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01:31h. martes, 25 de enero de 2022
Opiniones

"Ha muerto en combate, un soldado español"

Agustín Muñoz-Grandes Galilea.-Desde la lejanía de mi situación de “militar en reserva”, y desde la cercanía de quien se sigue sintiendo soldado de España, quiero rendir homenaje al sargento David Fernández Ureña, muerto en combate en las lejanas y duras tierras de Afganistán.

Agustín Muñoz-Grandes Galilea.-Desde la lejanía de mi situación de “militar en reserva”, y desde la cercanía de quien se sigue sintiendo soldado de España, quiero rendir homenaje al sargento David Fernández Ureña, muerto en combate en las lejanas y duras tierras de Afganistán.

Reconforta comprobar que, en estos momentos difíciles, en los que en una parte de la sociedad parece primar un sentido materialista de la vida, una búsqueda del “Estado del Bienestar” como fin último y que está por encima de los ideales y valores que sustentan la dignidad del ser humano, siguen existiendo personas dispuestas a llegar al sacrificio supremo por preservar la vida de sus semejantes.

Nuestros Códigos de Conducta dictados a través de los tiempos y refrendados en nuestras actuales Reales Ordenanzas, definen como uno de los puntos básicos del espíritu militar el “constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga” (artº 19), bellas palabras pero difíciles de llevar a cabo cuando entran en pugna con el derecho a la propia supervivencia. El sargento Fernández Ureña no dudó cuál era su deber, y culminó con la Ruta Opal, entre Qala-i-Nao y Musqur, el cumplimiento del compromiso adquirido cuando, voluntariamente, se especializó en la desactivación de explosivos, misión siempre de elevado riesgo que se incrementa cuando se realiza en zona de combate, donde es probable que la mina esté anclada a trampas de difícil detección.

Cuando se dirigía al punto donde su equipo de reconocimiento había localizado el explosivo, en la soledad que impone la acción para evitar que se puedan producir más bajas en caso de activación del temido artefacto explosivo improvisado (IED), que tantos daños ha causado a la Coalición Multinacional, seguro que David tenía conciencia del riesgo y de la importancia de su misión, que debía despejar la Ruta Opal para que pudieran progresar sus compañeros y las unidades afganas que instruyen los españoles dentro de nuestra zona de responsabilidad.

No he tenido la suerte de conocer personalmente al sargento zapador, hombre tranquilo y valiente como le definen sus propios compañeros, veterano de otra misión en Afganistán, paracaidista y guerrillero, pero creo que sin riesgo a equivocarme puedo afirmar que en él se reúnen muchas de las virtudes que ensalzan nuestros Códigos de Conducta, de las que destaco su permanente “disponibilidad para el servicio” y su “lealtad y compañerismo, como expresión de la voluntad de asumir solidariamente con los demás miembros de las Fuerzas Armadas el cumplimiento de sus misiones” (artº 20 y 10 de las Reales Ordenanzas).

Si David leyera estas líneas, y pienso que puede hacerlo desde el puesto que el Jefe Supremo le haya asignado en esa eternidad de la que ya sin sobresaltos estará disfrutando, me pediría que extendiera esas alabanzas a los muchos miembros de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil que, en la Tierra, en el Mar o en el Aire, de forma callada y pocas veces realzada, llevan muchos años cubriendo misiones muy duras y arriesgadas en zonas muy alejadas de nuestras fronteras, cumpliendo los compromisos que adquieren nuestros Gobiernos en el concierto de las naciones, dejando muy alto el pabellón español y siendo una herramienta clave en el desarrollo de nuestra política exterior.

Y creo que también me pediría que contribuyera a que sus seres queridos, dentro del dolor que supone su partida definitiva, se llenen de orgullo al saber que su muerte en combate no ha sido en balde, que están equivocados los que predican que no tiene sentido nuestra presencia en Afganistán ni merece la pena el sacrificio de las ya 100 muertes en acto de servicio que en esta misión se han producido.

David sabe bien que ha estado defendiendo la dignidad del ser humano en una zona donde se violan sus derechos, que ha contribuido a abrir nuevas rutas de comunicación permitiendo desplazamientos hasta ahora impensables, ha colaborado para que cierto número de mujeres y niños puedan acudir a las escuelas y disfruten de unas mínimas condiciones de vida, y que, en sus combates, ha estado luchando contra los sucesores de los talibanes que ampararon a los criminales de Al Qaeda que vilmente atentaron en Washington, Nueva York, Madrid, Londres y un largo etcétera, que ha contribuido a que se reduzcan sus zonas de refugio – que hoy tratan de ampliar en el Sahel -, que, en suma, ha estado defendiendo los intereses de la civilización occidental y, dentro de ella, los intereses de España.

Sargento David Fernández Ureña, un abrazo de este viejo militar, uno más de los miles de tus compañeros de Armas que hoy te rinden tributo de respeto y gratitud por todo lo que has hecho. El Espíritu de Servicio a España sigue firme en nuestras Fuerzas Armadas.

Agustín Muñoz-Grandes Galilea.-Teniente General del Ejército de Tierra