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domingo, 02 de octubre de 2022 05:18h.

Al refugio de un preciso café

"El que siembra, a lo loco utopías, sin posible remedio, suele recoger crueles desengaños"

Un inteligente tríptico para cualquiera: Ideas claras, voluntad firme y responsabilidad consciente.

Así, tiene, conserva y demuestra, el que de inmediato, algo, van a saber.Cuando en realidad, asumimos serios problemas, es cuando realmente, principiamos a ser “hombre”.

 ¡No son pocas las múltiples graves complicaciones que a este singular protagonista, persona de pelo en pecho, con cadena de cruz en cuello, a diario, suelen presentárseles!

 El que siembra, a lo loco utopías, sin posible remedio, suele recoger crueles desengaños.

 
Esgrimiendo aventajada sesera, suele exponer sus avezados pensamientos, tanto los escritos en prensa, como los habituales verbales emitidos radiofónicamente, tan sólo utilizando para ello, la fundamental continua defensa de la exclusiva veracidad.

 Y, a pesar de ello, como moral recompensa... ¡cuántas y cuántas inmerecidas decepciones, continuamente, soporta y recibe!

Si por dentro eres tú y, por fuera eres otro, a los ojos de todos, procura ser auténtico, por dentro y por fuera.

¡De esta última manera, a mi premeditada consideración, resulta ser, de cuerpo entero, el personaje a describirles.

 Un incombustible  individuo, distribuyendo vitales energías, al que, sin pararse en nada - ¡es curioso y bárbaro!- , suelen dejar mezquinamente estancado en el paro.

 Todo lo expuesto, viene a cuento, porque, no hace muchos días, imprevisiblemente, recibo en casa, la muy agradable visita de este buen compañero, al que no tenía la venturosa fortuna de conocer personalmente y al que, solamente me unía a él, los analógicos lazos de la articulada comunicación.

 Estas inesperadas sorpresas, de sopetón, te causan verdadero aspaviento  e inquietud, máxime, cuando viene a tratarse nada más y nada menos que del dinámico Director de este analógico Diario, Don. José Andrés Medina.

 
Ante mis alucinados ojos, un ingenioso y lozano joven, plenamente avivado, de acuerdo con las actuales costumbres renovadas, totalmente revestido de confortable sencillez, sosegada humildad y desbordante cordialidad.

 Si, por sus atinados artículos múltiples, eruditamente ubicados dentro de los ilustrados límites de los más avezados editores, tenía una cierta idea de su marcado temperamento privativo, nunca pude llegar a imaginarme que de su temperamental llaneza y sazonada naturalidad, emanase esa prodigiosa fuente de la incondicional, positiva y afanosa apegada amistad.

 

A su afanoso lado, se pasan unos fulminantes instantes de placenterísima charla, hablando, sin detención,  de lo divino y de lo humano.

 
Al paladar de un suave cafecito, protocolaria bebida de hospitalaria atención, constantemente, sale a relucir su denodada lucha por los apetecidos intereses de su amada Gomera, combatiendo a  brazo partido contra viento y marea, en busca de bienhechoras soluciones, de algunos milagrosos remedios que sean capaces de poner punto y final a los tantos  conocidos desmadres, apócrifas injusticias, liberados abusos, así como de las amargas secuelas producida por la terrible crisis que en los vigentes momentos, todos estamos intentando probar a sobrellevar.

 

Una neta preocupación insondable, por el total restablecimiento lozano de su extraordinaria colaboradora, Yolanda, sobremanera le embarga, acerbamente, le desconsuela y aflige.

 

Bastante satisfecho por el difundido rumbo que “Gomeraactualidad”, está tomando, agradece de todo corazón la desmedida buena colaboración de cuantos en él participan, teniendo un curioso apartado para la ingente pluma del competente colaborador, Rosendo Fragoso, y animando a un servidor, para que siga con la mano fija en el aferrado arado de la dilatada comunicación,  sin nunca volver la vista atrás y a la liberal expensa de su benévola consideración.

 

                        Una hechicera visita,

                        con entrañable esperanza:

                        ¡en el alma queda escrita,

                        la dulce ilusión bendita

                        de esta espontánea enseñanza!

 

                       Los lazos de una amistad,

                        nunca se deben romper:

                        ¡afecto, sinceridad,

                        se vienen a reflejar

                        en el amigo, José Andrés!

Y... como es practicada costumbre anual ya, por vacacional traslado isleño, tengo que despedirme de todos ustedes, por lo menos, hasta mediados del próximo mes de Noviembre, en el que, si Dios nos da salud y vida, prorrogaremos nuestros digitales lazos comunicativos, tal como invariablemente, lo veníamos realizando:

¡Dándoles la soberana de las más pesadas tabarras!

¡Hasta entones, de corazón, les ofrezco   los más entrñables saludos de sincera amistad!