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21:36h. viernes, 07 de agosto de 2020
"Nos hace pensar, valorar lo que tenemos, aprender de las personas que aportan cosas buenas e ignorar a quien solo sabe poner palos a las ruedas"

En mi cita quincenal con los lectores de Gomera Actualidad hoy dejo mi reflexión sobre el Coronavirus.
El maldito bicho también tiene su parte positiva, nos hace pensar, valorar lo que tenemos, aprender de las personas que aportan cosas buenas e ignorar a quien solo sabe poner palos a las ruedas.

Espero (aunque tengo mis dudas) que cuando este tsunami pase, hayamos aprendido a ser más humildes, más solidarios y mejores personas.

No nos dimos cuenta. Un día despertamos y comprobamos con tristeza la riqueza que poseíamos y no nos dimos cuenta.
Íbamos por la vida a la carrera sin pensar en nadie que no fuéramos nosotros mismos
Si veíamos catástrofes… como quedaban lejos ¡no lo echamos en cuenta!
Vimos como el mar era la tumba de la vergüenza, sepultura de personas que huían de la guerra.
Cuerpecitos de niños ahogados a la orilla de la playa quedaran siempre en las retinas de los que vimos atrocidades y miramos para otro lado…¡no era cosa nuestra!.

Lo nuestro era vivir cada uno a su manera, según sus posibilidades pero a cobijo de las tormentas.
Los poderosos navegando en sus riquezas, viajes, fiestas y mirando con desprecio al pobre desdichado que pide una limosna en la entrada de una iglesia.
Los menos pudientes viviendo su día a día esperando un golpe de suerte o quizás alguna herencia que les hiciera emular a los poderosos que navegan en riquezas.

Pero ahora nos damos cuenta lo que es la riqueza

Tener salud, estar con la familia, salir a pasear libremente sin miedo ni temores, compartir con los amigos mantel y mesa comentando acontecimientos y también alguna anécdota.
Compartir buenos y malos momentos con esos amigos que quieres y echar unas risas cuando el chiste o la broma lo requieren. Para mí, amigos míos eso es la riqueza.

Y ahora que por culpa del bicho todo lo hemos perdido, ahora nos damos cuenta
De lo frágiles que somos, que aquí estamos de paso, de poco sirven las riquezas ni los egos desmesurados
Lo que más duele son los abuelos que después de pasar por una guerra y posguerra, después de luchar como leones para criar a sus hijos al final acaban en una residencia. Y a causa del maldito bicho se van de este mundo solos, temerosos y sin un abrazo que les consuele.
Un día despertamos y comprobamos con tristeza la riqueza que poseíamos y no nos dimos cuenta.