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13:16h. Viernes, 24 de enero de 2020
Cuando uno habla de la familia, no se deja de recurrir a una serie de tópicos, típicos: “La familia puede ser lo mejor y lo peor”; “A la familia no se le elige, a los amigos sí”

Desocupado lector: 
Pensaba escribir sobre Juan de Mariana, al que ya mencioné como representante liberal de la Escuela de Salamanca, pero los acontecimientos se precipitaron en un viaje relámpago a La Gomera anteayer sábado, con vuelta ayer domingo y visita tan placentera como obligatoria a la confirmación de Carlos, hijo de mis amigos Esperanza y Mon, a los que no puedo más que dar las gracias y desearles lo mejor en sus vidas por tenerlo bien merecido. 

Cuando uno habla de la familia, no se deja de recurrir a una serie de tópicos, típicos: “La familia puede ser lo mejor y lo peor”; “A la familia no se le elige, a los amigos sí”; y un dicho que aprendí de mi viejo amigo y compañero de cacerías de perdiz: “De un padre honrado puede salir un hijo tiesto y de un padre tiesto puede salir un hijo honrado”. Tópicos aparte, lo que yo tengo muy claro es que si ha habido un pilar de la sociedad, tal y como la concebimos hoy, ese es la familia, y este título para este artículo me lo proporcionó Mar Castilla, hija de Pilar Hernández, a quien tributo este humilde pero sentido homenaje, porque es deber cristiano y mandamiento divino honrar a nuestros padres y madres, y que se sepa todos tenemos. 

Pilar, “nuestra Pilar”, para mi familia, (aunque había otra, que era Pilar Rodríguez Ascanio, quien también nació en Agulo), era Pilar María, y siempre desde muy joven estuvo vinculada a mi familia, bien sus padres, hermanos y sobrinas en la casa de mis abuelos, bien Pilar ayudando a mi madre con la crianza de mis hermanos mayores. Particularmente a mí, tuvo poca ocasión de criarme, ya que ella casada con José Castilla, tuvo que ocuparse de sus propios hijos, y con bastantes dificultades. 

Las dificultades propias de la época, aunque ya España empezaba a resurgir económicamente hablando, y otras por desgracia, sobrevenidas, y además imponderables. La mayor de sus hijas, María del Pilar nació con una discapacidad severa, pero con unas enormes ganas de vivir, y sobre todo con todo el inmenso amor que son capaces de dar estas personas, y de eso, puedo dar fe, ya que tengo una dilatada experiencia en este campo, ya que trabajé cerca de nueve años en el ámbito de los servicios sociales. Hoy, ya ha cumplido los sesenta años de edad, siendo por unos meses mayor que yo. Después, vinieron mas hijos: José Ramón, Maria del Mar y Guzmán. Pepe Castilla, era zapatero de profesión , y por cierto un gran y honrado profesional de oficios que poco a poco iban a desaparecer con el paso del tiempo, como es el caso. Criar cuatro hijos, nunca fue fácil, pero en aquellos años sesenta, los padres y madres de lo que el llamado “baby boom” del año 1959 y 1960, criaban cuatro, cinco o mas hijos con el amor propio de buenos padres y también porque no decirlo, una política familiar protectora de la familia por parte de las autoridades o la autoridad que regía los destinos de España. 

Cuando uno piensa, que en esa época, un padre y una madre se responsabilizaban de la crianza y educación de tantos hijos, y que los hijos de esa misma explosión demográfica que somos los nacidos en el año 1959 y 1960, sólo hemos sido capaces de criar a dos o menos hijos, y sabiendo como sabemos que los pueblos, como los del norte de La Gomera, languidecen y se mueren; donde apenas nacen jóvenes;donde muchos han inmigrado a las ciudades; donde desde 1995 se aborta amparado en tres supuestos, (que dan mucho para hablar); que desde 2010, ya se ha instaurado una barra libre para abortar; que la gente joven en edad de trabajar y procrear, en muchas ocasiones, son tan egoístas que no ya es que no quieran procrear hijos, es que por criar prefieren a un perro, que a un ser humano, y esto lo dice uno que ha tenido perros desde su infancia, y que ha visto como los canes, se han convertido en un negocio y una moda.

