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04:41h. sábado, 25 de septiembre de 2021

La ruina del Cambio Climático

¿Dejaremos a nuestros nietos un planeta habitable o un planeta en ruinas del que tendrán que salir huyendo en busca de otro hogar?

Hoy ya casi nadie es capaz de negarlo, pero en su día políticos como George Bush, Aznar o Rajoy dijeron que el cambio climático era un invento de algunos empeñados en arruinar el furor del capitalismo, depredador de recursos y contaminante.

Pero ahora que hemos perdido el invierno, ahora que la lluvia ya nos visita, ahora que el nivel del mar comienza a crecer por el deshielo ya las opiniones son casi unánimes. Hasta el Papa Francisco y el secretario general de la ONU ponen el acento en este difícil tema para la humanidad, pero lo cierto es que no hacemos lo suficiente.

El 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado, lo ha confirmado hasta la NASA. Aquí en Canarias, donde dependemos tanto del turismo, dentro de cuatro o cinco décadas la subida del nivel del Atlántico podría arruinar playas y poblaciones cercanas al agua. El clima se está volviendo tropical, las lluvias son esporádicas y generan daños como el pasado octubre, incluso vienen tormentas de verano con aparato eléctrico que dañan los cultivos.

¿Cuál será nuestro futuro? Para Canarias, como para todo el planeta, el cambio climático será inexorable. Poblaciones costeras como la ciudad de Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Arrecife, Santa Cruz de La Palma, etc. podrán padecer grandes dificultades en la medida en que algunas zonas podrían quedar anegadas. Los expertos hablan de la fusión de los glaciares, la subida del nivel del mar, el ahogamiento de las pequeñas islas oceánicas, la muerte de los arrecifes de coral, el incremento de tormentas e inundaciones.

La grave sequía introduce de lleno el problema de administrar el agua potable, recurso cada vez más escaso mientras la población mundial sigue su loca carrera. Muchos países intentan reducir los gases de efecto invernadero, pero otros se niegan a cumplir su parte. Putin ha dicho que el temor occidental al cambio climático es mentira y está pensado para frenar el desarrollo industrial de países como Rusia, India, China o Brasil. Dice que las temperaturas más cálidas permitirán a los rusos gastar menos en abrigos de piel mientras que se cosechará allí más trigo. 

Sabemos que los periodos de sequía son frecuentes. Fuerteventura fue el granero del archipiélago y hoy es un territorio árido. Ahora mismo las presas de Gran Canaria están vacías porque hace muchos años que casi no llueve en las medianías y en zonas de agricultura intensiva como la isla de La Palma el problema es serio, este invierno tan seco reducirá la producción de papas, disminuirá el rendimiento de la viña, hará que falten productos en los mercados con la consiguiente subida de precios.

En Gran Canaria se aprecia que en los últimos años las lluvias se han desplazado desde Telde hacia el sur, y raramente llueve en el casquete central, donde están las presas. La falta de agua ha vuelto a disparar las alarmas en el sector primario, especialmente en el Valle de Aridane, donde la situación está volviendo a ser crítica, según confirmó el presidente de la Asociación Palmera de Agricultores y Ganaderos (ASPA), Miguel Martín.

El que se estén registrando en esta época temperaturas equivalentes a las del verano, sin que se produzcan precipitaciones, está obligando a regar y perjudicando el cultivo de cereales y forrajes. Esta sequía supone gran daño para los ganaderos, dado que al carecer de forrajes locales, tienen que comprarlos en el mercado, lo que eleva el coste de la producción. Una de las claves del éxito del consumo del queso palmero es que ha conseguido estabilidad de su precio en el mercado, que se podría ver perjudicado por situaciones de esta naturaleza. Los gastos imprevistos pueden arruinar muchas explotaciones ganaderas porque su actividad dejaría de ser rentable, y las previsiones apuntan a que la falta de lluvia se prolongará en todo lo que resta del 2016.

Esta sequía perjudicará también al sector platanero, dado que las altas temperaturas pueden propiciar que se adelante la fruta y saturen el mercado, generando la caída de los precios. Una sequía similar se vivió hace 5 años, entre 2011 y 2012, donde hubo unos 18 meses sin lluvias. Meses en los que las precipitaciones fueron escasas y en una sociedad cada vez más laica ya no se convocan las antiguas rogativas en las iglesias, con invocaciones a los santos para que volviera el aguacero. Sin embargo, el arzobispo de Barcelona ha pedido a sus sacerdotes que recen para que llueva. Los habitantes prehispánicos también realizaban rituales para favorecer la lluvia, como muestra la fiesta de La Rama en Agaete. 

Durante la última gran sequía, en el interior de la Caldera de Taburiente laderas de amagantes, codesos, tagasastes y pinos aislados se perdieron por falta de agua. Incluso en las cumbres donde había fuentes, la faya y el brezo se fueron secando, hasta desaparecer. La media de lluvias en la zona superaba los 800 litros por metro cuadrado al año y se ha reducido de modo considerable. Este invierno apenas han caído 200 litros en el parque nacional.

La falta de lluvias en la comarca oeste de La Palma no solo está afectando a la vegetación que bordea el parque así como la que se encuentra en el interior de la Caldera, sino que además está preocupando de especial manera al sector primario, especialmente en el Valle de Aridane.

La reciente conferencia de París ha puesto en relieve una vez más la división entre los países ricos y los que están en vía de desarrollo, que reclaman el derecho a contaminar para crecer, como hizo Occidente durante décadas. En los Estados Unidos, la presión de la industria petrolera en las políticas climáticas es enorme.

China produce el 25% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y no quiere renunciar a su gran consumo de carbón. India tiene 300 millones de personas que viven sin electricidad, por tanto los objetivos ambientales están subordinados al desarrollo. En Japón, el quinto mayor emisor de gases de efecto invernadero, el desastre de Fukushima ha obligado a revaluar su estrategia energética y ha revivido el uso del carbón, muy contaminante. ¿Dejaremos a nuestros nietos un planeta habitable o un planeta en ruinas del que tendrán que salir huyendo en busca de otro hogar?