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19:13h. Lunes, 20 de Agosto de 2018

El capítulo gomero en la Guerra del Asiento

En abril de 1731 el bergantín “Rebecca” fue abordado frente a las costas cubanas por un guardacostas español al mando del capitán Juan León Fandiño. Sospechaban que la nave inglesa iba cargada de material de contrabando.

Su capitán, Robert Jenkins, fue capturado, y aunque el capitán español no pudo encontrar nada, cuenta la leyenda que ataron al mástil al desdichado inglés y le cortaron la oreja. El gobierno inglés exigió compensaciones a Madrid sin llegar a un acuerdo, y en plena indignación patriótica declaró la guerra a España.

Esa leyenda es falsa, y bajo ese pretexto el  gobierno inglés declaró la guerra en 1739. La guerra en el lado español llevaría el nombre de “Guerra del Asiento”, en el Reino Unido fue llamada “Guerra de la oreja de Jenkins” y en las colonias británicas de América se conoció como “La Guerra del Rey Jorge”. Jenkins se presentó con su oreja en un frasco en pleno parlamento y aunque su “terrible experiencia” tuvo poco que ver con las causas reales, a los ingleses les convenía publicitar la crueldad española en las colonias de Sudamérica, lo cual era irónico teniendo en cuenta que una de las cosas por las que Gran Bretaña iba a la guerra era el derecho a seguir vendiendo esclavos africanos en América. Pero el principal objetivo velado era obtener una plaza en el continente americano y con ello cortar las comunicaciones con la metrópoli. La idea era degastar a España hasta su derrota final.

La guerra duró nueve años, y en ella un imperio español en plena decadencia dio lo mejor de sí mismo contra el nuevo amo del tablero: el imperio Británico.

A partir de 1742 la contienda se fusionó con la guerra de Sucesión Austríaca, hecho que hizo que los ingleses se apremiaran para el asalto a la América continental. El lugar elegido  fue Cartagena de Indias. El choque iba a suceder en 1741. Los ingleses sufrieron una humillante derrota en ese intento. Tanto que lo olvidaron aposta de los libros de historia, por aquello de la afrenta. La flota británica, al mando del almirante Vernon, de 186 naves y casi 27.000 hombres, se estrelló ante la guarnición española compuesta por unos 3.500 hombres y seis navíos de línea. Don Blas de Lezo fue clave en la victoria española en el Caribe. Su cuerpo maltrecho por el desgaste de las batallas libradas (era cojo, manco y tuerto) escondía una mente brillante a la que los ingleses no pudieron quebrantar.

Dos años más tarde otro almirante puso sus ojos en las islas Canarias. Con la entrada de la Guerra de Sucesión Austríaca, el teatro de operaciones se había trasladado a Italia. La idea era la misma: cortar las comunicaciones entre América y la península ibérica. El plan era tomar una isla y establecer una base permanente donde hacer la guerra de corso contra la Flota de Indias. La isla elegida era La Gomera.

Entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 1743, el almirante Charles Windham se presenta ante San Sebastián de La Gomera. Las tres naves británicas, de 70 y 60 cañones, apuntan contra la frágil población gomera. Los ingleses sumaron una fragata corsaria de 24 cañones que habían capturado en el viaje desde Inglaterra a Canarias. Con todo este arsenal, bombardearon  las endebles defensas de la isla. Frente a la todopoderosa “Royal Navy”, el alcalde mayor de la isla solo puede oponer unas milicias sin preparación, que tan solo contaban para su defensa con 15 piezas de artillería desfasadas, útiles de labranza y un puñado de fusiles.

Windham, sintiéndose vencedor al ver las escasas defensas de la Isla, envía una carta con el pliego de condiciones para la rendición total. Las cláusulas eran muy humillantes para los gomeros. La respuesta no se hizo esperar y daría la vuelta a Europa. La frase del comandante de la Isla, don Diego Bueno, era digna de resaltar:

¡Por mi patria, por mi ley y por mi rey, he de perder la vida, y, así, el que tuviere más fuerza vencerá!"

Pero hagamos un resumen del ataque casi telegráfico.

Windham fue divisado desde los altos de Vallehermoso y Chipude. El 29 de mayo al anochecer aparecen en el horizonte al norte de la isla de La Gomera. La madrugada del 31 llegan a la rada del puerto de San Sebastián. Windham envía la carta y recibe una negativa por parte de Diego Bueno (alcalde mayor de La Gomera). Durante los dos días siguientes se produjo un intenso cañoneo. Los ingleses intentaron desembarcar el 1 de junio a San Sebastián. Los ingleses creían contar con el factor sorpresa pero sufrieron un revés. No contaron con las comunicaciones internas en La Gomera. El Silbo jugó un papel fundamental, ya que fueron avisados todos los hombres mayores de 16 años que eran capaces de portar un arma. Los gomeros habían dado la vuelta a la situación. La sorpresa caía a manos delas tropas de Felipe V.

Los isleños, conocedores del terreno, supieron esconderse antes de que los barcos llegaran a San Sebastián. Los ingleses no calcularon acertadamente el número de isleños contra los que se enfrentaban, ellos solo veían una desvencijada villa. Fusiles en mano, los ingleses -quienes se calcula que eran entre 300 y 350- intentan tomar al asalto la plaza.

Los gomeros, por su parte, llegaron a reunir unos  1525 hombres. Al contemplar que en la playa les esperaba toda la isla, el capitán inglés vio lo que se le venía encima y tuvo que recular, huir, retroceder cañoneando a la retaguardia para asegurar su vía de escape. Esa huída supo a victoria para un pueblo que se unió para luchar contra un enemigo que era el mismísimo Goliat, la amenazante Royal Navy inglesa. Windham salió con el rabo entre las piernas, atrás dejaba una maltrecha villa que había sufrido la ferocidad de un cañoneo. La victoria fue tan inesperada como milagrosa, con lo que en la iglesia de la Asunción de San Sebastián de La Gomera podemos ver un fresco que recoge este ataque y el retablo del Pilar, donde hay un retrato de Diego Bueno en actitud orante.

La Gomera tuvo su episodio en la Guerra del Asiento, pero este hecho se olvidó, y somos unos pocos quienes con mucho esfuerzo queremos volver a ponerla en el lugar que se merece. Hoy, la Asociación Cultural Blas de Lezo, a la cual tengo el honor de pertenecer, ha hecho como propia este hecho histórico y está contribuyendo a su difusión fuera de las islas. Una historia que, como cuenta el escritor Carlos Fernando Hernández Bento, autor de '1743. La Royal Navy en Canarias', refleja la naturaleza de los gomeros ante la adversidad. En estos días estamos cumpliendo 275 años de esta gesta, un aniversario en el que los “jocicos del diablo”, los enemigos del rey de España, tuvieron una cura de humildad.

Carlos Jesús Pérez Simancas