Buscar
21:09h. Lunes, 17 de febrero de 2020
En mis largas conversaciones con Manolo Padrón, veterinario, hijo y hermano de veterinarios, recuerdo que me decía, entre otras cosas, que un perro no es un juguete, y que lo peor que le podía haber pasado a los perros era haberse puesto de moda.

Parece ser que el artículo, sobre Juan de Mariana, lleva camino de no escribirse, pero una vez más los imponderables se han cruzado en el camino. Esta vez la muerte de mi compañera fiel, la muerte de mi perra Gara. Ese era el nombre de mi compañera fiel, mi perra.

Desde pequeño he convivido con perros, es algo que me ha acompañado casi la totalidad de mi vida, y les tengo como parte de mi “modus vivendi”.Debo escribir que el título me lo proporcionaron a partes iguales el escritor Arturo Pérez-Reverter, cuyo libro “Perros e hijos de perra”, tengo en mi agenda de lecturas y también el director de de este medio, José Andrés Medina, a raíz de una conversación telefónica que tuvimos esta semana pasada. 

El perro es un lupoide, o lo que es lo mismo tiene apariencia de lobo, porque desciende del lobo, y como tal todavía lleva en sus genes comportamientos salvajes propios de sus ancestros, como nosotros. Eso hace que ese lobo domesticado, utilizado por el hombre desde la antigüedad, tenga características que forman parte de lo que los etólogos, (los que estudian los comportamientos animales)zoólogos e incluso antropólogos, hablen del cerebro reptiliano, digamos que un primitivo cerebro que rige fundamentalmente por y para el instinto de supervivencia, y ese cerebro primario pese a los siglos, milenios y millones de años de evolución nos lleva a observar una serie de pautas de comportamiento animal, que pese a que el cerebro llamémosle secundario, osea el mas desarrollado, el conectado al pensamiento mas intelectual y lógico sea un músculo más que nace y se hace, que se ejercita y educa, y ahí es donde el llamado “homo sapiens” desarrolla mas sus habilidades, las cognitivas, las del conocimiento. 

Como les decía, he tenido perros en mi casa, desde niño, y también que he aprendido mucho de ellos. Más de uno se asombrará, pero así es, he aprendido comportamientos del cerebro primario siempre presente en los perros, que me han dado reglas de conducta. Por poner varios ejemplos: 
No le quites nunca la comida a un perro mientras está comiendo porque no le gusta y si tiene carácter, y no está debidamente enseñado, te muerde. Y es que con las cosas de comer, no se juega. Eso vale para los humanos.

A nadie le gusta que le roben el pan de sus hijos, como a nadie le gusta que le tomen el pelo con cosas importantes, como es el comer y el beber agua, y por eso el perro si ve que otro animal sea perro, gato, ratón o humano trata de quitarle la comida, como mínimo enseña los dientes a modo de aviso, y después muerde si el intruso persiste en su actitud.

Y este comportamiento es lo que me ha llevado en la vida a enseñar los dientes cuando alguien trata de abusar de mí confianza. A la primera, aviso. A la segunda, directamente a la yugular, como un perro rabioso vamos. Y es que hay perros e hijos de perra que tratan de robarte en tu propia cara, y eso no se puede consentir. 

Otra cosa que he aprendido de los perros, es la teoría del espacio vital. Todo animal necesita un espacio físico donde desarrollar sus actividades y eso va conectado incluso con mi filosofía liberal. Propiedad y libertad van indisolublemente unidas, y por eso el perro, animal territorial tiene su espacio y los hombres tenemos el nuestro. Y cada uno en su casa y Dios en la de todos, como suele decirse.

Comprendo que muchas personas quieran mucho a su perro, pero el perro necesita su espacio, y ese espacio además quizá no sea el mejor un piso o un apartamento de ciudad, entre otras cosas, porque nuestras ciudades se han vuelto agresivas e inhóspitas para humanos y para perros. Alguien me podría decir, que tiene un perro en su piso y parece muy feliz, y yo le podría replicar que sí, pero del mismo modo, que un ser humano puede no gustarle el frío y vivir en Groenlandia, es cuestión de adaptación al medio. Darwinismo en estado puro.

