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05:00h. sábado, 24 de octubre de 2020
Cada paso que damos premeditado o no nos hace avanzar en cuanto a metas, sueños, sentimientos y valores se refiere. Vamos creciendo y nos marcamos objetivos para conseguir todo aquello que deseamos o soñamos.  Algunos nos pareceran inalcanzables.

Para obtener y cumplir lo que nos proponemos hay que trabajar duro, nada nos viene caído del cielo. Tanto a nivel emocional como material hay que ganárselo.

Los valores los vamos conformando con el tiempo, cada año que pasa vamos progresando y sumando más a la lista, es necesario que nos sucedan cosas y conozcamos personas para que esto ocurra. Los valores, esa mezcla de formas, ideales, costumbres e incluso tradiciones varias que los moldean. De ahí que cuanto más tiempo pase más valores acumulamos en nuestra personalidad.

Los sentimientos son similiares, nuestro corazón necesita sufrir y gozar a partes iguales para que crezca. Con el paso de los años agregamos sentimientos acumulados que nos hacen avanzar, cuando miramos atrás en el tiempo  la ruptura con el noviete de 15 nada tiene que ver con la de los 30. Más tiempo, más dolor, al igual pasa a la inversa, diferencia por descontado el cúmulo de felicidad con el enamoramiento maduro al adolescente. Todo se intensifica. Ahora bien, con más edad dosificamos mejor.

Los cabreos con parejas, hijos, padres e incluso amigos los sobrellevamos de una forma más sostenible, ya que,  nuestros sentimientos han aprendido, nuestro corazón ha crecido y ha avanzado para traernos estabilidad emocional. Las celebraciones, esas que hacemos por cualquier cosa ya que siempre hay un motivo para ello, las disfrutamos más intensamente, gozando de la felicidad del momento.

Si hablamos de sueños y objetivos físicos o laborales, ahí trabajamos metódicamente ya que nos marcamos unas pautas y objetivos a desarrollar. Todo esfuerzo tiene su recompensa y así es, si nos esforzamos, si realmente queremos trabajaremos duro para conseguirlo. Nunca debemos bajar la guardia, los sueños no hay que perseguirlos, hay que luchar por ellos.

Comienzas estudiando derecho y acabas en tu propio despacho, estudias psicología y montas una consulta, inviertes cuatro horas diarias de entrenamientos y te conviertes en la mejor gimnasta. Ahí hay trabajo de por medio. Acción, reacción, repercusión.
En esta reflexión en la que escribo sobre los pasos y sueños no puedo dejar de felicitar a todos aquellos universitarios que han luchado por cumplir una meta en estos años y era graduarse este, el año de la pandemia.

Ellos que llevan años trabajando para conseguir lo que en estos días se ha hecho realidad. Ha sido un año complicado, de prácticas a medias e incertidumbre. El último año de carrera el que no sólo está diseñado para trabajar sino también para disfrutar. Aún con sus complejidades lo habéis conseguido.
Me voy a permitir una felicitación individual a Kevin Yanes y Noelia Guerra, ahora periodistas. Ellos reúnen valores, sentimientos, sueños y metas con los que crecen y fantasean. 

A Noe, felicitarla porque aún siendo el año que más difícil que le ha tocado vivir, tiene la fuerza de mil tsunamis para que su mundo no pare. La vida estoy segura que a partir de ahora te sonreirá, entre otras porque no mereces otra cosa. Como ya te he dicho en alguna ocasión, eres luz y las buenas vibraciones van a lo que brilla.

A Kevin, felicitarte por cogerla de la mano, porque tu sonrisa jamás dejará de dibujar el positivismo con el que vives. En varias ocasiones te he dicho que eres la persona más afortunada que conozco. Eso pasa por ser tú, tan especial como brillante. Tenerte en mi vida es un fortunio, ese que te acompañará de por vida, ese que solo tiene la gente bonita. 

Don´t stop porque ahí fuera queda un mundo lleno de sueños e ilusiones por cumplir.
“El éxito consiste en  conseguir lo que se desea. La felicidad en disfrutar lo que se consigue”