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02:45h. Miércoles, 01 de abril de 2020
Desde el confinamiento domiciliario obligado, escribo estas lineas para el futuro. Un presente complicado el que nos ha tocado vivir, pero nos mueve la esperanza y la determinación de superar esta emergencia, y lo haremos porque somos capaces de dar lo mejor y lo peor. Ahora toca lo primero. 

He estado leyendo y traduciendo al tiempo un artículo muy interesante en bloomberg.com que me ha motivado a ello, y me parece positivo trasladarlo a la escala micro, a la escala de mi isla de nacimiento. El artículo se titula: Coronavirus will change how we shop, travel and work for years. Es decir, el Coronavirus cambiará como compraremos, viajaremos y trabajaremos durante años. 

Lo primero que hay que resaltar del artículo es la aseveración de que toda crísis, supone una oportunidad. Y así es como hay que verla. Por dolorosas que sean las perdidas, tenemos que extraer consecuencias y aprender de la crísis. En una crísis sanitaria y humanitaria como la que vivimos en estos días de aislamiento doméstico tenemos que repensar en lo que hemos hecho mal, para procurar no volver a repetirlo, y en la más que probable hipótesis de que se repita estar mejor preparados para lo que haya de venir. 

Tras esta tragedia humanitaria, llegará una crísis económica que a su vez dejará un legado. Por ejemplo, la crisis petrolífera de los años setenta, (1974, creo recordar), nos dejo su legado en forma de idear nuevas formas de ahorro y eficiencia energética, y la industria del automóvil tuvo que caminar hacia modelos de bajo consumo. Empezaron a desarrollarse los motores de inyección directa e indirecta, que si bien ya se utilizaban en el diesel, empezaron a aplicarse a la gasolina. 

Y esta crisis cuyo epicentro se situó en la provincia China de Wuhan, ya ha producido un nuevo marco regulatorio en la propia China, por ejemplo, la total prohibición del comercio y consumo de animales salvajes tras advertencias de los científicos de que el mortal coronavirus podía migrar desde los animales a los humanos. Como saben para la cultura china todo lo que vive, sea animal o vegetal es comestible, por eso nos repugna a la mentalidad occidental la carne no sólo de animales domésticos como perros y gatos, sino de ratas, monos o serpientes. 

Además de nuevos hábitos alimentarios, habrá nuevos hábitos higiénicos y saludables. En muchos lugares de Europa incluido nuestro país, se está imponiendo lo que en Inglés denominan “social distance”, para referirse a mantener una distancia prudente (uno a dos metros), para evitar contagios por vía aérea.

En las ciudades con transportes subterráneos y en superficie atestados de gente, se empezó hace tiempo a utilizar mascarillas, por ejemplo en el metro de Tokio era muy usual verlo hace años, claro que eso no evitaba el contacto físico y la distancia social en metros atestados de pasajeros. Por estas y otras razones, el transporte pero sobre todo el turismo, serán de los sectores mas golpeados por la crísis que ha de venir cuando salgamos de la actual. 

Sí con la quiebra de Thomas Cook, el tour operador de origen británico, se reveló que su modelo de negocio que no había prácticamente cambiado desde finales del siglo diecinueve, basado en el paquete vacacional gestionado por un intermediario, (la agencia), estaba obsoleto por no adaptarse a los nuevos retos, el turismo masivo que conocemos hoy está condenado a desaparecer.

En la era de internet la oferta y la demanda de vacaciones y ocio se gestiona directamente o casi entre la linea aérea o naviera y el futuro viajero, también el alojamiento, de forma que la oferta y la demanda puede ser mas individualizada y además personalizada. 

El rosario de autobuses que podemos ver a la salida y entrada de los ferries en San Sebastián de la Gomera, es un negocio en declive, cada vez se ven menos guaguas en los restaurantes contratados para el almuerzo.

Estos pequeños negocios, muchas veces familiares, también tendrán que reinventarse, y diversificar su oferta. Una buena medida será siempre cuidar a la clientela local. Al vecino, o al no vecino pero que gusta de pasar las vacaciones en la tierra de sus ancestros, deben de cuidarlos porque no es descartable que nuevos destinos turísticos compitiendo en precios y calidad, puedan volver a ponerse de moda.

Al mismo tiempo ese turismo cultural, si se quiere, pero también de grandes aglomeraciones sufrirá y mucho. Destinos como Paris o Roma, donde cualquiera que visite Ciudad del Vaticano, puede sentir como salas atestadas de turistas nos hacen pensar en el peligro cierto de que en caso de incendio, tanto 
público entrando en pánico podría desembocar en una tragedia, igual ocurre si no se toman medidas para una emergencia biológica como la que nos golpea ahora. 

