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10:31h. sábado, 05 de diciembre de 2020
Lo que está ocurriendo en nuestras costas, al lado de nuestras casas, es un drama humanitario y recalco el término humanitario porque hay muchos que tratan de deshumanizar esta compleja crisis contando números cuando nos referimos a personas.

Permítanme que haga uso de la expresión acuñada por el filósofo Ortega y Gasset en su obra referida a la deshumanización del arte y la literatura tras la Primera Guerra Mundial, para apelar a la deshumanización de la inmigración en nuestro siglo actual. Lejos de emular a este filósofo a través de un extenso ensayo, sólo pretendo transmitir en estas líneas mi percepción con lo que está ocurriendo en torno al  drama de la crisis migratoria, un auténtico drama que tiene ojos de niños, de mujeres y de hombres que dejan atrás su tierra empujados por el hambre y la guerra en busca de sueños y esperanzas a bordo de un cayuco. 


Lo que está ocurriendo en nuestras costas, al lado de nuestras casas, es un drama humanitario y recalco el término humanitario porque hay muchos que tratan de deshumanizar esta compleja crisis contando números cuando nos referimos a personas. Este problema no es nuevo, ya en 2006 Canarias tuvo que hacer frente a la llegada de miles de inmigrantes y en esta ocasión, también luchamos para que el Estado y Europa se mostraran solidarios ante nuestra llamada de auxilio. 


Y ahora…¿qué tenemos qué hacer para que escuchen la voz de desesperación de las Islas?,¿qué más nos queda por hacer para que sus políticos despierten de su letargo invernal? Esta semana apuntaba en un medio de comunicación a la posibilidad de manifestarnos en todas las Islas y más de uno se llevó las manos a la cabeza por tal declaración, pero ante la falta de acción no podemos quedarnos de brazos cruzados. No podemos seguir permitiendo el hacinamiento de cientos de inmigrantes en el muelle de Arguineguín, pasando frío y en condiciones que no cumplen con las mínimas medidas de higiene y seguridad sanitaria.  


Canarias, por su propia geografía es un territorio alejado de la Península, pero el Estado nos aleja aún más a la hora de atender las políticas migratorias, algo que es de su competencia. El pasado fin de semana, La Gomera acogió la llegada de más de un centenar inmigrantes y también nos sentimos solos, como ellos, ante la falta de apoyo institucional. Canarias es la puerta de entrada para muchos de los inmigrantes procedentes de distintos países del continente africano. Todos llegan con el mismo objetivo: continuar su camino hacia Europa y casi todos sufren el mismo destino: su deportación y en las peores circunstancias, muchos de ellos fallecen antes de tocar la ansiada tierra europea. 


Esta situación nos indigna y preocupa a todos, por lo que apelamos a la solidaridad de España y Europa para poner soluciones reales y eficaces ante tal desatino. Necesitamos que impere la sensatez y la humanidad por encima del egocentrismo. Pedimos, casi en forma de ruego, que el Gobierno de España tome buena nota de esta realidad y coordine políticas entre todos los ministerios, estableciendo relaciones diplomáticas con los países de origen de los migrantes, ya que hasta ahora estamos abordando esta problemática de forma unilateral, totalmente al descubierto y poniendo parches a una situación que nos desborda. 


Mientras esto no ocurra, seguirán llegando cayucos cargados de sueños rotos, de vidas interrumpidas y de esperanzas ahogadas en ese intento por llegar a pisar una tierra de nuevas oportunidades.