Buscar
09:33h. sábado, 31 de octubre de 2020
Hay lugares, personas o momentos que con sus paisajes, calidad humana y formas,  llegan a mí en forma de iluminación para crear.

Creo que nos ha pasado a todos que hay determinadas situaciones que cuando se nos dan nos hacen sentir magia, ésa que es capaz de transformar nuestros pensamientos y sentimientos para que luego podamos plasmarla. Este hecho no sólo les pasa a los artistas que, en forma de escritura, dibujo, canciones, partituras, diseño etc… se inspiran más o menos según lo anteriormente mencionado. Esto pasa en general, las personas se iluminan, ya sea para preparar un mejor plato para la cena, al comprar el modelito para ese evento o a la hora de elegir el regalo perfecto para esa persona especial. 

La musa nos llega a todos, independientemente de quienes seamos.

El otro día estaba en un afamado bar de té y chocolate con una amiga tomando una copa de vino (sí, el sitio es más famoso por el té y chocolate, pero yo soy un poco caprichosa) y me sentía tan bien allí, la decoración del lugar, la tranquilidad, la fuerza que sentí en ese instante, la compañía, que directamente dije mi artículo de esta semana se llamará “La Inspiración”. Porque hubiese pasado horas en aquel lugar escribiendo y soñando.

Y a eso me refiero cuando hablo de lugares. Hay sitios que, por muy simples, por denominarlos de alguna manera, me llegan y se quedan en mí, me transmiten energía a raudales y me quedaría prácticamente a vivir en ellos. 

Lo mismo me pasa con las personas. Con algunas de ellas tienes una conversación y hacen florecer todas las ideas que en ocasiones están en el olvido. También me sucede en algunos casos que con tan solo el primer cruce de miradas me inspira a rabiar, sacan lo mejor de mí y sí, en algunas de ellas me quedaría a vivir en sus brazos también. 

Momentos, esos que se disfrutan en familia, en pareja, con amigos o incluso en soledad. 

Los momentos están llenos de creación. Hay de los que te llenan de atrevimiento como los que te llenan de cobardía, de tristeza y de felicidad, de energía tanto como de debilidad, pero en muchos de ellos hay una inspiración oculta, esos instantes que después de disfrutarlos nos dejan el regusto de las buenas ideas.

Y por último y no menos importante,  pero no he querido generalizar porque esto sí que no les pasa a todos, pero para mí es otra de mis grandes inspiraciones es la comida. Ese manjar lleno de sabor y de olor, te lo llevas a la boca y el paladar tiembla de gusto. Hay determinados platos que cuando los pruebo, ya sea habitualmente o por vez primera, hacen que mi cabeza desconecte para imaginar. A eso le añado un buen vino, que, desde el primer sorbo, resbala por la garganta como seda entre los dedos, la misma ternura, pero con sabor.

En definitiva, todos tenemos nuestra inspiración en ciertos lugares, momentos o personas. Sólo hay que detectarla y dejarnos llevar por ella.

La mía, entre otras pero mi favorita, mi musa es esa explosión de gusto regada con vino.