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01:19h. Miércoles, 23 de Enero de 2019

Deseos (Por Ángeles Menéndez Muñiz)

Me gustaría que este 2019 que acaba de comenzar, fuera un año donde prime la paz y la concordia.

Un año más que termina y en el que ha habido de todo, cosas buenas y otras menos buenas, de todas se aprende, de las buenas para repetir y de las menos buenas para aprender e intentar que no se repitan.

Pienso que todo pasa por algo, que nada es casualidad, que todo llega cuando menos te lo esperas, que conoces personas que te cambian la vida por completo, que no todo el mundo es malo y que todos aprendemos de todos.

Me gustaría que este 2019 que acaba de comenzar, fuera un año donde prime la paz y la concordia.

Que se acabe la lacra de los malos tratos, se eduque en la igualdad y las niñas y mujeres puedan salir de su casa sin miedo.

Que se acaben los casos de pederastia y dejen a los niños y niñas vivir su infancia feliz.

Que no nos olvidemos que los refugiados que vienen en pateras, son personas que llegan huyendo de guerras y su único pecado es querer dar a sus hijos una vida mejor. Si tanta caridad cristiana tenemos es hora de demostrarlo con hechos. Si todos somos hijos de Dios no les dejemos a su suerte y practiquemos lo que Jesucristo predicaba, dar de comer al hambriento, de beber al sediento y posada al peregrino, si no lo hacemos así, de poco sirve ir a misa a darse golpes de pecho, obras son amores y no buenas razones.

Que las personas mayores sean merecedoras de respeto y no se les deje sin cuidados en el invierno de sus días.

Que no haya que pelear por conseguir un derecho fundamental como es la sanidad, y que los medicamentos estén al alcance de todos los que lo precisan. Tenemos el caso reciente de la medicación Orkambi, tan necesaria para la fibrosis quística y de momento solo se ha conseguido en Canarias porque Ángeles Aguilar, madre de un niño que sufre esa enfermedad, ha luchado durante mucho tiempo para conseguirlo.

Que se acabe de una buena vez el maltrato animal y nos demos cuenta que son seres indefensos y vulnerables, que sufren y sienten como cualquier ser vivo, si no gustan, no los tengas, pero respétalos siempre; si los tienes cuídalos como a un miembro más de la familia, ellos son los más fieles e incondicionales compañeros que puedes tener.

Que las personas con distintas capacidades tengan herramientas para poder desenvolverse en la vida, que no les falten recursos, que sean tratados con respeto y el día de mañana no se vulnere su derecho de tener sus necesidades cubiertas cuando sus padres ya no estén.

Mi mayor deseo sería que pudieran quedar en sus casas y en su entorno donde se sienten seguros y donde pueden seguir con sus rutinas, siempre supervisados y al cuidado de personas que tengan vocación y no sólo estén por ganar el sueldo.

Para estar con estas personas hay que tener mucha paciencia y no olvidar que cada uno necesita su tiempo, su ritmo y su espacio. Es conveniente recordar que no hay que tratarles como niños, son adultos y también tienen derecho a tener su criterio y decidir lo que quieren y lo que no. No son números ni etiquetas, son personas y al igual que nos gusta que nos traten deberemos tratar a los demás.

Ya para terminar quiero agradecer a las personas que me aportan tanto y me demuestra con hechos que un mundo mejor se puede tener si todos ponemos empeño en ello.

Entre tantas personas están los profesores de la Escuela de Música de Corvera y las personas que acuden a los talleres de teatro en el Centro Sociocultural y que dirige Adolfo Camilo, el gerente de cultura de Corvera.

Todos ellos son excepcionales y tratan a todos por igual, no hay diferencias. Tono, desde que va a música y teatro ha dado un cambio impresionante, se siente uno más y eso, tanto su padre como yo, lo agradecemos enormemente.

Sin olvidar a todos los compañeros y compañeras de teatro que lo han acogido con cariño y le hacen sentirse muy bien.

Para mí la Navidad es hacer el bien todo el año y ayudar en lo que buenamente se puede, lo demás no deja de ser una tradición que respeto, pero, si no va acompañada de hechos, de poco sirve.

Ángeles Menéndez Muñiz

Las Vegas, Corvera