Buscar
07:58h. domingo, 28 de febrero de 2021
OSCAR MENDOZA OPINIÓN
“Ven, decía, el presente y el futuro lleno de posibilidades. Encienden su ordenador y es como abrir la Biblia para leer algún pasaje a ese rebaño desconcertado, Chomsky dixit, que espera paciente ese maná para alimentar no se sabe bien qué. Exportan su mensaje, bendicen a sus feligreses y se impone una liturgia de complicidad donde unos ganan mucho y otros pierden bastante. Incluso, a veces, pierden su dignidad. No hay parábolas para enseñar en esa religión, ni adúltera ejemplarizante ni hijos pródigos perdonados. La parábola ya no es tal sino que ha mutado en línea ascendente hacia la riqueza de alguien que, en vez de agua bendita, distribuye refrescos de naranja para más gloria de su cuenta de resultados.”

Hace ya mucho que no soy joven y el tiempo devora poco a poco todo aquello que daba forma a mis años mozos. No me quejo, tempus fugit y, además, siempre he pensado que envejecer es un privilegio y que, si buscas bien en tu interior, encuentras otras motivaciones, sin duda menos exaltadas pero que te permiten conocerte mejor completando el círculo mágico: de la energía inagotable a la tranquilidad sosegada.

Sí, ya no soy lo que era pero estoy rodeado de gente que quiere ser y que se está descubriendo. Mis alumnos manejan la tecnología y conviven a diario con ella, muchas veces de forma equívoca y, otras, guiados por mí para desarrollar ciertos proyectos educativos en aras de que la lengua de Molière ancle en ellos.

Ha venido una nueva religión y, como tal, tiene sus Dioses o sus pastores, dedicados a explotar la imagen y lo superfluo en estos tiempos en los que parece que no hay nada seguro. Como me recuerda frecuentemente un compañero, una hora con esos youtubers, instragramers, influencers, … puede acabar con seis horas seguidas de buenos valores transmitidos con una pizarra y una tiza. Quizás tenga razón pero yo seguiré luchando esa batalla, esperando que alguno de ellos entienda que un abrazo de un abuelo acompañado de un buen consejo puede ser más revelador que una gracieta de un tipo estrafalario. Habrá, seguro, algún youtuber que quiera transmitir algo bueno sin importarle su cuenta corriente pero no conozco a ningún abuelo que piense primero en él y después en su nieto, cuando le hace ver que lo ama. En ese sentido los abuelos ganan por goleada a los profetas de internet.

Leemos estos días que muchos de ellos han emprendido el corto viaje hacia las frías tierras de Andorra, no por amor al esquí ni por tomarse algunos días de asueto, sino por el muy interesado interés de residir allí y de ver, al son de bailes y sonrisas de oreja a oreja, cómo su cuenta corriente aumenta al pagar menos impuestos. No es un viaje hacia lo desconocido, que diría el clásico, sino hacia la certeza de que, visto lo visto, el dinero es el único Dios en un mundo sin Dioses. ¿No me creen? Observen cómo las farmacéuticas chantajean a la Unión Europea con las vacunas, después de haberles inyectado, nunca mejor dicho, miles de millones de Euros par la investigación. Ya ven, la soberanía del pueblo humillada por la cuenta de resultados de unas pocas empresas. ¡Tócate los cojones!

Escucho las explicaciones banales de los apóstoles de lo zafio y no sé si reír o llorar. Opto por reír, reservando mis lágrimas para los malos momentos que me quedan por vivir. Aluden a su derecho a establecer su residencia en ese sitio y, saben qué, tienen razón porque la ley los apoya y permite esos paraísos fiscales mientras que ustedes tienen que contribuir según les corresponde, so pena de que les bloqueen las cuentas corrientes. Hacienda, si les sirve de consuelo, son más ustedes que ellos. O, dicho de otro modo, el poder político protege mucho más a los ricos que a la clase media o baja. Lean los informes de GESTHA (Inspectores de Hacienda) y lo entenderán perfectamente.

