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05:13h. miércoles, 21 de octubre de 2020
Las despedidas son tan efímeras como dolorosas.
El otro día, reflexionando después de una despedida en el aeropuerto, caí en la cuenta de que vivimos en una despedida constante.

Decimos adiós a ser bebés, niños, adolescentes, jóvenes, mayores, esto es, a los diferentes periodos de nuestra vida, lo que nos lleva a despedirnos también de los de las personas que tenemos a nuestro lado y que van creciendo.

Nos despedimos de las diversas etapas, de estudiantes, deportivas, laborales, amorosas y hogareñas.

Hasta luego o adiós a personas que se van, que duran por un espacio de tiempo determinado, las que vuelan hasta no saber cuándo y las que nunca volveremos a ver. Estas últimas son un adiós literal, me refiero a las personas que llegan al término de la vida. Ellos no vuelven, no nos lo vamos a tropezar en un paso de peatones ni sentados en el sofá viendo la tele.

El resto son hasta luego o nos vemos. No sabemos por cuánto tiempo durará la despedida. Puede ser unas horas, días, semanas, meses o años. Las vueltas que da la vida son imprecisas y sorprendentes, así que nunca sabremos hasta cuándo.

Adiós a las etapas, ésas que tanto queremos, valoramos y luchamos por construirlas. Nos despedimos de la niñez inocente, alegre y juguetona. De la adolescencia divertida, de primeros amores, enfados familiares y niñatadas varias. A una madurez de objetivos, trabajo, desengaños, amoríos y crecimiento entre otros.
Despedirnos de las fases de la vida en la que se mezclan logros y fracasos, amores y desamores, alegrías y penas, ilusiones y decepciones, retrocesos y avances y así un sinfín de cosas.

Por todo ello pasamos, vivimos y nos despedimos. La despedida cuesta porque no sabemos lo que nos depara el futuro después de una persona, un familiar, un amor, un trabajo, un logro deportivo, un hogar creado o un viaje. Nos desconcierta lo que viene a continuación y nos apenan los recuerdos del pasado y de ahí que el adiós sea doloroso.

Quizás no esté tan mal despedirse y abrir paso al destino.
Después del Adiós siempre viene un Hola que nos brinda una bienvenida por estrenar. Reflexionen, las personas no somos las mismas después de ayer y nunca se repite el mismo día. ¡Hola!