Buscar
04:25h. Domingo, 23 de Septiembre de 2018

¡Hola a todos! Aunque parezca mentira, pertenezco a ese numeroso grupo que votó masivamente para expulsar a Adara y lo consiguió con más seguridad que las casi terceras elecciones españolas. 

Agradezco profundamente al equipo de Mediaset que la noche del jueves no tuviera que apretar mí ya desgastada tecla del mute como en otras galas cuando hacen partícipe a la familia completa de Adara en plató. Trece galas después habéis captado que todos los improperios gratuitos, faltas de respeto, celotipias, psicosis y demás no me hicieran creer que estaba naciendo la versión española de Saw, pues esta edición de Gran Hermano ya daba más miedo. 

No podía esperar más de una entrevista de Adara, habiendo seguido su básico vocabulario durante el concurso, el libro que sus fans le van a tener que regalar deberá ser más amplio que la Larousse de los de Meritxell, aunque quizás a esta última le adjuntaría un globo terráqueo para que mientras se deleite con una buena cuajada valenciana averigüe dónde queda Francia, y dónde Marruecos. 

Durante la gala muchos pensamos que el oso panda conocido como el notario de Telecinco, hacía el encendido navideño, pero no… era Bárbara, la antigua Francisca que no tuvo tiempo de pasarse por los tutoriales de maquillaje. Luego en plató, nos volvió a demostrar que si había estado siguiendo al dedillo el programa desde su abandono, a pesar de su habitual chabacano guión, se enfrentaba a una Clara que desde su expulsión había estado pidiendo su teléfono para ponerse en contacto con ella, lo siento por la falta de reciprocidad, esperábamos un respeto, y no un símil de una sesión de control del Congreso de los Diputados.  

La parte más sincera de la gala del jueves, se la debemos al riguroso equipo del control de sonido, dónde oímos durante una publicadad a un Jorge Javier Vázquez arrancando de su alma lo que padecemos quienes vemos el 24 horas sobre Meri, “Alain va a tener que estar pagando toda su p… vida por algo que pasó hace un mes” “ES UN COÑAZO DE TÍA” “ES UNA PESADA” “ES UNA BRASAS”, aunque JJ en un pueril ataque nos intentase colar que los abucheos hay que saber gestionarlos, era imposible no hacerlo descojonándote de todo el circo montado, escuchando los abucheos hacia Adara a la par que leía los comentarios de las amenazas de apagón GH. No sabría decir que me hacía más ilusión estas navidades, si la expulsión de Adara o que se formase gobierno antes de acabar el año. El caso es que “habemus finalistas”.

Y si señores, Meritxell entró entre ellos, ojalá que dure lo mismo que el hielo de un whisky a Joaquin Sabina. 
Llegados a este escenario, me decanto por una final entre Beatriz y Miguel. Siempre en los diecisiete años que llevo viendo este programa, he sentido predilección por los que como decía la jefa Mercedes Milá, en su fugaz despedida en la primera gala, las cualidades que más admiraba en las personas son la VALENTÍA  y la GENEROSIDAD.

Miguel es un concursante que cumple esos requisitos, se desnudó con coraje a una audiencia que siempre pide que compartan con ellos todo lo que se piensa y siente dentro de la casa. Se enfrentó a un esmirriado Pablo que expulsó, se enfrentó a una Bárbara que por aquellas semanas aparentaba cierta vulnerabilidad. Aunque Adara tirase o no la silla también se enfrentó a ella con la máxima educación, sufrió al igual que su madre en la noche familiar, con la nominación y calificativos indeseables de la tía de Adara, que desde que tuvo la oportunidad se defendió a través de su blog el cual les invito a leer todas las entradas.

Ha vivido su concurso con intensidad, nos ha hecho reír en muchísimas fiestas, imitando anuncios de televisión, sus clases de bailes, sus dotes culinarios de súper chef gallego con el pulpo que se ganaron en una prueba, su amistad con Clara es ineludible quizás para Miguel es de las cosas más importantes que se lleva de la casa. 

Este programa invita al deporte nacional: juzgar con grandes prejuicios. Cuando vimos a Miguel retirarse el peluquín, no tardaron en mofarse con montajes que circulaban más veloces que el AVE. Al principio podían hacer gracia, reírse de uno mismo es hasta sano, pero cuando se usa como arma para aplastar su personalidad, para opacar su brillo, deja de tener su aquel. No somos nadie para juzgar los complejos que puedan llegar a sentir otras personas, como concursante podemos apelar a su forma de despojarse del mismo, pero no la inferioridad que le provoca. Quizás a ti que lees este post, la falta de pelo no te ocasione desventajas en tu vida, pero quizás si algunos kilos de más, una estatura o una nariz pronunciada… ¿quiénes somos nosotros para valorar un tema tan delicado? 

En su lugar, yo premiaría a una persona que ha vencido sus temores y ha llegado lejos profesionalmente, llegando a triunfar internacionalmente creciendo como persona en el programa y manteniendo su humildad. 


GRACIAS MIGUEL POR EL GRAN CONCURSO QUE ESTÁS HACIENDO EN ESTE GH17.