Pero no nos asustemos, aprendamos. Decía William Thomson Kelvin que “si se puede medir, lo puedes mejorar”. En consecuencia, tendremos que evaluar los daños para tratar de minimizarlos cuando se repitan. 

Esta crisis también dejara, desgraciadamente, mucho desempleo, más del que ya había, que también sabemos que lo podemos medir. Siempre hubo más del que se dijo y por una razón bien sencilla, porque las cifras se maquillan. No son reales, dado que no se contabilizan los demandantes de primer empleo, porque una vez acabados los estudios de enseñanza obligatoria o superiores, no cuentan para las estadísticas, porque los servicios de empleo les ofertan cursos, y entonces aparecen como demandantes de formación, cuando realmente lo que quieren es trabajar, igual que los que se quedan parados a edades tardías, a los que cuando se les agota la prestación y la ayuda, se les ofrece cursos, cuando todavía están en edad de trabajar, pero no encuentran empleador, precisamente porque, a mi juicio erróneamente, los quieren jóvenes, pero con experiencia, una contradicción en si misma. Por eso, además de los datos de los SEPES/ INEM, se creo la encuesta de población activa. 

También la oferta de cursos para desempleados, la formación profesional ocupacional y los módulos profesionales tendrán que reinventarse. Miren: no todos los jóvenes pueden ser peluqueros o camareros, por poner dos ejemplos de cursos de peluquería y estética o de hostelería, porque a mayor oferta los precios caen, y porque además quizá la sociedad los necesita en otras áreas de empleo. Por eso, todos debemos reinventarnos. 

Precisamente el modelo de educación también se verá afectado. A día de hoy son muchas los colegios, institutos y universidades que están cerrados, es más, fueron los primeros en hacerlo durante esta pandemia.

En el día después, habrá que plantearse darle mas importancia tanto a la educación no presencial, a distancia como al Home schooling, es decir la educación de los niños desde el hogar. Imagínate querido lector, o no te imagines porque es el presente, que las grandes ciudades se han vuelto realmente incómodas y agresivas.

Ruidos, polución del aire, gamberrismo cuando no delincuencia, problemas ya señalados con el transporte público y privado, mayor difusión de epidemias y pandemias, y la posibilidad, a día de hoy, real de trabajar desde tu hogar en muchas profesiones, no todas.

Pues es un buen momento para revitalizar nuestros pueblos del norte de La Gomera, muchas veces envejecidos y con escasa natalidad, eso que llaman la España vacía. Hay que verlo como una oportunidad y aún siendo un poco tarde, los Ayuntamientos deberían empezar a apostar por buenas comunicaciones de banda ancha o satelitales, y favorecer la llegada de jóvenes, que quieran rehabilitar casas y criar a sus hijos en ambientes naturales.

Las escuelas rurales volverían a tener más niños, los centros de salud no solo pacientes mayores, y todo ese éxodo ciudadano a los pueblos, tendría consecuencias positivas para ellos y para la isla en general. Muchos probablemente se interesarían por el campo, por la agricultura, la pequeña ganadería, y la pesca porque todos necesitamos comer, y muchos niños en la ciudad jamás han visto ordeñar una vaca o una cabra, a una gallina poner un huevo, a una abeja entrar en su colmena o un conejo de monte salir de su cama a buscar alimento, o pescar un pez. 

De forma que sí, el coronavirus cambiará nuestra forma de relacionarnos, nuestros hábitos de higiene, alimentación, nuestra forma de viajar y de ocio, de comprar y de trabajar, pero también será una estupenda oportunidad de aprender de los errores, y de prepararnos para un futuro, que aunque ahora se nos antoje funesto, no tiene porque serlo, de hecho, gracias al comercio que ha traído el progreso, muchos millones de personas han mejorado su calidad de vida, y eso es una realidad innegable, que ni siquiera los enemigos del comercio pueden rebatir con datos. 

Cuando uno como individuo, sufre un revés personal, económico o familiar, tiene dos alternativas: Quedarse en casa, lamiéndose las heridas y salir sólo para ir llorando por las esquinas, o salir a emprender nuevos retos y demostrar lo que mi padre, (quien vivió un siglo convulso de niño tras la gran guerra, entonces sólo había una guerra mundial, jovenzuelo en una guerra civil en la que tuvo que participar y marido y padre amantisimo durante una postguerra española y europea), decía: “Tras un tiempo malo, siempre viene otro mejor”. Pues eso, reinventemos el futuro.