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10:28h. sábado, 26 de septiembre de 2020
En la decisión, ¿Cuál es la correcta y cuál la errónea?

¿Vamos a por lo que queremos o nos perdemos en lo pensado?
A veces da pánico elegir entre lo deseado y lo premeditado. En la toma de las mismas entra en juego la ilusión, el amor y el miedo.

Tendremos que valorar en primer lugar la ilusión que nos hace ese hecho, el amor que nos hace sentir el que suceda y no abrir mucho paso al miedo. Un amigo me dijo una vez que la duda genera miedo y que el miedo es el demonio (esos demonios que llevamos dentro). Yo a eso sólo puedo decir que al demonio me lo como o me quemo en el infierno junto a él agarrándole de la mano. Y si tienes miedo, hazlo con miedo.

Prácticamente todo en esta vida comienza con un sí, ese que damos con seguridad o no, pero con ilusión y amor. Ahora bien, para llegar hasta él, el camino se hace cuesta arriba. Precisamente no es que cerremos los ojos y tiremos los dados para dictaminar lo que hacer, es más complejo que todo eso. 
A la hora de elegir o dejar un puesto de trabajo, dejar o comenzar una relación, hacer una inversión o no, la riña continua entre arriesgar o estancarse.

En estos días me toca muy de cerca el tema “Decidir”. Mi hija ha decidido estudiar en otra comunidad. Por lo tanto, de forma colateral, me ha tocado decidir si dejarla ir o no. ¿Qué la ha movido para tomar esa decisión?

La ilusión de una nueva vida - aventura y el amor hacia la gente de ese lugar y el comienzo de algo a estrenar. No se queda exenta del miedo a no encajar, a la no adaptación, al fracaso o incluso al daño de lo que deja detrás.

En mi caso la elección, aunque dolorosa, ha sido clara: es por amor. El amor que siento hacia ella está por encima de cualquier cosa y no puedo negarme a su felicidad. Mi estrella, ella, que me ilumina desde que nació, no merece otra cosa que ser todo lo feliz que se pueda aventurándose en la vida adulta que le está llegando. La vida nos va atrapando gradualmente y de improvisto, para mí las vivencias al igual que las personas que aparecen en nuestro mundo son ahora o nunca. Por este hecho no me pude negar a un sí para ella. También entra en juego la ilusión por una nueva etapa, para ella de aprendizaje y conocimiento y para mí de una etapa de soledad en la cual no he estado nunca y de hecho dicen que es muy buena compañera.
Con el paso del tiempo me he dado cuenta que las decisiones son esto, ilusión, amor y miedo, pero siempre con una llamada a la evolución. De ahí lo gratificante.

La vida en ocasiones nos sorprende sin paracaídas, protectores, ni anestesia. A nosotros nos toca ser los Kamikazes. De primeras en muchas ocasiones ya sabemos que vamos directos al suicidio, en otras podremos salir ilesos y beneficiados. Pero aun adelantándonos a los hechos, ¿renunciamos a lo que queremos por miedo? o ¿decidimos precipitarnos al vacío? Yo no dudo, me arriesgaré a tirarme al mar desde el acantilado y sin salvavidas porque al final siempre floto y sí, vale la pena, ya sea breve o eterno.