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15:51h. miércoles, 03 de junio de 2020

¿A dónde irá el buey que no are?”

“Al peñón de la Gomera /quiere mi madre llevarme, /Y le digo suspirando:/ ¿A dónde irá el buey que no are?” 

He querido empezar mi artículo de hoy con una copla que recoge Enrique Alcalá Ortíz en el segundo volumen del “ Cancionero popular de Priego. Poesía cordobesa de cante y baile”, y que a su vez ya aparece recopilada por A. Valera en el siglo XIX. 

Obviamente la copla no se refería tanto al peñón de Hermigua, como al peñón de Vélez de la Gomera, islote unido después de un terremoto al continente africano y donde ha habido desde el siglo XVI una fortificación militar española. Y he de suponer que a un hijo indolente quería llevar su madre a ver si haciendo el servicio militar “cogía conocimiento” que decimos en La Gomera. El recurso a la copla me vino a la cabeza después de ver el vídeo de los botellones del pasado sábado, (veintinueve), y cuarenta y cuatro el domingo en el barrio de Malasaña en Madrid. 

Unos auténticos irresponsables que después de tantas muertes y gente de a pie y sanitarios infectados decidieron emborracharse en la calle y cantar “que no me quedo en casa” una vez aprobadas las primeras medidas de desconfinamiento.

Ustedes me dirán que podemos esperar de una juventud malcriada e irresponsable que se supone llamada a levantar un país en ruina. Algo hemos estado haciendo mal los padres para llegar a esta caterva de “descerebraos”, que no es una exclusividad de la comunidad autónoma madrileña, sino de toda nuestra sociedad.

Lo digo con auténtico dolor pues yo también tengo hijas jóvenes y veo lo poco preparadas que están para el futuro nada halagüeño que les espera. Nos hemos equivocado y mucho, pues queriéndoles dar todo hemos creado a una generación “muelle”, digo muelle, en el sentido de mullida, una generación “Pikolin o Flex”, que desconocen el valor del trabajo y lo que cuesta ganarse un duro. 

En el caso de La Gomera, es pavoroso observar como desde hace más de treinta años se ha ido creando una red clientelar interesada buscando el voto fácil a los reyezuelos locales que han mimado, malcriado y echado a perder a tres generaciones al menos de niñatos a los que puedes observar también en cualquier botellón de cualquier verbena en cualquiera de los veranos anteriores, pues supongo que habrá un antes y un después del coronavirus. 

Era corriente entre los estudiantes de diversa procedencia en las universidades canarias, oír decir que los que mejor vivían en los campus de La Laguna o Tafira eran los estudiantes gomeros. ¿Era porque eran los mejores, los más preparados o quizá los mas ricos?. Lo dudo. Era porque el Cabildo de La Gomera regaba con abundantes becas, ayudas y subvenciones a los mencionados estudiantes, lo mereciesen o no, eso parecía dar igual, porque lo importante no es que el dinero de todos se emplease bien dando becas a quien por criterios de insuficiente capacidad económica de sus familias, méritos y capacidad del becario mereciesen una ayuda al estudio. 

Naturalmente el resultado era que el becado podía estudiar con aprovechamiento o no, sí lo hacía mejor para ellos, si no siempre le quedaba el Cabildo o el Ayuntamiento para trabajar, y ese, ese ha sido el “motor” de la economía gomera.

Hasta el punto en que conozco empresarios que deseando contratar personas en edad de trabajar en La Gomera, se veían ante la realidad de que les contestaban que preferían trabajar para el Cabildo y/o Ayuntamiento. Y una economía así, un modelo productivo de por sí improductivo no va a otro sitio que a la ruina.

El experimento no es exclusivo gomero, hay otras islas muy subsidiadas como El Hierro, donde antes de la AHI de D. Tomas Padrón, ya se practicaba esta “cultura de la subvención”. Bien, la pregunta es: ¿Y cuándo se acaben los fondos estructurales de una Europa en franca decadencia; los fondos FEDER y FSER, las ayudas a la PAC, a donde iremos? Pues como la respuesta implícita al refrán, al matadero. 

Desde los propios ministerios implicados de Economía y Hacienda se ha reconocido por María Jesús Montero y Nadia Calviño, que la deuda externa de España se situará en los próximos meses en el 115% del PIB. Eso significa que ni con todo lo que produzcamos en un año, podremos afrontar el pago de la deuda y sus intereses. Siento escalofríos sólo de pensarlo.

Los españoles de hoy nacen siendo deudores, es más, no sólo están hipotecados nuestros hijos, también nuestros nietos. Pero todavía resulta mas pavoroso pensar que estas generaciones “muelle”, mullidas, estas generaciones “Flex “ o “Pikolín”, no solo van a ser por primera vez, en mucho tiempo, más pobres que sus padres, (y no lo digo yo sólo, ya lo anunció hace mucho tiempo un político retirado como Julio Anguita, nada sospechoso de liberalismo, dicho sea de paso, sino que además no disponen de las herramientas manuales e intelectuales que les permitan enfrentarse a una crisis económica mucho mas temible y terrible que las sufridas hasta ahora. 

