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03:43h. Lunes, 20 de enero de 2020
“Allí, y quizás sólo allí, los Reyes Magos no entrarán temiendo una represalia de los republicanos o, incluso peor, sabiendo que la bondad no es la vestimenta de gala de muchos de nuestros representantes y aceptando con resignación que a lo mejor no hay tanto carbón para tanta gente. Y no se les puede culpar. Los de Oriente representan mucho y los otros tendrían que hacer lo propio pero el ego y los lobbys desvirtúan las buenas intenciones y se cae con frecuencia en el interés propio dejando el interés del país para, en el mejor de lo casos, otro día.”

Hace mucho que no voy al teatro. La vida se desliza vertiginosamente cargada de obligaciones y responsabilidades, anulando cierta parte de ti, ese lugar para la reflexión y la calma, ese sitio del recreo que constituye el darte un minuto y respirar bien fuerte. Las aficiones, el “otium” de las clásicos, ocupan un segundo plano muy a pesar tuyo e, incluso, hay amistades poca frecuentadas pero nunca olvidadas porque siempre están y se les espera, que diría Sabino Fernández Campos.

Ir al teatro o al cine ya apenas forma parte de mí. Siento que me llaman, arte visual cargado de palabras, pero las horas son las que son y, para qué engañarnos, la juventud se aleja inexorablemente llevando con ella buena parte de su energía.

Hay un teatro al que siempre acudo, comprando una entrada en cualquier periódico, radio o televisión, y al que asisto fascinado por las historias, sus personajes y sus palabras. La vida, ya ven, está llena de ironías y resulta que los días más importantes para los niños coinciden con los días más importantes para los que van a tener en sus manos las riendas del país. El nuevo gobierno, al parecer, está a punto de formarse y uno asiste atónito y confuso al teatro que se desarrolla en la Carrera de San Jerónimo.

Allí, y quizás sólo allí, los Reyes Magos no entrarán temiendo una represalia de los republicanos o, incluso peor, sabiendo que la bondad no es la vestimenta de gala de muchos de nuestros representantes y aceptando con resignación que a lo mejor no hay tanto carbón para tanta gente. Y no se les puede culpar. Los de Oriente representan mucho y los otros tendrían que hacer lo propio pero el ego y los lobbys desvirtúan las buenas intenciones y se cae con frecuencia en el interés propio dejando el interés del país para, en el mejor de lo casos, otro día.

El sistema político español es representativo, esto es, los ciudadanos eligen a los Diputados que, a su vez, eligen al Presidente del gobierno. No es un sistema presidencialista, como el americano, por ejemplo, y por eso el Congreso debe ser la estructura del poder legislativo, quizás el más importante porque hace de la voluntad leyes y del interés otras leyes que cuesta mucho entender.

Nos guste o no, ése es el sistema que hay y en el panorama político actual se tiende a la dispersión del voto en dos vertientes: en lo nacional según la ideología de cada uno y en lo más cercano según las pretensiones económicas ( no se engañen, sólo es eso) de cada Comunidad. Y claro, así es muy difícil ponerse de acuerdo y más si pactar o ceder supone una derrota para unos representantes apesebrados en el pienso de las mayorías absolutas.

Algunos avisan que se rompe España, incluso hay un Eurodiputado que sugiere una intervención militar o algo parecido. Siempre me ha intrigado el concepto de nación que tiene esta gente. Es algo basado en los símbolos y en las creencias ancestrales, muy respetable, sin duda, aunque carente de sentido social pues parece que los españoles no son España. Hacen una pirueta asombrosa vaciando el ruedo ibérico de buena parte de sus pobladores y se elevan hacia un concepto que si no es etéreo sí que lo parece. El que sufre las consecuencias del sistema no les preocupa. 

Nadie dijo nada cuando Zapatero y Rajoy vendieron la soberanía al cambiar un artículo de la Constitución para hacer prevalecer el pago de la deuda a Alemania antes que el sufrimiento de los Españoles.

Que se insulte al Rey, cosa deleznable y de mal gusto, les parece más importante que el hecho de que un ESPAÑOL cobre 500 Euros al mes por diez horas de trabajo al día o que se permita que se le corte la luz a una pareja de ancianos. Ello no cuenta, no tiene importancia, no es determinante para quienes en el fondo, quitadas las banderas, el himno y la religión, sólo son los defensores de los intereses de los poderosos. Además, si no querían a los nacionalistas y separatistas, ¿por qué no ofrecieron pactar al que parece que va a ser el presidente? España no se va a romper pero el hecho de que la CEOE, el IBEX 35 y algunos otros no quieran estos pactos deja ver muy claramente cuál es la posición de cada uno, es decir, no temen por las fronteras, temen por sus intereses bañados en la avaricia.

Tiene uno la impresión, por otra parte, que los talibanes del Norte y alguno de Sur tienen la sartén por el mango y ya va siendo hora de que se revise la ley electoral para evitar que algunos chantajeen a la mayoría. Si pactaron para entregarle la soberanía a Merkel también pueden pactar para acrecentar el poder de todos los españoles.

El tiempo, juez supremo, determinará hacia donde vamos, negando algo de lo que fuimos y reforzando lo poco o mucho que seremos. El reto es importante y hay que estar a la altura distribuyendo la riqueza y siendo más justos en todo, como harían los Reyes Magos.

Muchos de nuestros políticos no creen en ellos pero yo amo la sonrisa de mi hijo y estoy obligado a creer. Tanto unos como otros pueden dejarnos mucho. Mi parte de carbón la tengo bien ganada pero no me gustaría ver llorar a los niños por no tener regalos ni a sus padres por no poder ejercer de reyes.
¡Feliz noche de Reyes a todos!