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10:03h. miércoles, 01 de diciembre de 2021

Diciembre

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Once son los meses que han tenido que pasar para volver a llegar a este mes tan codiciado, entre otros para mí.

Diciembre llega para coronar el año y dejar paso al fin de una aventura de 366 días y al principio de otra que está por llegar.

Me encanta este mes, es mi favorito. En él se mezclan la reflexión y recuerdos de lo vivido y las ganas del nuevo comienzo. No voy a obviar la realidad del gozo que me da ver la iluminación navideña en los pueblos y ciudades, el frío que va llegando avisando que se acerca el invierno.

Me gusta el color rojo sobresaliendo poderoso en los escaparates anunciando que la Navidad está a la vuelta de la esquina. La Navidad, momentos de compartir, de cenas, de pelis y manta, de cocinar en familia y, como no, de echar de menos. Sí, en determinadas fechas se extraña más a esas almas que queremos que estén sentadas en la mesa con nosotros y que el hueco que en ella hay no se olvida así pasen mil años y 500 pandemias.

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Diciembre es el mes más apetecible con sus turrones, langosta, pasteles, mazapán y bombones de esa marca que sólo se comercializan en esta temporada, entre otras delicias. No sólo es delicioso por ello, también influye la gente. En estos tiempos la humanidad sale a flote como si resurgiesen del inframundo. La mayoría de las personas sacan su lado más tierno, generoso y empático. Hacen obras que nada tienen que ver con su actitud y realización cotidianas.

Se piensan que se puede compensar todo un año con un mes de bienestar hacia la sociedad o hacia familiares, que en muchos casos se abandona a la familia y se tiene en cuenta en estas fechas. Se podría entrar en una batalla campal del por qué sucede esto en estas fechas, pero no lo vamos hacer. Sería entrar también en la política del por qué en las grandes superficies se hacen recogidas de alimentos o se hace una maratón televisiva para este mismo fin y no se hace a lo largo del año o trimestralmente. Ya sé, ahora que lo pienso, debe ser que las personas solo comemos en estas fechas y después almacenamos tanta grasa en el estómago que no nos hace falta comer en un año. También hay otra teoría, solo se puede ser generoso en Navidad, es únicamente cuando es aceptada la caridad. En fin.

Aun así, no permito que todo lo externo influya en la desaparición de la ilusión que heredé de mi familia. Mi familia, desde mi abuela hasta mi padre, ellos con los que no volveré a compartir una Navidad, mi familia los que siguen aquí con los que comparto momentos. Ellos hicieron y hacen que crea en la magia de los sueños, que lo imposible se puede hacer realidad, ellos hacen que este mes me llene de energía, paz, bienestar personal y también que cada año sea más resiliente. 

Diciembre es bonito y no sólo por sus luces y colores que iluminan mis ojos hasta brillar de felicidad, sino porque hace a la gente bonita y, aunque sea por un corto espacio de tiempo, vale la pena disfrutarlo.
Disfrutemos de estos días porque la ilusión hace que la Magia fluya y se cumpla.