Eso no significa que para un perro que necesita espacio para correr, para realizar sus funciones vitales viva bien en un piso. Vive, pero no necesariamente tiene que vivir bien. Viviría más a gusto en el campo, por supuesto sin tener que ser amarrado, y sin tener que supeditar sus éxcretas a un horario. Obviamente que lo puede hacer, 
pero porque al igual que el humano puede levantarse a las cinco y media, siendo aún de noche, y sentir ganas de ir al cuarto de baño inmediatamente.

Somos ambos animales de costumbres, y unas costumbres se sustituyen por otras, y ello por mera supervivencia y adaptación al medio. Es mas, cuando una costumbre no es buena, debe modificarse por otra menos lesiva, o auto-lesiva. Sí usted y su perro viven en un piso que sepan, que su propiedad puede ser todo lo suya que hayan podido adquirir por justo título y posesión pacífica, pero esa finca que constituye su vivienda, está dentro de otra finca constituida por varias propiedades, con diferentes propietarios o poseedores y que está sometida a reglas de convivencia que vienen definidas por leyes de propiedad horizontal, y su libertad acaba en su finca y en lo que concierne a otros propietarios usted no puede molestarlo con actividades insalubres, molestas o peligrosas, y debe ser consciente de que el animal, como buena especie territorial, marca su territorio, en el caso de los machos con pequeñas emisiones de orín, que puede que a usted no le molesten, pero a su vecino si.

Y en el caso de la hembra marca su territorio rozando las paredes, esquinas y digamos “mojones” que encuentra y que sirven para delimitar su espacio vital. Por tanto un sano y razonable comportamiento, es que tú tengas tu espacio vital y el perro tenga el suyo y tú por muy dueño que seas ni debes invadir su espacio vital, ni el perro tiene porque invadir el tuyo.

En todos estos años que tuve a mi fiel Gara, veranee con ella en casas alquiladas unas veces en Las Rosas, otras en Cruz de Tierno. No recibí jamás queja de los propietarios, ¿y saben por qué? Pues sencillamente porque a mis perros no les permito casi nunca que entren en mi vivienda. Razón de más para no hacerlo en una vivienda que ocupo temporalmente y que además no me pertenece. 82110255_10215619686715205_4356321264600612864_n

Gara tenía su caseta en una terraza exterior que le resguardaba de las inclemencias del tiempo y tenía su espacio en una terraza grande para deambular, y toda una zona tranquila donde pasear, incluso sin correa, porque el animalito aprendió a pasear por un lugar con un tráfico rodado casi inexistente donde ella no representaba ningún peligro para peatones y para conductores, y porque tuve que tener mucha paciencia y tiempo, para desde cachorra enseñarle reglas de comportamiento. 

Hoy en día con un animalismo tan en boga, con una moda por los perros que ha echado a perder tan noble relación entre canes y humanos, con un buenismo letal para el ser humano y para el perro, parece ser que quieren igualar lo que es inigualable, que somos iguales animales, hombres y perros o gatos, y no, no somos iguales, somos seres vivos todos, y en consecuencia con un derecho natural a la vida,pero ni nos parecemos, (a no ser en algunas funciones vitales y en el cerebro primario, el reptiliano),ni somos iguales y en consecuencia no podemos tener los mismos derechos, a no ser y como dije el derecho a la vida y a no sufrir tortura, ni tratos inhumanos o degradantes. 

Desde mi concepción liberal de la vida misma, como comprenderán a mi me trae al pairo, que haya gente que ni respete su propio espacio vital, ni el de sus mascotas, y que los tengan en un piso del que yo no sea vecino, o que les dejen dormir en su cama o hayan tomado posesión de su sofá.

Es su casa y allá ellos, pero desde luego ni me parece normal que un perro o un gato duerma en la cama de sus dueños, porque por muy bien que tengas a tu mascota, convenientemente desparasitada y limpia, tú animal siempre puede enfermarse pese a las medidas profilácticas o preventivas, tú mascota puede coger un parásito, porque estos son oportunistas, y como buenos oportunistas que son pueden pasar de un huésped a otro, y tú mismo puedes ser victima de lombrices o de pulgas.

