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02:52h. jueves, 01 de octubre de 2020
Aquí nos situamos viviendo la Primavera del 2020, la más limpia en décadas, naturalmente hablando, claro está.

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Abriendo paso al tan esperado verano que se nos aproxima con la misma rapidez del paso de estos últimos meses. Nos encontramos en el ecuador del año y digo “nos encontramos” de forma literal. 

Esta primavera me está dejando el disfrute de un Mar en calma de aguas translúcidas, ésta llega a la orilla y acaricia los pies, arrastra la espuma de nuevo adentrándose en este océano atlántico que tantas penas se ha llevado y tantas alegrías me ha dejado. Mis pies avanzan hasta que mi cuerpo está completamente sumergido en el agua y ahí hundo la cabeza y consigo desconectar del caos en el que vivimos inmersos a diario.

El Mar es mi segundo hogar, lo necesito en mi vida tanto como el aire que respiro, y no sé si es porque soy Isleña o porque con el tiempo he conseguido disfrutar de la calma, la paz, el bienestar y sobre todo la cura mental que este aporta. Ya se sabe, no hay Mar que por bien no venga, en mi caso ha sido mi salvación cuando todo mi mundo se derrumbaba y el complemento perfecto cuando todo está en orden.

El añadido ideal es cuando entra en juego la estrella con luz propia alrededor de la cual giramos, El Sol, él viene para nutrirnos con su vitamina D, para beneficiarnos de un día brillante, ese que tan solo verlo salir te aporta felicidad, los días con sol me siento más afortunada, obvio con él todo se ve más claro. Cuando él calienta el alma se siente plena.

Estos días ya van oliendo a verano; el olor de la hierba que amanece mojada del sereno de la noche anterior, el de la piel a protector solar, a camarón en las terrazas y a salitre en la piel. 
La ecuación continúa en el atardecer, disfrutar de la despedida del sol. Él nos obsequia con tonalidades indefinibles en el cielo dando lugar a una Luna llena rebosante de magia, ella nos ilumina la noche invitándonos a soñar y a desear. 

Dicen que el verdor de la Primavera nos recuerda que la vida es un llamado a la esperanza, este año así ha sido, con la ilusión de volver a encontrarnos, de regresar al Mar, de ver salir el sol, de poner en orden las conciencias y de que nuestras almas vuelvan a florecer. Ahora bien, sólo queda desear que el próximo Invierno el frío no cale tan profundamente en nosotros hasta congelar los sentimientos y así seguir notando la presencia de la Primavera.