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19:16h. Viernes, 20 de septiembre de 2019

Las Rosas, en el municipio de Agulo, rinde Homenaje a cuatro vecinos del barrio

Don Fortún García, don Juan Cabello, don Olivier González y doña Marcelina Martín, recibían este merecido Homenaje por su incansable labor en la pervivencia y expansión del Silbo Gomero, así como, por la calidad humana y la capacidad de trabajo en favor de la Comunidad.

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La Plaza de Las Rosas en el municipio norteño de Agulo, vestía en la tarde de ayer, viernes 16 de agosto, sus mejores galas para rendir un sincero y emotivo Homenaje a cuatro de sus convecinos; una gran mujer y tres grandes hombres que dedicaron la mayor parte de su vida en mantener, conservar y legar sus conocimientos de nuestro singular lenguaje.

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El Silbo Gomero, que en sus manos y en su buen hacer, fue dado a conocer al resto del mundo y a los miles de turistas que cada año visitaban nuestra isla; aquellos que les escuchaban sorprendidos en el Restaurante de La Vega.

Aparte de ello, ha sido reconocida las cualidades humanas de cada homenajeado y que se justifican en la calidad humana y el sentido del trabajo en favor de la Comunidad de cada uno de ellos. 

Así, en el escenario, los familiares de los homenajeados, recibían emocionados esta distinción de manos de la alcaldesa de la localidad, Rosa Chinea, de la concejal de Fiestas María del Pilar Correa y del concejal de Obras y Servicios, Pedro González, sendas Placas Conmemorativas.

Por su parte, Marcelina Martín, fue ella misma la que recibió la Placa y el ramo de flores de manos de la alcaldesa de Agulo.


Pequeña Biografía de los homenajeados

Fortún García Plasencia, después de 40 años de su partida, ha dejado una huella imborrable en quienes tuvieron la suerte de acompañarle en su breve paso por la vida.

Breve pero intenso fue el devenir de este vecino de Las Rosas. Un hombre de hondos principios basados en el respeto, la bondad y la honradez. 

Como muchos de su época, emigró a Venezuela en busca de un futuro mejor para su familia. De regreso a su barrio natal, su primer propósito fue conseguir que todos sus vecinos tuviesen agua potable en sus hogares, una realidad de la que su hermano don José García también fue partícipe.
Quien, no le recuerda, con su saco de herramientas caminando todo el barrio...

Otro de sus logros fue conseguir que Las Rosas tuviese suministro eléctrico, un trabajo que se materializó en el año 1977. Decir de él además que, siempre trabajó altruista mente por estas Fiestas de Las Rosas. 

Por esa constante lucha en favor de todos y por el progreso del barrio, fue nombrado Alcalde Pedáneo de Las Rosas,  el día 3 de mayo de 1974.

Un 28 de agosto de 1979, don Fortún García, se despedía como de costumbre, de su esposa, María Plasencia e hijas, Esther, Mariluz y Gladis, sin saber que sería la última vez que sus ojos contemplasen el amanecer y los rincones de su amado barrio. Partió hacia  las obras de la  presa de Mulagua en Hermigua, lugar en el que trabajaba. Un fatal accidente le arrebataba la vida con apenas 41 años. 

Un corto pero intenso camino que don Fortún recorrió, pero que dejó su impronta en quienes hoy continúan su ejemplo, esposa, hijas, nietos y biznietos que hoy viven y atesoran con orgullo, las más preciada herencia que puede recibirse en la vida.

Juan Cabello Santos, vecino de Cruz de Tierno, desde muy pequeño él y sus hermanos, ayudaban a sus padres en las tareas del campo, principalmente en el cuidado de los animales y en el cultivo y explotación de los terrenos. Por este motivo, no pudo realizar estudios, lo que le limitó en el futuro para no poder atender la oferta que le plantearon las Instituciones de poder ser maestro de silbo. 

Con apenas 20 años, contrae matrimonio con la vecina del lugar, doña Lorenza Chinea Plasencia, con quien tiene 3 hijos: Juan Carlos, María del Carmen y Sofía.

Tras su regreso del servicio militar, comienza la reforma y rehabilitación del restaurante las Rosas, donde don Juan trabaja como peón de la construcción aunque logra destacar por su manera de silbar.

En el año 1974, finalizada la reforma y ante la inminente apertura, le ofrecen trabajar en el Restaurante  como silbador, puesto que sin dudar acepta y que desarrolla junto con su labor como camarero junto a su compañero y amigo, Olivier González.

Años más tarde, comparte escenario con Marcelina Martin conocida como  (Chela) vecina del barrio y con Luis Eduardo González más conocido como (Titi), hijo de Oliver González.

