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14:26h. martes, 19 de enero de 2021
“Sí, la amistad como esencia de la vida, como parte que no arde con el paso del tiempo sino que permanece y se asienta, intocable para las llamas del tempus fugit. ¿Sus protagonistas? Ellos, sólo esas pocas personas que realmente influyen en tu vida, te mejoran y saben cuándo acudir y cuándo deben esperar, guardianes de algo puro, incorruptible porque nos es necesario para transitar por este río intranquilo de la vida cuyas cascadas hacia el vacío nos ponen a prueba cada día.”

No sé ustedes pero uno, a medida que envejece, ve de forma mucho más diáfana las cosas realmente importantes de la vida. Se intuye en los años mozos pero el barniz de lo vivido les da una solidez que confirma lo que pensabas tiempo atrás, cuando todo eran dudas y esperanzas.

La satisfacción del trabajo bien hecho, herencia clave de lo que me transmitió mi padre, el ayudar al que lo necesita, la amistad, el amor, … todo ello constituye mi combustible vital para mover el motor de este junta letras que soñaba con ser futbolista y que acabó siendo profesor.  Ya ven, la vida me regateó porque hay sueños que conviene dejar atrás, centrarte en lo que eres y no en lo que deseaste ser.

Suena el teléfono móvil y aparece el nombre de un ser querido. Las letras que configuran ese nombre activan un proceso intenso y esbozo una sonrisa antes de coger el teléfono. Nos llamamos de una cierta forma, unas letras y unas sílabas, pero no somos conscientes del poder de esa combinación en otros seres, ésos que nos conocen y nos quieren, ésos que nunca se van. Sabes el nombre que te pusieron pero no sabes el nombre que tienes, decía el gran José Saramago, haciendo ver que un nombre no identifica a una persona ya que ésta es mucho más, algo más complejo y, por lo tanto, algo más difícil de nombrar. ¿Sabemos qué palabra nos define realmente?

Suena el móvil, decía,  y es mi amigo Ángel Polo, Polo para buena parte de la gente que trabaja con él. Falta poco para su cumpleaños y cuenta conmigo para ir a cenar en un grupo de menos de séis, cosas de la COVID, respetando las medidas legales para proteger la salud de todos y la salud de la hostelería, sector que sufre como nadie en este segmento de no vida que nos ha tocado vivir.

Agradezco la invitación y veo que, además de mi hijo, hay gente que me quiere, con mis innumerables defectos y algunas virtudes, y que aprecia mi compañía en un día especial. Reflexiono al respecto y pienso que, para cierta gente, no soy mala persona y que ellos son importantes para mí.

Hace ya tiempo mi amigo Sixto Navarro, gomero de Erquito, maestro y profesor de francés, aprendiz de muchas cosas y conseguidor de muchas otras, me invitó a comer a su casa. Él y su novia Tere son los anfitriones por antonomasia y se nota en sus miradas que disfrutan más haciendo feliz a los demás que a ellos mismos. Sirven comida y copas, sonríen y cuentan cosas, escuchan y piensan, dando siempre un consejo válido, apreciable por práctico, básico por generoso.

Sí, la amistad como esencia de la vida, como parte que no arde con el paso del tiempo sino que permanece y se asienta, intocable para las llamas del tempus fugit. ¿Sus protagonistas? Ellos, sólo esas pocas personas que realmente influyen en tu vida, te mejoran y saben cuándo acudir y cuándo deben esperar, guardianes de algo puro, incorruptible porque nos es necesario para transitar por este río intranquilo de la vida cuyas cascadas hacia el vacío nos ponen a prueba cada día.

Los momentos felices compartidos pero también o, mejor, sobre todo esas tragedias que todos pasamos y que nos toca vivir, esos instantes donde todo se derrumba y aparece la forma o la voz de aquéllos que sabías que estaban ahí aunque hacía tiempo que no los veías. Sí, ésos que acuden cuando los llamas en los buenos momentos y que acuden sin ser llamados en los malos momentos, que diría Óscar Wilde.

Hay personas que suman y que nunca restan. Hay seres que caminan por la tierra con la mano tendida para ayudar, hay gente que es más que gente, elevándose como pequeños dioses para bendecirnos por haberlos conocido. ¿No me creen? Echen un vistazo a su alrededor y después hacia su pasado y descubrirán a aquéllos que los marcaron, que les hicieron ver que no son mala gente y que, con el paso de los años, siempre están ahí, en la agenda del móvil, cierto, pero también formando parte de ustedes. Sólo hay que mirar con el corazón, dado que los ojos son ciegos para lo realmente importante, frase de aquel escritor-aviador que creó un pequeño príncipe para iluminarnos la vida.

José Andrés Medina, Sixto Navarro, José Rivero, Ángel Polo, Eulises Correa, Alexis Serafín, Jorge Morales, Carlos Segredo, … y muchos otros que seguro que olvido, no por no ser importantes sino por cosas de la edad. Mi memoria ya no es lo que era. Todos ellos fueron, son y serán, en los vaivenes de la vida diaria, en los que hay días que quisieras ser eterno y otros en los que no quisieras prolongar más tu trayecto por ella.

AMISTAD, mayúsculas para ilustrar un sentimiento que nunca es perfilado en minúsculas, palabra que nunca nos viene grande por ser necesaria, maleta enorme que jamás pesa en nuestro camino de la vida, bulto esencial para no ir ligero de equipaje.