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12:36h. jueves, 15 de abril de 2021

Donaciones

“...Those who find ugly meanings in beautiful things are corrupt without being charming. This is a fault. 
Those who find beautiful meanings in beautiful thins are the cultivated. For these there is hope...” 

He querido empezar con un extracto del prefacio de “El retrato de Dorian Gray”, porque es una definición de arte que siempre he encontrado acertada y porque dice lo que tiene que decir sobre aquellos que ven significados horribles en las cosa bellas, a saber, que son corruptos y que ademas carecen de encanto. Esto es un defecto. Por el contrario aquellos que ven bellos significados en las cosas bellas, son cultos. Para esos, hay esperanza.

Así definía al arte, y a sus críticos Oscar Wilde, y creo que sin darse cuenta él mismo, estaba definiendo el arte de vivir. Ese difícil arte que millones de españoles practican este día y estos días donde la sombra de la guadaña, ya ha pasado por muchos hogares, residencias de ancianos y hospitales. 

La muerte no es el final, dicen los legionarios, y los mas valientes se están enfrentando a ella, sin miedo, con coraje. Otros, al calor del hogar también vivimos esperando a que los mas valientes hagan un trabajo por el que no reciben muchas veces ni una sonrisa agradecida, sino el desdén, la incomprensión o incluso el insulto.

Afortunadamente, no todos somos así, y ya se sabe que de malagradecidos está el infierno lleno.. 

Otros desde tierras lejanas o desde tierras más cercanas, desde el confinamiento domiciliario o desde su puesto de trabajo, ponen su granito de arena, su patrimonio, bienes, trabajo, esfuerzo, dedicación, buena fe, amabilidad, afabilidad, su arte en suma, a ayudar a los que sufren, a los necesitados. Estos son los imprescindibles, los que nos dicen como le decían a Wilde que hay esperanza. 

Donar es un acto de liberalidad. Así lo define en su segunda acepción el diccionario de la RAE, curiosamente esa segunda acepción es la jurídica, la del derecho. El derecho no siempre es frio, matemático, calculador, y no lo es porque nace con la vocación de servir a la sociedad, lo mismo que quien dona. Donar es transmitir gratuitamente algo que le pertenece a favor de otra persona que lo acepta.

Sólo un ser abyecto, miserable, ve en una liberalidad un significado espurio, bastardo, bajo. En realidad lo ven así porque cree el ladrón que todos son de su condición. Aquellos que han criticado sin piedad a otros seres humanos, porque han cometido un fallo alguna vez en su vida, son los mismos que critican a los mismos porque en un acto de grandeza que les honra han renunciado a parte de su patrimonio, de sus ganancias futuras, de su trabajo, de su esfuerzo para entregarlo a otros en situación de necesidad, o de riesgo.

Mientras, el miserable es incapaz de donar nada, ni siquiera una sonrisa, una gota de sangre a un semejante.

Me falta por ver a aquellos miserables, gentuza donde las haya que criticaban las donaciones de conocidos deportistas como Cristiano Ronaldo, jugador de futbol que no se tatúa, a la moda, para no tener que dejar de donar sangre, que ha puesto a disposición del Estado portugués sus hoteles que tiene en una “joint venture”, (en un consorcio empresarial), con el grupo hotelero portugués Pestana, y sin ir mas allá de nuestras fronteras a Rafa Nadal limpiando el barro en su Mallorca cuando las últimas riadas, a Pau Gasol, a Messi, y a otros como el empresario Amancio Ortega quien ha realizado múltiples donaciones de sofisticado equipamiento sanitario para la sanidad. A todos ellos se les ha criticado sin piedad, por su generosidad, por su desprendimiento, por su liberalidad.

Pero como decía no conozco una sola donación, ni siquiera de sangre, de sus críticos. Todos sabemos quienes son: los que practican la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, el evangelio de la envidia, tal y como definió Sir Winston Leonard Churchill al socialismo real, léase comunismo. Bueno los comunistas y quienes aplauden el comunismo, eso que se ha dado en llamar y sobre el que he escrito el marxismo cultural.

El propio Marx, era un ser extraordinariamente mezquino. Es bien conocido, que nunca dio un palo al agua, siempre viviendo a la gorra de su mujer primero, la baronesa Bertha Julie von Westphalen,(Jenny), quien vendió hasta sus últimas posesiones para que su Karl, incapaz de buscar trabajo ,siguiese escribiendo, fumando, bebiendo y frecuentando casas de lenocinio.

Después se colgó de Federico Engels, quien era millonario y pagó sus alquileres, le compró una casa y pagaba sus vicios. Hasta el punto de que Federico Engels asumió las paternidad del hijo que le había hecho Marx a su criada, Lenchen, a quien nunca Karl Marx reconoció como propio y se lo endosó a Federico, incluso hasta decidiendo que se llame Freddie, por Friedrich.

Se podrían contar miles de detalles de este filosofo del fracaso y autor intelectual de mas de cien millones de muertos. Pues en eso están los seguidores de la filosofía del fracaso, credo de la ignorancia, y evangelio de la envidia, en echar porquería y encender el ventilador de la mentira sobre aquellos que tuvieron la decencia de trabajar, sacrificarse, crear una empresa, hacerse un nombre, y después cuando la diosa fortuna les sonrió, dedicar su patrimonio material e inmaterial a mejorar la sociedad, a mejorar la vida de todos, a fines altruistas, a ser unos filántropos, a dar lo mejor de si mismos, a sumar, mientras los miserables desde su escaño, su chalet con piscina, su silla de ruedas mental, su corrupción endógena, se dedican a restar alimentando los mas bajos sentimientos humanos, engordando su lista de pecados capitales y revolcándose en su miseria patológica. 

Quiero terminar este artículo con una nota mas esperanzadora, y sobre todo un sentido agradecimiento a una institución, un organismo autónomo de la Consejería de Sanidad, y unas personas que son sus trabajadores, todos, desde limpiadoras hasta personal de administración y servicios y el personal sanitario que en estos días, arriesgan su salud y su vida por todos nosotros, yendo a trabajar cuando todos los demás o no vamos o lo hacemos desde la seguridad del hogar, como es mi caso.

Me refiero al personal del Instituto Canario de Hemodonación y Hemoterapia, institución con la que humildemente colaboro donando plaquetas y plasma desde hace al menos que yo recuerde, catorce años. A ellos, que están en primera línea de batalla contra el virus, a Cristina, a Carlos, a Dani Quintero, a mi paisana Rita Torres, a Juan Estevez y a todos que no son ni primeros, ni últimos porque todos son necesarios, daros las gracias por todo lo que habéis hecho y estáis haciendo y sobre todo por afianzar una creencia que ha arraigado en mí y es cada gota cuenta, cada bolsa es importante, salva, cada donación es vida.

Por eso y por mucho más, espero seguir conversando con vosotros, intercambiando opiniones, sentimientos de gratitud, mientras unas bolsas rojas y amarillas como los colores de nuestra bandera van pintando de color esperanza, y haciendo la vida de otras personas mas bella, mas hermosa, mas digna, mas cómoda, dentro del infortunio que supone la ausencia de salud.

Gracias a Dios estáis vosotros y los que siempre están dispuestos a dar una gota de su sangre por quienes la necesitan. Dice el Talmud, el ibro sagrado de los hebreos: “Quien salva una vida, salva a la humanidad”. Tan bellas palabras carecerían de significado, si no existiesen gente que como vosotros estáis dispuestos a sacrificar vuestra salud por una causa noble. Ni todo va en el sueldo, ni una liberalidad debería ser nunca criticada.