa triste evidencia, la gran pugna entre el PSOE y el PP, con la entrada en juego de la ultraderecha de Vox, ha centrado el análisis de los resultados. Tal vez por eso haya pasado a segundo plano una realidad tan importante y tan sugerente como el crecimiento de alternativas políticas independientes a los partidos tradicionales. Hablo de las plataformas Soria Ya, Unión del Pueblo Leonés y Por Ávila.


Hay un viejo refrán castellano que dice que el ojo del amo engorda el caballo. La frase quiere decir que quien tenga algún asunto o negocio debe estar muy cerca de él, si quiere que salga bien. Lo saben los agricultores que tienen que cuidar una finca. O cualquier emprendedor que se deja la vida de sol a sol en una empresa. Es muy difícil teledirigir a distancia un proyecto complicado.


La democracia en nuestro país y en el mundo desarrollado se basa en el voto universal y libre de los ciudadanos que eligen representantes locales o nacionales. Esos representantes de los ciudadanos los proponen partidos políticos, que son una pieza esencial para el funcionamiento del sistema. Pero con el paso de los años, la fuerza de la representación ciudadana ha perdido protagonismo en favor del peso del aparato de los partidos.


El fenómeno, hoy, es que existe una mayor desconexión de intereses entre los ciudadanos y las grandes fuerzas políticas. Eso hace que en muchos lugares estén naciendo agrupaciones, asociaciones de electores o plataformas políticas locales cuya propuesta se basa en representar directamente los intereses de los hombres y mujeres de una isla, una provincia o una comunidad. Que esas propuestas tengan cada vez más éxito es culpa de quienes no han sabido atender las demandas y los problemas de las personas.


Los partidos políticos son esenciales para la democracia. Pero no pueden convertirse en un fin en sí mismos. Los representantes de los ciudadanos no pueden anteponer al mandato de los votantes las órdenes de sus aparatos centrales. Eso no afecta solo a Canarias. La España del interior, esa que ahora se llama vaciada, o las comunidades más alejadas del centro político de Madrid, donde residen las sedes de los grandes partidos, sufren los mismos síntomas de desilusión y abandono, que se traducen en el crecimiento de plataformas independientes, como las Mareas, los Comunes o tantas otras, que ya han dejado de ser una novedad. Los partidos locales han existido siempre, pero nunca tantos como ahora.


Agrupación Socialista Gomera ha conseguido poner a La Gomera en el mapa político y económico de Canarias. Y eso solo ha sido posible por la independencia de los representantes que ha elegido el pueblo de esta isla. Los diputados, senadores y altos cargos de ASG no tienen otro mandato, ni otra obligación que trabajar y defender esta isla con uñas y dientes. Y por extensión defender los intereses de nuestros conciudadanos de las islas no capitalinas, muchas veces olvidados en esta tierra. Y haciendo todo esto, estamos construyendo otra Canarias diferente. Una de iguales. 


Los ciudadanos votan para elegir personas que les representen a ellos, no a los partidos. Que defiendan sus intereses, no el de las estrategias de sus dirigentes. Esa es la fuerza que está promoviendo el nacimiento de nuevas alternativas políticas, porque la gente no está contenta con lo que ve en los grandes aparatos políticos.


Creo que el debate ideológico de esos grandes partidos, frentista e inútil, les está poniendo una venda en los ojos y les impide percibir su verdadero problema. Los ciudadanos nos eligen para que trabajemos por ellos. Para que hablemos en su nombre. Para que defendamos su futuro y el de sus hijos. Y si se traiciona ese principio, tarde o temprano, se acaba pagando.