Va en tu salud, y también en la del animal que necesita su espacio para rascarse si ha cogido alguna pulga, y para desarrollarse. Y los pelos que ese animal deja en la cama o en el sofá, a veces son tan finos y minúsculos , como en el caso de los gatos, que pueden introducirse en las vías respiratorias, y hacer que desarrolles serios problemas respiratorios y/o alérgicos.

Por tanto, no me digan, como me espetó uno, no ha mucho tiempo en un pueblo de Segovia, que “es que el perro es uno más de la familia”. Todo eso fue porque cometí la enorme imprudencia de querer fotografiar a su perro, un bello ejemplar, y claro es que ser de la familia significa que o bien el perro era de la familia de su poseedor o el poseedor era de la familia de los cánidos. Más bien lo último, porque ¿donde se ha visto que un perro acuda a los tribunales por una vulneración de su derecho a la intimidad o por una 
vulneración de la Ley Orgánica de Protección de Datos?

Naturalmente, no hice la foto y le pedí disculpas, pero porque no es que no quisiese entrar en una discusión estéril, que lo he hecho muchas veces y seguramente lo seguiré haciendo, sino porque no iba a permitir que un estúpido que ni estaba disfrutando del campo como su perro, ní el mismo con su malestar,me arruinase un paseo con mi novia, por un quítame allá esas pulgas. El que nace pollaboba, tiene todos los números para morir pollaboba, a no ser que recapacite, cosa que no es fácil a ciertas edades. 

En mis largas conversaciones con Manolo Padrón, veterinario, hijo y hermano de veterinarios, recuerdo que me decía, entre otras cosas, que un perro no es un juguete, y que lo peor que le podía haber pasado a los perros era haberse puesto de moda,ergo no se le podía regalar al niño por reyes un cachorro, y ello por el motivo antes expuesto y porque perro regalado suele ser perro abandonado, bien porque no se valora lo que no cuesta, bien porque la gente es muy consciente de sus derechos, pero no de sus obligaciones, ni de los derechos de los demás, y en ese demás van perros, humanos, e hijos de perra de ambos géneros.

Manolo también decía que él como cazador e hijo y hermano de cazadores, no le gustaban ni los cazadores que maltrataban a sus perros, ni los que los mimaban en exceso echando a perder al perro. Y todos hemos podido ver a esos salvajes cazadores que ahorcan a sus perros en el P. N.de El Teide, cuando ya no les sirven, o que se meten en el primer guachinche de carretera, o gasolinera a mediodía o en las horas inmediatamente posteriores, cuando la canícula mas aprieta y dejan el coche con su remolque y sus podencos al sol, sin agua fresca mientras ellos se “jartan”;o los que meten a sus perros y hurones en propiedades privadas y destrozan los paredones buscando conejos.

La ley debe ser dura con estos animales de dos patas. El perro para el cazador es un bien mas preciado que su escopeta, pero no porque le sea útil, y cuando deja de serlo se le mata o abandona, sino porque es su mejor compañero de caza y vital; porque en justo agradecimiento por los servicios prestados, cuando ya no sea ágil, ni apto para la caza debes procurarle una vejez digna, al igual que a los humanos. Pero el infierno siempre ha estado lleno de malagradecidos.

Y esto tampoco es una diatriba contra los cazadores, a los que se lleva demasiado tiempo ya demonizando injustificadamente. La caza es un deporte noble, que hunde sus raíces también en el instinto de supervivencia del ser humano. ¿Qué ha perdido su carácter original? De acuerdo, pero que siempre y cuando, (y lleva mucho tiempo siendo controlada), lo sea, hace un beneficio al propio reino animal, porque hay animales que carecen de depredadores, o que estos no son suficientes para controlar a la especie cazada.

Además genera riqueza, riqueza animal y riqueza a los humanos que bien mediante la creación de muchos puestos de trabajo en cotos privados, en granjas de recuperación, en toda una industria hostelera, armamentística, agrícola-pecuaria, y hasta de administraciones públicas a las que concierne la competencia.