Esa gente vive en el presente y se relame pensando en un futuro donde, Dios no lo quiera, todo seguirá igual y donde una broma estúpida tendrá más aceptación social que ese enfermero (Ramón Rodríguez, por ejemplo) que va a pinchar vacunas en sus días libres para intentar que no haya más muertes. En Agulo, en La Gomera, hace ya mucho, no había youtubers pero sí otras cosas mejores y que te hacían mejor. Puede que me esté haciendo viejo, o que esté loco, pero algo de eso no nos vendría mal en estos días grises.

Ven, decía, el presente y el futuro lleno de posibilidades. Encienden su ordenador y es como abrir la Biblia para leer algún pasaje a ese rebaño desconcertado, Chomsky dixit, que espera paciente ese maná para alimentar no se sabe bien qué. Exportan su mensaje, bendicen a sus feligreses y se impone una liturgia de complicidad donde unos ganan mucho y otros pierden bastante. Incluso, a veces, pierden su dignidad. No hay parábolas para enseñar en esa religión, ni adúltera ejemplarizante ni hijos pródigos perdonados. La parábola ya no es tal sino que ha mutado en línea ascendente hacia la riqueza de alguien que, en vez de agua bendita, distribuye refrescos de naranja para más gloria de su cuenta de resultados.

Esos nuevos profetas de la modernidad tendrán un pasado y, en él, habrá hechos reprobables y otros dignos de admiración, como en el de cualquiera de nosotros. Olvidan, no sé si de forma interesada, que estudiaron en colegios, institutos, …, que fueron curados en centros de salud y hospitales, que se aprovecharon de infraestructuras varias, que sus padres o sus abuelos disfrutan de una pensión, que, en resumen, se aprovecharon de un estado del bienestar que los arropó y protegió cuando lo necesitaban. Es lo que tiene la memoria, que suele ser selectiva y tendemos a olvidar de dónde venimos pensando que nos hemos construidos solos, sin ningún tipo de ayuda.

Pues todo ello se financia con impuestos, esto es, una parte de lo que generas va para cubrir, por ejemplo, tus necesidades educativas o sanitarias, o las de los débiles y enfermos que no se pueden valer por sí mismos. Ya quisiera yo que me quitaran el 45%, prueba de que cobraría mucho dinero y de que viviría muy bien. Pero, ya se sabe, la avaricia es un diablo insaciable.
Incluso, algunos que se denominan patriotas, los apoyan no se sabe bien por qué, o sí, dado que siempre apoyan a los privilegiados. Son esa rara gente que siempre tiene la Constitución en la boca. Pues bien, en la Carta Magna dice claramente que los impuestos han de ser progresivos, esto es, que más pague el que más tiene. No les vendría mal estudiar un poco a ésos que se arropan en la bandera mientras hay niños que pasan hambre.

Siendo honestos, hay que reconocer que los nuevos apóstoles tienen mucha razón en eso de la corrupción sistémica de este país, de la golfería que campa en nuestras instituciones, de que se roba a mansalva y se enchufa por doquier, de que los hay más ladrones que ellos. Sólo hay que encender la tele y observar cómo el ínclito Bárcenas está cantado más que en una parranda por las calles de Agulo. Pero eso no puede ser un eximente de su actitud egoísta y carente de perspectiva.
Youtubers que tuvieron educación, instragamers que sanaron en cualquier hospital del país, influencers conduciendo sus coches de lujo por carreteras pagadas por todos, jóvenes y no tan jóvenes con una capacidad para convencer que ya quisieran los científicos cuando reclaman más inversión para prevenir nuevas pandemias. 

Lo dicho, profetas de la modernidad, altavoces de lo, casi siempre, alejado de la dignidad, ídolos no con pies de barro sino con comunicación directa con los hogares y con las almas, ésos que hablan y a los que muchos les rezan, los que han olvidado de dónde vienen para ir mucho más rápido hacia lo que se atisba en el futuro. 
Otros, mientras, seguiremos intentado inculcar buenos valores con la triste compañía de una tiza y una pizarra, rescatando a algunos de este hundimiento y haciéndoles ver que la sonrisa de sus abuelos puede ser más fuerte que la conexión a internet.