Es probable que yo sea un pesimista o un realista bien informado, pero de la observación del panorama no veo mimbres en esta juventud para que puedan hacer un buen cesto. ¡Ojalá me equivoque!. 

Por otro lado, y desde la Historia, y desde mi propia experiencia, España ha pasado por crisis mucho mas rigurosas y severas que esta que se avecina.Muchas se pierden en la noche de los tiempos, pero ahí están las dos bancarrotas del imperio en tiempos de Felipe II, y otras más cercanas como la guerra civil.

Lo único cierto es que como dice el dicho gomero “burro cargado busca camino”y otro refrán español también dice que “a la fuerza ahorcan”. Pues eso, que muchos tendremos que ponernos las pilas, más aún de lo que lo hemos hecho, pero a los más jóvenes les esperan, y vuelvo al dicho popular,”mas trabajos que un forro catre”. 

El daño que ha hecho esa cultura de la subvención, “la paguita” y la ayuda interesada ha sido pavoroso y ojalá aprendamos de ello y de la experiencia que han tenido otros países. Veamos por ejemplo el de la agricultura neozelandesa: 

La PAC es del todo innecesaria, fomenta un uso inadecuado los recursos de los contribuyentes destinados a una sobreproducción no solicitada, para supuestamente garantizar el acceso alimentario. Un acceso que en un marco de mercado libre no está en riesgo si se permite abrir puerta a las importaciones de los países en vías de desarrollo. 

La amalgama de subvenciones es un error, y esto ya lo entendió Nueva Zelanda en la década de los ochenta. La agricultura neozelandesa estaba fuertemente protegida por medio de subsidios y precios mínimos. Ese proteccionismo dio lugar a distorsiones del mercado, a la sobreproducción y a la degradación de las tierras marginales, justamente los mismos errores hoy vemos con la PAC. 

Los subsidios generaban incentivos perversos... Se ponían en producción grandes superficies de tierras marginales y para 1984 más de dos millones de hectáreas se cultivaban sólo porque los subsidios hacían que fuera rentable, y no por una demanda detrás que la respaldara. 

La producción ya no se ajustaba a la demanda porque la producción basada en subsidios se disparó. El gobierno pagó por el sacrificio de ovejas que no podían ser vendidas y en 1983, seis mil toneladas del excedente de carne de oveja se convirtió en fertilizante. 

En 1984, el gobierno se enfrentó a una grave crisis fiscal y aplicó una ambiciosa desregulación que también incluía la devaluación y la posterior flotación del dólar neozelandés y la posterior liberalización de los mercados de capital. Como parte de esta reforma de toda la economía, el gobierno eliminó todos los subsidios agrícolas.

Eso incluía dejar de apoyar el precio de la lana, la carne de vacuno, la carne de ovino y los productos lácteos, apoyo vía ingresos, fertilizante, transporte y todos los subsidios para el desarrollo de la tierra. 

En 1986, Nueva Zelanda eliminó todas las subvenciones a la industria pesquera. Se introdujo la ordenación basada en los derechos junto con un sistema de cuotas individuales transferibles y una compra de derechos existentes. No fue fácil. El ajuste sectorial en el sector de la agricultura llevó siete años, pero el gobierno apoyó el sector agrícola a través de la transición con la reestructuración de los préstamos y las prestaciones sociales. 

¿Y qué consecuencias tuvieron estas ambiciosas reformas? 
Hoy Nueva Zelanda tiene alrededor de ochenta mil explotaciones agrícolas distribuidas en 15,5 millones de hectáreas. El número de granjas se ha mantenido estable desde que se eliminaron los subsidios. La superficie terrestre ha disminuido ligeramente a medida que la tierra marginal se ha entregado a la silvicultura o se ha permitido volver a los arbustos nativos. 

Desde la eliminación de los subsidios el mundo no se ha hundido para Nueva Zelanda, el sector agrícola ha crecido más rápido que el resto de la economía. La contribución de la agricultura al PIB de Nueva Zelanda aumentó del 14,2% en 1986-87 al 16,6% en 1999-2000. La agricultura representa el 11,4% de la fuerza laboral total. 

Esta información que pueden encontrar en la prensa especializada, y en concreto tomada de “El blog Salmón”, se la podía haber traído consigo el muy liberal ministro de Podemos Alberto Garzón cuando se fue de luna de miel a Nueva Zelanda. Sospecho que estaba ocupado en otros débitos conyugales, que naturalmente no hubieran sido igual de glamourosos en la Cuba o Venezuela comunista. En cualquier caso, le alabo el buen gusto al ministro en cuanto a la elección de un paraíso liberal como lugar donde pasar una luna de miel. No todos podemos ir hasta allí. 

Espero que a alguien aprovechen estas reflexiones dominicales.