El cazador no es un delincuente, como me decía mi viejo compañero de caza, D. Evelio Álvarez Dóniz: “Estamos peor vistos los cazadores que los etarras”. Y no sólo tenía razón entonces, es que ahora los etarras mandan y mucho en las instituciones. A las pruebas me remito. Yo fui a la caza, no tanto por tradición familiar,que algún tío lo fue, como por los perros. Me gustaban los perros y me gustaba verlos gozar en el campo, y de ahí a comprar mi primer Pointer inglés, mientras estaba en El Hierro destinado, sólo fue un paso.

Ahora ya no cazo, pero me siguen gustando los pointers, y también los bracos, los setters, (tuve uno,de hecho), y los podencos. Otra cosa es que no disponga de tiempo para ellos, y como no dispongo de tiempo, quizá por eso no vuelva a tener mas perros porque para tenerlos mal o no disponer del tiempo que ellos requieren de nosotros, mejor no tenerlos. Y por último y no es menos razón, la que me dicta el corazón, porque sé que no solamente será muy difícil volver a encontrar un perro como mi fiel Gara, con tantas virtudes genéticas, con tantas aptitudes para el pastoreo, para la obediencia, para la guardia y custodia, para la compañía y para la existencia misma. No es imposible, pero lo que si es muy difícil es que yo vuelva a encontrar tanto tiempo para dedicarle a un compañero, como le dediqué a ella. Un animal soberbio que me regalaron y que nunca abandoné, un animal cuyo criador, D. Antonio Manuel Díaz, recuperador y protector del Pastor Garafiano, ya falleció.

Mí cuñado, León Cobiella Pereyra, (quien diera tantas alegrías a propios y extraños en forma de premios de lotería de Loterías Isla Bonita, y también por su honradez, buen hacer y buen humor), también ha fallecido, y fue él quien a través de su mediación me dio la alegría de que Don Antonio Manuel me regalase tan bello y noble ejemplar. Por ello, y por ellos he escrito este artículo que quiero finalizar con un poema que George Gordon Byron, sexto barón de Byron, conocido por Lord Byron, dedicó a su perro, Boatswain, fallecido de rabia y que es el epitafio más bonito, a mi juicio, dedicado a un perro muerto. Y que reproduzco a continuación traducido: 

“ Cerca de este lugar reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin sus vicios. 

Este elogio, que constituiría una absurda lisonja si estuviera escrito sobre cenizas humanas, no es más que un justo tributo a la memoria de Boatswain, un perro nacido en Newfoundland, en mayo de 1803 y muerto en Newstead Abbey, el 18 de noviembre de 1808. 

Cuando algún orgulloso humano regresa a la Tierra, Desconocido para la Gloria, pero ayudado por su nacimiento El arte del escultor agota las pompas de dolor Y los ataúdes conmemoran a quienes descansan allí. Cuando todo terminó, sobre la tumba se ve no lo que él fue, sino lo que debió haber sido. 

Pero el pobre Perro, en vida el amigo más fiel, el primero en saludarte, el más dispuesto a defenderte Cuyo honesto corazón es propiedad de su dueño Quien trabaja, pelea, vive, respira por él Cae sin honores, sin que nadie note su valía, Y el alma que lo acompañó en la Tierra es rechazada en el Cielo mientras que el hombre, ¡vano insecto!, desea ser perdonado, Y reclama un Cielo exclusivo para él. 

¡Tú, hombre! Débil inquilino de una hora Desmoralizado por la esclavitud, corrompido por el poder Quien te conozca bien se alejará de ti con disgusto ¡Masa degradada de polvo animado! ¡Tu amor es lujuria, tu amistad es un engaño, Tu lengua es hipocresía, tu corazón es una mentira! 

Vil por naturaleza, tu nobleza es sólo de nombre cualquier bestia gentil puede hacerte sonrojar por la vergüenza. Tú, a quien el azar ha traído ante esta simple urna, sigue de largo, ella no se levanta en honor de nadie a quien quieras llorar. Estas piedras se levantan para señalar los restos de un amigo; solo uno conocí y aquí yace.