Por eso hay tanto abandono animal. Y cuando uno ve todo este panorama, de por sí desalentador, no puede menos que pensar tres cosas: perros se han convertido en un negocio y una moda. Por eso hay tanto abandono animal. Y uno ve todo esto, e inevitablemente llega a las siguientes conclusiones: 

La primera y no sé si la mas importante es que vivimos en una sociedad desprovista de valores. La segunda, es que con razón el sistema público de pensiones por mucho que lo nieguen, es una gigantesca estafa piramidal que colapsará en el momento menos pensado. Y la tercera, y no menos importante, es pensar en que grandes eran padres como Pilar y Pepe que criaron cuatro hijos y una de ellas con serias dificultades, y tiraron “pa'lante”, porque como se decía en nuestra tierra: “burro cargado busca camino”. Y ¡vaya que si hicieron camino! Dando amor, cariño, comprensión y también educación, en valores y en orientar empujando al lado de los maestros y profesores a sus hijos a estudiar, y a trabajar.

Hoy en día, José Manuel ha trabajado en Ferry Gomera, Mar es profesora, Guzmán un excelente trabajador en la primera farmacia que fue la de D. José Fernández, la de toda la vida,vamos, al menos desde que yo tengo uso de razón. 

Y uno cuando contempla tanto sacrificio por amor, tanto esfuerzo y tanta cultura del esfuerzo que nos inculcaban, no puede menos que admirar a madres abnegadas y amorosas como Pilar y hombres como Pepe que supieron enfrentarse a las dificultades, sin mirar para otro lado; cogiendo el toro por los cuernos; dando muchas veces sin esperar recibir y ante tanto amor, responsabilidad, trabajo, calor, cariño, comprensión, no puede sentirse uno sino un ser pequeño que se queja de todo y de todos y que egoístamente, preferimos refugiarnos en paraísos terrenales, bien en forma de vacaciones en lugares exóticos y si nos comparamos con aquellos que durante decenios no disfrutaron de vacaciones, que el viaje de novios era, por ejemplo a La Palmita, siendo de Agulo, y por tres días porque había que “sacar un país “pa ́lante”, y no les llegamos ni a la suela de sus zapatos.

Estaban hechos de otra pasta. Sufrieron y mucho una guerra fratricida y una posguerra devastadora con la única ayuda de Portugal y Argentina. Y sin embargo, se movieron, parafraseando a Galileo Galilei. 

Podría contar muchas anécdotas cariñosas de Pilar, pero para no aburrir, y también para dar una pincelada de la suerte que tuvimos con nuestros mayores y como ellos, en cierta medida nos mimaron, voy a contarles una que le ocurrió a Pilar y mi hermana Carmenchu: 

Se comía potaje, y un potaje como Dios manda. Lo comían los mayores y también los niños. Mi hermana a la que cuidaba Pilar, no le gustaba demasiado, así que como a todos los que no nos gusta satisfacer un mal trago, lo preferimos mas suave, mas cremoso, había que colar el potaje con los prensa-purés que yo recuerdo de la época, (una batidora no se veía ni en el cine, bueno, a lo mejor en alguna película americana). Así que mi hermana, cuando Pilar le daba de comer en una ocasión, ella que apenas sabia hablar le dijo: “Colamelo Pilar, porque si no me lo colas, no me lo como”, y Pilar, se lo coló. Así era ella, buena, cariñosa amorosa con sus hijos y con los de los demás. 

Hoy en una sociedad desmemoriada para la mentira y la manipulación, para lo que le conviene al poder y muy memoriada hasta la histeria para manipular la historia al antojo de los prebostes y gobernantes de aquí y de allá, haríamos bien en recuperar la memoria de nuestros mayores para la cultura del esfuerzo y del amor, para rogarles ahora que están en los cielos que nos den lo que decían los gladiadores: fuerza y honor. Necesitamos de su coraje, de su determinación, de su palabra, donde un hombre valía lo que valía su palabra y una mujer igualmente, porque quien no tiene palabra de honor, carece de este último y como se dice en la cartilla azul de la Guardia Civil: 

“Cuando se pierde el honor, se pierde todo”. ¡Que así sea!, y que nos insuflen la fuerza y coraje que ellos tuvieron, porque desgraciadamente, y ¡ojalá me equivoque!,se avecinan tiempos turbulentos. Que la fuerza de hombres y mujeres como Pepe y Pilar, como mis padres y como los progenitores de muchos de mi generación nos acompañe, que sea nuestro candelero en la verdad, la vida, la fe, y esas serán nuestras mejores armas, nuestra mejor armadura. ¡Fuerza y honor! Dios te tenga en la 
Gloria, Pilar. Muchísimas gracias por todo.