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18:00h. martes, 11 de agosto de 2020
Hace poco más de un mes, aunque parecen años, La Gomera abría todos los informativos nacionales y muchos internacionales. Teníamos el primer caso del nuevo coronavirus en España y nos cayeron encima todos los focos de la atención mediática.

Mucha gente, en aquellos momentos, me expresaba su preocupación porque eso era muy mala publicidad para la isla y porque nos podría hacer un daño reputacional tremendo.


A todas esas personas les dije lo mismo: trabajo y calma. Cuando se está en mitad de una crisis hay que mantener la entereza. Hay que determinar un objetivo, esforzarse para conseguirlo y esperar pacientemente a que el esfuerzo de sus resultados. Como sabe cualquiera que haya trabajado en el campo, las semillas solo dan frutos después de mucho tiempo de riego y cuidados.


Hoy, la isla de La Gomera es un ejemplo de seguridad en la lucha contra la pandemia. Tomamos las medidas adecuadas, solucionamos el foco de la crisis, aprendimos de los errores y blindamos la seguridad y la salud de las personas que viven en nuestra comunidad, aprovechándonos de esa realidad insular que juega en contra de las comunicaciones y el progreso, pero que en el caso de enfermedades infecto-contagiosas lo hace a favor del aislamiento.


Entre aquellos primeros días de crisis y éstos de hoy más tranquilos, pero vigilantes, hay una enorme diferencia. Y tal vez nos sirva de lección para aprender que no hay ninguna situación adversa que no se pueda superar con decisión.


La vida de nuestros abuelos estuvo marcada por la emigración, la posguerra, el hambre y la dictadura. Esos fueron también muchos de los males a los que se enfrentaron nuestros padres, que se deslomaron trabajando para darnos  educación y una vida mejor que la de ellos. Muchos de nosotros no nos olvidamos de esa realidad. Y por eso, en nuestra isla, los mayores no están abandonados a su suerte. Nos preocupamos por crear lugares dignos en los que podamos cuidarlos en su vejez. Porque se lo merecen. Y porque pensamos que un pueblo que no cuida de sus ancianos no tiene alma.


Ellos superaron condiciones mucho peores que las nuestras y supieron legarnos un mundo mejor que el que tenían. Nos dieron escuela y universidad con el sudor de sus frentes.  Y nosotros, en mi generación, luchamos para conseguir instaurar una sociedad democrática que es la que hoy, afortunadamente, vivimos.


Hoy parece que cada crisis es el fin del mundo. Y no es así. Son los retos a los que tenemos que enfrentarnos. Este virus que ha causado tanto dolor y tantas pérdidas irreparables, será vencido. Dentro de un tiempo tendremos una vacuna y un tratamiento efectivo y el Covid-19 pasará a ser un mal recuerdo, como muchas de las tragedias que hemos padecido. Nos habrá cambiado, por supuesto. Porque las experiencias nos hacen aprender de nuestros errores y de eso va, en el fondo, esto de vivir. 


Quiero decir que ni el virus ni la crisis económica que vamos a afrontar deben llevarnos a la rendición y al catastrofismo. Todo lo contrario. Hay que tener la firme convicción de que si hacemos lo que tenemos que hacer, como cuando nos sumergimos aguantando la respiración ante una gran ola, saldremos dentro de poco para respirar un nuevo aire limpio. 


La obligación de los que tenemos responsabilidades públicas es buscar los recursos que necesitemos para asegurarnos de poder soportar las situaciones adversas. Tal y como hicimos con el virus, en La Gomera estamos preparándonos y tomando medidas para absorber el impacto de la crisis económica. Para impedir que afecte a las personas más vulnerables y a las familias en situaciones de dificultad. Y les puedo asegurar que tenemos la capacidad para crear una red de protección en torno a estas personas. Ni una sola se va a quedar abandonada.


Estamos intentando que en Canarias se tomen las mismas decisiones. Hay líderes políticos que compartimos la idea de que debemos buscar los recursos hasta debajo de las piedras para garantizar que las personas con mayores necesidades no sufran los efectos de la pobreza sobrevenida en este año terrible del 2020. Sabemos que el paro se va a disparar, que el cierre de empresas y la caída de muchos autónomos es inevitable. Pero tan seguro como eso es que  Canarias lo superará. 


Nuestras islas son un destino maravilloso. El turismo volverá el año que viene. Y mientras tanto tenemos que trabajar el músculo de nuestra industria, nuestra agricultura y nuestro comercio exterior. Aprovechar el tiempo para hacernos más fuertes en los momentos en que somos más débiles y en los sectores en los que menos hemos crecido. Toda crisis también es una oportunidad para aprender y mejorar. Para no cometer siempre los mismos errores.


Los malos tiempos que vamos a sufrir no van a ser peores que los que pasaron muchos de nuestros padres. Nosotros, como hicieron ellos, los vamos a superar. No les quepa la menor duda. Y el mundo que llegará el día de mañana será mejor que el que dejamos atrás, como siempre pasa.