Su labor por la conservación y engrandecimiento de nuestro singular lenguaje, hoy reconocido como Bien Inmaterial de la Humanidad, fue muy intenso y destacable llegando incluso, a ser partícipe en un reportaje sobre el silbo para la conocida cadena inglesa BBC NEWS, sin olvidarnos de su colaboración para el National Geographic; un reportaje que esta refutada revista dedicó a nuestro silbo y en el que don Juan Cabello fue el maestro de ceremonias perfecto para darlo a conocer.

Además de esto, Participa en el reportaje RNE realizada en el restaurante.
Participo en las lustrales de Vallehermoso en 1980.
Viaja a Huelva en varias ocasiones con motivo de las Regatas Colombinas junto a Jesús Armas.
Silba ante los Reyes, don Juan Carlos y Doña Sofía en su visita a Canarias. Viaja a Berlínn para su trabajo para latelevisiónn alemana.
Colabora con la Universidad de La Laguna en su estudio sobre el silbo Gomero.
Participo en 1995 en el encuentro de ministros de España.
Colaboró en clases de silbo en Hermigua.

Un 8 de noviembre de 2010 y tras cinco años de lucha contra una terrible enfermedad don Juan Cabello Santos, se despedía de este mundo tal y como había llegado, en paz y rodeado de quienes han valorado su ejemplo…su trabajo como silbador y en favor de la supervivencia del Silbo Gomero, es su legado a la posteridad. 


Olivier González Hernández, también es otra de las personas que han dejado huella en su paso por “el camino de la vida”

Nació en Cruz de Tierno, un pintoresco rincón del barrio de Las Rosas, un 29 de marzo de 1950.
Criado en el seno de una familia humilde compuesta por sus tres hermanos y sus progenitores,don José y doña Alejandrina; el pequeño Olivier tuvo que aprender deprisa que, el progreso familiar y comunal se construye con la suma de todas las manos, por pequeñas que estas sean; y que las suyas servirían además para ayudar en la supervivencia y la difusión del silbo.

Desde pequeño estuvo vinculado a la comunicación silbada, tanto que con apenas 11 años, viaja a Madrid junto a  Imeldo Santos, Fernando Padilla y Manuel Brito entre otros, para realizar una exhibición de Silbo y dar a conocer nuestro singular lenguaje en la capital de España.

Su faceta como silbador, siempre fue desarrollada en el Restaurante de Las Rosas, lugar en el que trabajó la mayor parte de su vida laboral y donde permaneció hasta su jubilación anticipada por enfermedad.
En la década de los 80, logró que un grupo de niños en Vallehermoso, comenzasen a desarrollar el lenguaje silbado.

Incansable en su labor de enseñanza y ya retirado de labores profesionales, don Olivier González permaneció hasta los 66 años, edad en la que Dios le llamó a su lado, intentado que nuestro silbo, continuase contando la historia que le rodea

Marcelina Martín Rodríguez, más conocida como Chela, es un ejemplo vivo que pone de manifiesto que aun siendo mujer en una época difícil, es posible abrirse paso en el mundo laboral, realizando trabajos que estaban desarrollados principalmente por hombres para sacar adelante una familia. 

Chela, viene al mundo un 30 de noviembre de 1943, en este pintoresco rincón de Agulo y donde siendo muy joven, contrae matrimonio con don Maximino y emigra a Venezuela; tierra que por aquel entonces, era "el Dorado" que todo Canario perseguía en busca de fortuna.

Pero no siempre los sueños se hacen realidad y doña Marcelina Martín, regresa a su barrio natal siendo viuda y madre de dos niños…Rodolfo y Nancy, dos pequeños a los que cuidar a pesar de las dificultades.

Por aquel entonces, Chela no desdeñó ningún trabajo o labor en la que ganar el sustento de su casa, aunque estas labores fuesen o estuviesen destinadas a ser trabajo de hombres…” 

El silbo, una de sus pasiones, no estaba bien visto que lo realizasen las mujeres. A pesar de ello, Chela combinaba sus tareas con el aprendizaje del mismo.

Pasado el tiempo, es don Juan Cabello y Jesús Armas quien le ofrecen la posibilidad de trabajar realizando esa labor que tanto le llena; Silbar en el restaurante de Las Rosas, donde, al igual que sus compañeros, combinaba las exhibiciones del silbo gomero con la labor de camarera.
Durante 28 años, Chela mostró a los turistas que recalaban en el lugar, este arte en el que la melodía silbada se torna palabra para comunicarse.

Retirada del mundo laboral, Chela continúa mostrando a quienes se interesan los entresijos y secretos de un lenguaje que ha sido parte importante de su vida. 
Ha recibido varios reconocimientos por ser una de las primeras mujeres que se adelantó a su tiempo y abrió el camino en favor de la igualdad de la mujer en este campo.