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19:13h. Lunes, 20 de Agosto de 2018

A falta de escasos 12 meses para el “bautismo” de las urnas, fieles y gentiles se visten los mismos ropajes para recibir el “sacramento de los cuatro años”.

Permítanme ustedes, estimados lectores, esta semejanza con el acto religioso que está hecho desde el profundo respeto hacia aquellos que profesan la fe Cristiana pero que “viene al pelo” para frivolizar un poco y como no, para reflexionar sobre la época en la que nos encontramos. 

Para quienes conocemos “la mecánica” de la Religión, no es necesario explicar que el “repique a primera” significa la primera llamada para la preparación de los fieles a la celebración de la Eucaristía. En política, podría decirse que es lo que ya estamos viendo en la vida diaria de los pueblos, esto es, las primeras voces, opiniones y exigencias varias de aquellos Partidos o sus representantes que, tras las últimas elecciones, al no haber logrado “comulgar” y haber permanecido en un largo silencio, regresan de nuevo con “los ensayos”, los golpes de pecho y las promesas de siempre. Los gentiles. Los que saben que, si bien esa hoja de ruta está más que trillada, continúan con el mismo sistema que repite desde el origen de los tiempos.

También para los “fieles”; aquellos que pese a haber sido ungidos con el crisma para la “salvación” de sus semejantes, han hecho de él, un modelo de progreso para lo personal olvidando rápidamente que la confianza que les fue otorgada era precisamente para ser servidores y no servidos.

Pero como ocurre con cualesquier afición, fe o creencia, todas realizan oportunamente las mismas o idénticas ceremonias; aquellas que meses antes se ponen en marcha para que “el rebaño” continúe con su adoración ciega al líder.

Por tanto, a partir de este primer repique, tengan en cuenta que vendrá el segundo y el de “a dejar” y que, durante este tiempo, escucharán, escucharemos , las “mismas misas”, idénticas promesas e iguales confesiones y muestras de arrepentimiento; todo ello eso sí, sin que gentiles y fieles, algunos de ellos,  reconozcan sus torpezas y sus más íntimas intenciones que no es otra que, seguir “alimentando” el rebaño con el trigo intangible de la palabra. El tangible es el que al final se repartirán, gentiles y fieles. Sigamos pues a “los sacerdotes” de siempre que así nos irá.