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05:13h. Viernes, 22 de Septiembre de 2017

No pensaba tener que volver al local donde guardo los muebles viejos de mi tía abuela pero con las prisas de salir que tuve la última vez, me dejé la agenda en el recibidor. 

Claro que tampoco esperaba que volvieran a importunarme pensando que pasaba consulta psicológica y ahí también me equivoqué.

Con la agenda ya en la mano y dispuesto a salir, el timbre sonó de manera intermitente pero igualmente estridente.


– ¿Sí? ¿Quién llama? – intentando parecer una ancianita para despistar si era otro paciente confundido.

– Soy una bonita planta acuática. – dijo la voz de detrás de la puerta.

– ¿Y qué quiere si se puede saber?

– Pues…que me atienda. Me han dicho que tiene un bonito diván y que hace milagros como terapeuta. – aseveró con convencimiento la voz.

Así que viendo que no tenía escapatoria y que ni mi intento de cambiar la voz había resultado tuve que abrir la puerta y allí estaba, la microalga.

– Perdone, pero usted ha dicho que es una bonita planta acuática y tiene toda la pinta de ser una Cianobacteria. – dije molesto por el engaño de mi nuevo paciente.

– Si me deja que le cuente lo entenderá.

– Vale, pero si no le importa y se va a tumbar en el diván espere que ponga un plástico que viene chorreando. – le largué incluyendo una mirada de pocos amigos.

– ¡Ya empezamos! – se quejó molesta.

– Bueno, ya está. Ahora en primer lugar dígame como sabe que tengo un diván y que encima, según usted, paso consulta.

– Pues fue el “1 de septiembre”, coincidimos hace unos días y me comentó que le había sido de gran utilidad y me dio la dirección. – afirmó agradecida.

– Está claro que eso de “no diga que estoy aquí y que no soy psicólogo” no ayudó. Pero bueno, dígame que le ocurre y en que le puedo ayudar.

– Verá señor terapeuta….

– Déjelo en señor. – atajé convenientemente –. Y ahora cuénteme.

– Pues vengo “señor tiquismiquis” en representación de un colectivo que ha sufrido mucho estas semanas. Nos llamamos “Las Microalgas” y, aunque podríamos ser un grupo Heavy de una zona costera, somos un fenómeno de la naturaleza que ha sido maltratado y asediado por la prensa, la opinión pública y los políticos. Cierto es que, a veces, no resultamos agradables a la vista, pero de ahí a decir que provocamos enfermedades mortales nos ha hecho mucho daño.

– Continúe.

– Sin ir más lejos, ya ni microalgas nos llaman. Ahora utilizan para joder, y perdone que sea mal hablado pero es cosa del nitrógeno que ingiero que me sienta mal, nuestro nombre científico que es más feo y se refieren a nosotras como Cianobacterias.

– ¿Y qué problema hay? No me parece del todo feo. – remarqué intentando suavizar su enfado.

– Pues que de esta manera nos hacen parecer peores. ¿Cree que si llegan a utilizar nuestro nombre original habría sido igual de impactante? Porque si no lo sabe, desde siempre se nos ha conocido como algas verdeazuladas. Este nombre, para los que nos han atacado, habría sido más propio de la segunda parte de La Sirenita de Disney.

– Ya veo. – incidí.

– Encima ahora intentan relacionarnos con una prima lejana que tenemos, la Esche. Aunque todos la llamen Escherichia Coli. Luego están los más confianzudos que se creen que la conocen bien y la llaman “E coli”. Ella acostumbrada,  y perdone la expresión pero es que el nitrógeno me da gases y me pone de mal humor, a nadar entre la mierda y a nosotros nos quieren endilgar el “pastel” este de las infecciones y los vertidos. – explicó visiblemente afectada.

– En cierto modo entiendo lo que dice y creo que, bajo mi humilde opinión, lo mejor sería marcharse de estas aguas porque conociendo a esta sociedad, hasta que no haya otro tema ustedes seguirán siendo el caldo de cultivo. – le aconsejé aprovechando tan poco apropiada metáfora.

– ¿Pues sabe qué le digo? – dijo incorporándose (aunque con tanta alga babosa no se puedo incorporar mucho).

– No, pero intuyo que me lo va a decir.

– Que tiene razón. Mejor nos marchamos a otro lugar donde nuestra presencia sea menos criticada ya que aquí solo hay organismos unicelulares asintéticos y proeucariotas.

– No sé qué ha dicho pero me vale si le ha servido de algo mi consejo. Y si ahora no le importa, tengo que secar el piso y marcharme. – dije intentando poner fin a la conversación.

– Vale hombre, solo son unas gotas de nada y además solo provocamos alguna urticaria, nada más. Pero ya me voy.

Así que acompañé al citado elemento hasta la puerta, con varios resbalones incluidos e intentando evitar que me rozara, ya solo por el miedo que me han metido los medios, y le deseé una buena y corta vida allá donde fuera.

– Una cosa más. – dijo desde la puerta- . ¿Tiene usted algún amigo abogado?

– Pues conozco a varios abogados pero prefería no llamarlos amigos, si eso le vale.

– Es que tengo varias denuncias de restaurantes japoneses que aseguran que por nuestra culpa ya nadie pide sopa de algas. – me explicó.

– Si ese es el caso llévelo usted mismo, lo ganará porque nadie la pide igualmente. Buenas tardes y recuerde no comentarle a nadie que ha pasado por aquí. – dije esperando que esta vez funcionara el aviso.

– ¿Bromea? Ese diván es una maravilla…aunque estuviera algo mojado.