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03:20h. Sábado, 19 de octubre de 2019
“Es asombroso cómo el supuesto ahorro al no contratar a un profesor es más importante que las lágrimas de unos padres desesperados por darle un poco de esperanza a su hijo. La falta de perspectiva es clamorosa, es más, se yerran los objetivos de forma estúpida o interesada para honrar a ese Dios mercado que todo lo vicia y todo lo pudre, corrompiendo el alma humana hasta llegar al punto de aniquilarla. Buenos trabajadores y buenos consumidores es el mantra de esta mierda que estamos creando. Acuso, que diría Émile Zola, a muchos de ser partícipes de esta monstruosidad”.

Siempre he pensado que si se le preguntase al común de los mortales sobre los sectores a los que debe ir la pecunia recaudada con sus impuestos éste respondería sin pestañear que a la Sanidad y a la Educación. Es más, estoy seguro que el interpelado miraría con ojo extraño, casi crítico, a quien osara pedirle una opinión sobre algo tan evidente y natural dentro de lo simple que es la lógica humana si miramos, precisamente, con ojos bañados por la bondad de la mayoría de las personas. Ya saben, los buenos son más aunque los malos hacen mucho ruido mientras que los primeros tienen muchas dudas, parecen mudos y carecen de referentes de valor.

Leo con tristeza cómo una amiga sufre por un problema familiar o, siendo más justo, por un problema que podría pasarle a cualquier miembro de esta familia que llamamos España. Me niego a llamarla Estado español, como lo hacen muchos para evitar una referencia al franquismo, obviando,por ignorancia, que esa expresión es esencialmente franquista. 

Resulta que su sobrino tiene cierto grado de discapacidad y sus padres están luchando para que su hijo no tenga que abandonar un colegio donde hay aulas específicas para ayudarlo. Como esa aula tiene una ratio(número de alumno por aula) elevada, la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias les dice que busquen otro colegio. Lo más absurdo de todo, y ya que dicho organismo se articula, como tantos otros, por el mercantilismo y el balance económico, es que arreglar este problema sólo supondría contratar a un profesor a tiempo parcial, completando el docente su horario en otro colegio.

¿Sale tan caro eso? ¿A dónde van nuestros impuestos? ¿No les duele ver sufrir a un niño con discapacidad y a sus padres? Si yo tuviera que tomar una decisión así dimitiría al día siguiente porque, sencillamente, me estaría traicionando y negando mis valores. Muchos no podrían decir lo mismo porque no saben hacer nada fuera de la política.

Es asombroso cómo el supuesto ahorro al no contratar a un profesor es más importante que las lágrimas de unos padres desesperados por darle un poco de esperanza a su hijo. La falta de perspectiva es clamorosa, es más, se yerran los objetivos de forma estúpida o interesada para honrar a ese Dios mercado que todo lo vicia y todo lo pudre, corrompiendo el alma humana hasta llegar al punto de aniquilarla. Buenos trabajadores y buenos consumidores es el mantra de esta mierda que estamos creando. Acuso, que diría Émile Zola, a muchos de ser partícipes de esta monstruosidad.

Uno no deja de sorprenderse de cómo lo que se pensaba que debe ser no es o, quizás, fue de otra manera, fiel reflejo de esta vida que es como una carrera de velocidad que pilla a contrapié a alguien que, como yo, siempre fue un corredor de fondo. La falta de empatía de muchos es llamativa y deja mucho que desear en aquéllos cuya misión es velar por los más débiles. Es su trabajo y, por cierto, muy bien pagado. Ese niño podría ser cualquier niño, esa vida que empieza merece un poco de respeto y de amor.

Hace poco leía que el nuevo presidente de Ucrania no quiere que en los despachos de sus ministros y altos cargos esté su retrato sino el de los hijos de cada una de esas personas o de alguien querido por ellos. Pretende que, antes de tomar una decisión, miren a su seres queridos y piensen si lo que se va a firmar los beneficiaría, y esto es lo mejor, si ellos no tuviesen cuotas de poder en el gobierno.
¿No les parece magistral aunque sólo sea un gesto? ¿Pueden imaginar esto en nuestro país? ¿Sí? Pues tienen ustedes una imaginación portentosa.

Tengo la esperanza, mi amiga tiene la esperanza, los padres de ese niño tienen la esperanza, la gente de bien tiene la esperanza de que esto se va a solucionar. No parece muy complicado y no estaría mal como una especie de rito iniciático por parte de los nuevos dirigentes de la Consejería de Educación. Sólo se está pidiendo un profesor para atender a un niño con discapacidad. 

¿Si no protegemos a los niños qué clase de país queremos ser? "Dejad que los niños se acerquen a mí", decía uno que nació en Belén y era de Nazaret. Muchos lo citan de forma hipócrita, pocos siguen sus enseñanzas. Agnóstico como soy, tal hecho me deja perplejo.