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20:58h. jueves, 24 de septiembre de 2020
“Nunca es tarde cuando la dicha es buena”, un dicho tan común como erróneo.
Sí, cierto es que hay cosas que es preferible que sucedan tarde a que no sucedan nunca. A la vez hay otras que a lo mejor cuando llegan es demasiado tarde y ese dicho se sustituye por este otro: “El tren solo pasa una vez”.

Si felicitas a una persona el día posterior a su cumpleaños, aun siendo tarde, esa persona se llevará una alegría y seguro que le sacarás una sonrisa porque pensará que fue un despiste o un día muy liado en el que al final se le fue de la cabeza. Los motivos X que sean da igual. Lo importante ahí es la intención.

Si llegas tarde a una quedada con amigos o reunión familiar no pasa nada. Aun así  llegaste y contarán con tu presencia desde ese instante. Ahora bien, todo cambia si llegaste tarde a una celebración ya que toda celebración tiene un objetivo y por ello se realizan. Si llegas tarde quizás te perdiste el momento más especial y ése no tiene retorno.

Que llegas con retraso a clase, lo más que te puede pasar es que te manden a dirección. No has perdido nada, sin embargo, si te pasa cuando tienes un examen la cosa cambia. De ahí sale un resultado numérico que puede cambiar tu futuro.

Cuando vemos la publicación de una oferta de trabajo interesante y pensamos luego envío el currículum, sí después, que nunca sucede o cuando lo vas a hacer ya la oferta expiró.
No nos podemos dejar dormir en los laureles.

Siempre preferimos recibir unas disculpas, aunque se hayan demorado en el tiempo. No obstante, si te disculpas sobre la marcha o en unas horas, cuando has tenido capacidad de reacción puede que tenga solución el problema hacia el que te enfrentas. Pero como tardes mucho esas disculpas no causaran efecto, quizás la otra persona ya no tenga la necesidad de escucharlas tanto como tú de darlas. Cuánto no tendremos guardado dentro por no haber dicho perdón en el momento adecuado.

Un símil pasa con los “me gustas” o “te quiero” seguramente hemos perdido muchas cosas o momentos por no decirlos a tiempo. Es el miedo, ese que nos bloquea y nos perturba, ese que nos hace pensar más que sentir. Miedo a la negación de la otra persona o a dejarnos caer en otra relación de la cual podamos salir dañados o no salir nunca de ella y vivirla tan enamorados como felices. Todo por hablar a tiempo.

En definitiva, que para mí el “Nunca es tarde cuando la dicha es buena” no es tan positivo como lo parece. Creo que el tren no pasa dos veces, que las oportunidades en la vida, laborales, emocionales, fortuitas no las debemos dejar pasar, sino atraparlas al momento, en cuanto surgen porque quizás el ya me lo pensaré, el deja a ver cómo me hace sentir esto, los luego ya serán tarde.
“Sin prisa, pero sin pausa”