Buscar
10:07h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

“Es más, aceptan con estoicismo las políticas neoliberales que son proclamadas como la única alternativa por los medios de comunicación. Las aceptan y se las creen en un ejercicio de dejarse llevar que, para ser sinceros, me esperaba en un país donde Belén Esteban vende libros y el vástago de la Pantoja es alabado como creador musical”.

 

Días de fiesta y celebración. El tiempo pasa y la última Navidad es ya un recuerdo con la fuerza de lo reciente y la certeza de lo que no volverá. Ya sólo nos queda la visita de los Reyes de Oriente, pobre consuelo para el que no sea niño o haya dejado de creer, no le culpo, en la bondad del ser humano.

La más familiar de las fiestas empezó, en esta ocasión, con la llamada fiesta de la democracia. Así lo quiso nuestro presidente, no se sabe si por aunar fuerza emotiva o por la convicción de que la gente vota mejor con los bolsillos más llenos de lo habitual, gracias a la paga extra.

Todo ello, claro está, para el que tenga un trabajo que, como dice nuestra Carta Magna, es un derecho pero como atestigua nuestra realidad es un privilegio. Contradicciones, supongo, entre lo que aguanta el papel, que es mucho, y lo que vemos a diario, que es revelador.

Resulta francamente complicado analizar los resultados de las elecciones generales. Se presentaban éstas como las más importantes en décadas y así lo hacían ver todos los indicadores. Se escuchaba aquí o allá toda una perorata de nuevos caminos por construir o viejos senderos que reformar.

Los españoles han decidido optar por las reformas y dejar para más adelante, o para nunca, la construcción de una nueva vía que marque la senda hacia algo nuevo que, por ello, resulta peligroso o amenazador. Además, las reformas suelen ser más baratas y se trabaja sobre una base conocida. Y ya sabemos que nos encanta la seguridad. 

El bipartidismo (PP y PSOE), representantes de esas reformas que decía antes, prometieron seguridad y ciertos cambios en la gestión, sobre todo en lo que se refiere a acabar con la corrupción. Resulta chistoso, por no decir humillante, que se comprometan a acabar con algo contra lo que nunca lucharon en serio y que formaba parte de su “modus vivendi”.

Y ganaron, aunque, como diría Unamuno, no convencieron o, mejor, cada vez convencen menos. Ganó, sobre todo, el PP, aun llevándose un batacazo importante por, qué duda cabe, los casos de corrupción que han asolado al partido y lo ha cubierto de mierda como una segunda piel.

La crisis económica apenas le pasó factura ya que los medios de comunicación son grandes aliados que transmiten el pensamiento único neoliberal. Y todo el mundo o, casi todo el mundo, se cree eso de la recuperación.

El PSOE perdió mucho pero no lo perdió todo. Muchos vaticinaban un desastre de tal magnitud que haría que el partido desapareciera, fagocitado por la fuerza morada de un partido que sí representa lo que piensan muchos votantes del PSOE.

¿Y los partidos nuevos? Sí que están y, sobre todo, se les espera más adelante. Han irrumpido en el Congreso con fuerza y el cambio político en este país es ya un hecho. Lo que había es ya anacrónico y lo que se estilaba rezuma un olor a rancio que muchas veces era podrido.

Ahora todo ha cambiado y un nuevo aire corre por nuestros cielos, un aire preñado de nuevas ideas. Consensuar y dialogar tendrán ahora todo su sentido y recorrido mientras que antes eran seccionados por el rodillo de las diferentes mayorías absolutas,

No deja de extrañarme ese filón de votos que tienen los dos grandes partidos en muchas partes de España. Partiendo de la base de que cada cual es libre de apoyar a quien le plazca,  resultante chocante lo generosos que son muchos votantes ante los casos de corrupción o ante la nefasta gestión de los recursos públicos. Es más, aceptan con estoicismo las políticas neoliberales que son proclamadas como la única alternativa por los medios de comunicación. Las aceptan y se las creen en un ejercicio de dejarse llevar que, para ser sinceros, me esperaba en un país donde Belén Esteban vende libros y el vástago de la Pantoja es alabado como creador musical.

Cuando, hace ya tiempo, Ruíz Gallardón dijo que “gobernar era, a veces, repartir dolor entre los ciudadanos”, muchos le creyeron sin caer en la cuenta de que solamente se refería a los ciudadanos de la clase media-baja, y que los de arriba, ésos que sacan a pasear el patriotismo cada dos por tres, no forman parte de dicho sacrificio porque son, sencillamente, los que mandan.

Resulta pasmosa la crueldad de los de arriba y la credulidad de los de abajo. Malos mimbres para un futuro mejor.