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11:52h. sábado, 05 de diciembre de 2020
Estamos casi a las puertas de la finalización del año 2020, el año de la pandemia para todos y el de otras muchas cosas para cada uno.  

Con la finalización del año y el comienzo de otro nuevo un alto número de personas marcan sus propósitos, deseos, cambios, intenciones y perspectivas hacia una nueva vida que comienza a las 00:00 del día 1 de Enero.

Todos con la lucha interna para que lo que viene sea más beneficioso y enriquecedor de lo que dejamos atrás. Todo ello sin valorar que hablamos de días, no de algo tangible que tomas o dejas, no, es más profundo que todo eso. Hablamos de valores, sentimientos, metas, algo que no se deja atrás así sin más y que tampoco es tan fácil llevarlas hacia delante. Marcar el objetivo y el cambio de un día para otro como si ayer no hubiese existido y como si mañana nos quedase un pelín lejos. 

Todo esto que menciono me sucede a mí cuando cumplo años. Hace unos días tuve la suerte de celebrar mi cumpleaños. Ese día, ese momento en el que se me viene todo el mundo encima planteándome lo que he hecho bien, mal, regular y la contradicción de lo que podía haber sido y no fue. Menciono contradicción porque para mí las cosas son o no, no siento nostalgia de algo que no se dio en un momento determinado, creo que el destino sabe lo que hace. Así que en mi cumpleaños no sé el porqué de ese tanteo.

Ese día hago un balance de lo bonito de mi último año, de cómo fue, de las personas que aparecieron y su significado en mi vida y las que dejaron de estar en los otoños que cumplo.
La soledad de dejar atrás una edad que no se volverá a repetir, con la incertidumbre de si la he aprovechado o malgastado. En fin, esto ya no se sabrá, simplemente se ha vivido.

Al día siguiente creamos una capa de protección para los siguientes 365 días, con la cual nada podrá salir mal. Ella nos protegerá de cualquier anomalía exterior al mundo propio que estamos creando. Porque desde que comenzamos a descontar los días, nos organizamos de tal manera que nada puede perturbar este nuevo proceso en donde el deporte será mejor y más constante, las energías más fuertes, las relaciones sociales más estables y leales, la vida laboral más profesional y nuestro propio ser mejor. Nos queremos convertir en la mejor versión que se pueda sacar de nosotros.

Y dentro de este proceso, en el querer cambiar a mejores seres, a mejores hábitos y calidad de vida, no podemos dejar atrás la ilusión de un nuevo comienzo, ése que mentalmente en mi caso se genera cada año el día en que nací.

La Magia de estrenar años con la satisfacción de seguir contando días, vivir momentos y disfrutar de personas. Esas horas, esos minutos que nos separan de tener una edad u otra o pasar de un año a otro, es el encantamiento de hacer desaparecer lo indeseable por deseos que cumplir. La vida nos regala cada año 365 días a estrenar, cuenten desde el momento que quieran, pero hagan que cuenten todos y cada uno de ellos. Son un regalo.