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sábado, 15 de junio de 2024 15:49h.

Milei y el holocausto

luis leon barreto
"Vivimos en un mundo tan lleno de violencia y excitación que no era necesaria la venida del presidente de Argentina para incendiar el panorama con sus palabras, como tampoco fue lógica ni justa la desafortunada afirmación de un ministro español aludiendo a que Milei toma drogas"

Existe una película reciente, misteriosa y terrible, que anda por las plataformas con buenas críticas. La zona de interés narra la vida cómoda y apacible de los verdugos nazis con hermosas casas con jardín justo al lado del campo de exterminio de Auswitch, en Polonia. Una película de grandes silencios mientras la dueña de la casa arregla sus flores y como telón de fondo se escuchan los disparos de los ajusticiamientos, el jefe de la casa abusa de las prisioneras y su esposa recibe joyas requisadas a las mujeres judías que reciben tormento casi pared con pared con su casa. No hay banda sonora, el director prefiere los espacios en blanco con sonidos difuminados y por la noche los hornos de los crematorios elevan sus columnas de humo.

En un momento de tantos horrores como nos trae este 2024, se nos aporta una visión nueva del holocausto, basada en una novela previa del británico Martin Amis. Entonces, la película intenta ser una reflexión sobre la crueldad humana, patentizada en el tecnicismo con el que el jefe del campo plantea la fabricación de nuevas formas de matar pues se le viene encima una gigantesca expedición de 700.000 judíos de Hungría, a los que tendrá que gasear de la forma más precisa y urgente. Los técnicos germanos examinan el problema como una obra de ingeniería a la que hay que poner soluciones eficaces, se evita pronunciar la palabra cuerpo, no hay ajusticiados ni víctimas, que llegan en trenes para transporte de ganado.

Martin Amis se plantea la presencia del mal en el mundo con un pensamiento pesimista sobre las acciones humanas, por ello su libro y por consiguiente la película adquiere una vigencia más allá de cualquier época concreta. Lanza un mensaje intemporal, porque intemporal es la crueldad de los humanos. No en vano tenemos sobre la mesa el exterminio en Gaza, la guerra en Ucrania, los atentados del Estado Islámico, las acciones de Hamás, y por encima de todo ello la acelerada producción de armamento que todas las naciones, incluida España, venden a ambos contendientes. Se da por sentado que la guerra y la aniquilación del perdedor son actos inevitables, y ninguna conferencia internacional servirá para alcanzar la paz. Un autor de gran nivel, tal vez menos reconocido fuera de Gran Bretaña a pesar de haber figurado en primera fila.

Vivimos en un mundo tan lleno de violencia y excitación que no era necesaria la venida del presidente de Argentina para incendiar el panorama con sus palabras, como tampoco fue lógica ni justa la desafortunada afirmación de un ministro español aludiendo a que Milei toma drogas y por ello resulta tan locuaz y provocativo. Las cosas se han sacado de quicio de tal manera que algunos medios han barajado la posibilidad de la ruptura de relaciones, con todos los ingredientes ya conocidos esta teatralización está llegando demasiado lejos sin causa que lo merezca, parece una tormenta en un vaso de agua. No en vano Argentina es el país donde viven más españoles fuera de España, y España es el país donde residen más argentinos fuera de su país.

Tampoco hay que olvidar que Milei sacó una amplia mayoría de votos cuando se enfrentó a las urnas, aunque ahora a veces pueda parecer un payaso que sobreactúa con esa cancioncita sobre el león y la burla sobre los zurdos. Las inversiones económicas de aquí para allá son fuertes y persistentes, por lo cual nada tiene sentido. No tuvo sentido que un ministro de Sánchez sugiriera que Milei es un drogadicto, y la posterior visita del líder argentino a un acto preelectoral del partido Vox con aquella exhibición de improperios tan inadecuados viniendo de un presidente solo ha servido para empeorar la situación.

Puede ser que veces el ruido esté provocado de una manera premeditada, vivimos un espectáculo de gestualidades excesivas, todo hay que acrecentarlo como si formase parte de un gran espectáculo viral. Con lo fácil que sería pedirse disculpas mutuas.