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18:11h. miércoles, 03 de junio de 2020
Aún no he escuchado a nadie quejarse por lo poco que trabaja pero sí por lo poco que vive.
Y sé que cuando pase esto que muchos llaman la tormenta, llegará lo que me atormenta, la Nueva Normalidad.

Ya me acuerdo, la normalidad era eso; el estrés diario, no tener tiempo para compartir con la familia ni amigos, mal comer sola, la falta de descanso y tener un horario marcado hasta para aquellas cosas básicas e imprescindibles.

Realmente era estar metida en una burbuja paralela a la vida, esa vida que no hemos descubierto hasta ahora, porque quizás teníamos una venda inquebrantable, pero era normal, esa burbuja era nuestra realidad, nuestro mundo.

Dicho mundo nos parecía maravilloso, más aún cuando disponíamos de 30 días de vacaciones al año, las cuales como si del Big Ben se tratase  las teníamos programadas para seguir viviendo con un reloj que nos marca las 24 horas del día y 60 minutos cada hora, de esto último no teníamos nada, no teníamos tiempo.

Y saben, entre otras cosas; a mi me gusta despertar sin hora, me gusta compartir las comidas diarias pudiendo sacar el sabor de cada especia, me gusta disfrutar de como resbalan las gotas de agua sobre mi cuerpo en la ducha, me gusta disfrutar de la lectura en la cama antes de desayunar, me gusta escribir a media tarde justo en la puesta de sol, viéndola a través del ventanal del salón, me gusta que me calienten los rayos de sol en la terraza mientras tomo un batido de fresa o melón, según se tercie y me gusta compartir una conversación con mi hija pudiendo prestarle toda la atención que merece porque dispongo de esos momentos únicos para nosotras.

También me gusta la tranquilidad que me aporta saber que la naturaleza vuelve a serlo.
Todo ello me gusta hacerlo sin interrupciones y con tiempo.
Me gusta vivir y me gusta hacerlo sin prisa.

Ahora tenemos tiempo, ese que nos ha faltado prácticamente a lo largo de nuestras vidas, ese que anhelamos y ahora nos regalan, en forma de pandemia pero nos lo regalan, puede ser un regalo envenenado, no sé, ya lo valoraremos con el paso de los meses cada uno de una manera diferente. Dicho tiempo algunas personas no lo disfrutan, ven pasar los días, los gastan o para ser precisos malgastan sin darse cuenta que el día de hoy no regresa, sólo tenemos una oportunidad y es ahora. Es típico sí , pero hay que hacer que los días cuenten, yo lo hago.

Aún no he escuchado a nadie quejarse por lo poco que trabaja pero sí por lo poco que vive.
Y sé que cuando pase esto que muchos llaman la tormenta, llegará lo que me atormenta, la Nueva Normalidad.

La frase: “Como en casa en ningún sitio” par mí nunca tuvo tanto sentido como ahora.