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domingo, 02 de octubre de 2022 05:18h.

La estatua ( Por Carlos Jesús Pérez Simancas)

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El día que la consejera Elena Meneses, se puso en contacto con mi abuelo, para decirle que el pleno del Cabildo Insular de La Gomera, había aprobado la colocación de un busto conmemorativo a su vida, me llamó por teléfono. Y me dijo: ¿Por qué me ponen una estatua a mí si sólo soy el hijo de Pepe "el Chico"?.

Hace unos días el Cabildo de La Gomera, colocaba una estatua en honor a mi abuelo. Hasta Tecina llegaron personalidades públicas, de muchos estamentos sociales y gente particular. Fue un día de mucha emoción, alegría y espacio para las anécdotas. Pero, les contaré una de tantas historias alrededor de esa estatua.

El día que la consejera Elena Meneses, se puso en contacto con mi abuelo, para decirle que el pleno del Cabildo Insular de La Gomera, había aprobado la colocación de un busto conmemorativo a su vida, me llamó por teléfono. Y me dijo: ¿Por qué me ponen una estatua a mí si sólo soy el hijo de Pepe "el Chico"?.
Así que durante un rato empecé a desglosarle las razones por la que él tiene un busto en la curva de Tecina.

Primero, es Medalla de oro del Gobierno de Canarias. O sea el parlamento de Canarias, lo reconoce como uno de sus hijos más ilustres por su contribución a la sociedad.
Segundo, tiene tres premios méritos humanos de San Sebastián de La Gomera. Dos a título personal y uno colectivo con Protección Civil.

Tercero, la primera emisión de radio que se hace en La Gomera, la hizo él con 20 años. Un transmisor de poco vatios, hecho con una caja de madera, sirvió para retransmitir las fiestas del Carmen en 1953.

Cuarto, la primera retransmisión de televisión privada de La Gomera y diría de Canarias tiene su firma. Esta historia la contaré más adelante, no fueron a la cárcel porque intervino mucha gente. Pero en Tenerife y Gran Canaria estaban muy mosqueados por aquello. Pinchó la señal de la segunda cadena de televisión española, sólo habían dos canales. Y llevó los actos del carnaval de San Sebastián del año 1986 a media Gomera.

Quinto, fue fundador de Protección Civil. Con sus emisoras, por ser radioaficionado, ayudó en numorosas catástrofes. Sobresaliendo el incendio de 1984. Ese día salvó su vida gracias a Vidal Tomé, si no es por la pericia como conductor de Vidal y un gran sentido de la orientación no hubieran salido de aquella ratonera.
Sexto, montó todas las radios locales de La Gomera. Y colocó todos los repetidores de televisión de La Gomera y de El Hierro.
Quinto, fue empresario con un restaurante que fue muy señero: El Tagoror. Tuvo supermercados, una empresa de reparación de televisiones y fue el gerente para La Gomera y el Hierro de Sitecsa.

Sexto, fue empresario musical con la orquesta Chinguarime. Pero antes, y durante muchos años, sus altavoces de Radio Ritmo sirvieron para amenizar fiestas. Mucho antes de la era la orquestas. De ahí que lo llamarán Sito "el de los altavoces".
Séptimo, también fue responsable de la Radio Costera de La Gomera, controlador aéreo del aeródromo de Rodríguez López, el último gerente de Álvaro Rodríguez López, operador de cine, y muchas cosas más...
Octavo, y por lo que se le recuerda últimamente es por fundar Onda Tagoror. Una radio que se convirtió en bandera en La Gomera. Aquí hizo dos hitos. Fue la primera radio española en emitir constantemente en Venezuela, Uruguay y de manera clandestina en Cuba. El otro hito era emitir de manera simultánea un programa de Radio del amigo Francisco Jose Chinea para toda Canarias.

Podría estar escribiendo cosas por la que mi abuelo recibió este último homenaje en forma de estatua. Esa lista se la enumeré aquella noche. Su respuesta fue muy de Sito Simancas. Me dijo: " Pues mira que he hecho cosas".

Bonus track, una última anécdota en el terremoto de México de 1985. Se pasó varios días sentado en la radio localizando supervivientes y llamando luego a sus familiares para decirle que se encontraban bien. O través de otros radioaficionados en Hispanoamérica, hacia que gomeros de allí se comunicarán con su familia de aquí. Eran muy caras las llamadas a ultramar y mi abuelo conectaba de manera gratis ambos lados del Atlántico. Siempre vi gente en mi casa.

No les aburro más que podría seguir escribiendo.
Gracias por leerme,
Carlos Jesús Pérez Simancas