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06:16h. miércoles, 21 de octubre de 2020
"Cuando se llega al punto en que el poder ejecutivo pacta con separatistas radicales y exterroristas, y en la calle se puede insultar impunemente al Jefe del Estado y quemar Banderas, no queda otra que movilizar a la sociedad civil"

En la película así titulada, el Diablo (Al Pacino) tienta al abogado (Keanu Reeves), para que le ayude a traer al Anticristo a este mundo.

Pregunta el letrado: <<¿Por qué intentas convencerme?, ¿Por qué la Ley?>>.
El Maligno responde irónicamente: << Porque la Ley está metida en todas partes. Es el mejor salvoconducto, es el nuevo sacerdocio>>.
Y añade: <<¿Sabías que hay más estudiantes de Derecho en la Facultad que abogados sobre la faz de la tierra?>>. 

<< ¡Estamos emergiendo, estamos triunfando!>>.
<<Vosotros dos –refiriéndose al letrado y a su estupenda hermana-, todos nosotros, absolución tras absolución y tras absolución, ¡estamos construyendo una columna tan alta que partiremos el Cielo en dos y mandaremos a esos a la mierda!>>.

Con esta referencia cinéfila vemos que el demonio también politiza a la Justicia y que aunque al principio se le resiste, finalmente se deja conquistar “por vanidad”.

El sketch peliculero nos pone en suerte la Justicia y su relación con la gravísima situación que sufre este país y que no parece que vaya a amainar.

Está claro para algunos, que las últimas trincheras de seguridad son los Tribunales de Justicia. Pero… ¿Están preparados para tan noble misión?
Los objetivos constan en las previsiones legales vigentes: defensa ante los delitos contra la Administración Pública, contra la Administración de Justicia y delitos contra la Constitución. En este último título, la defensa de la Corona y de España.

En Europa se piensa que tenemos equipaje legal suficiente, pero que éste no se transmite fielmente a los hechos en los procesos judiciales cotidianos.
No podemos, como le ocurre, al abogado de la “peli” abandonar. Podemos y debemos pelear contra nuestros demonios familiares históricos, y ganar: somos más y mejores.

Cuando se llega al punto en que el poder ejecutivo pacta con separatistas radicales y exterroristas, y en la calle se puede insultar impunemente al Jefe del Estado y quemar Banderas, no queda otra que movilizar a la sociedad civil y crear dispositivos desde la iniciativa privada, para proteger nuestra forma de vida.

Las mencionadas infracciones no pueden salir gratis. Pactar con el Diablo tiene un precio y las facturas deberían ejecutarlas los Juzgados de Instrucción, previa denuncia de la Sociedad Civil.
¿Quién le pone el cascabel? Si no hay nadie, habrá que inventarlo.

Nota de autor: Dedicado a las Pilares y a la Benemérita en el día de su Patrona.