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15:18h. Domingo, 22 de Abril de 2018

Primero me matas y luego me defiendo

La historia de Jacinto es ya conocida por todos. La sentencia que ha caído sobre este hombre, que ahora tiene 83 años, ha indignado a todo el país, y ocupa un espacio en casi todos los medios de comunicación a nivel nacional.

El octogenario mató de un tiro a uno de los tres ladrones que intentaban robar en su casa, el 1 de marzo de 2015. Tres años han pasado desde que los asaltantes, uno menor de edad acompañado de su padre, y otro de 26, el que murió, entraron al domicilio del matrimonio, situado en una finca privada en el municipio de Arafo.

La pareja fue sorprendida por estos individuos, que iban con caretas, guantes, capuchas, palos, cinta aislante y un arma simulada. La hermana de la esposa, que tuvo la oportunidad de esconderse en un baño, pudo hacer una llamada de emergencia en la que dijo a uno de los hijos: “Corre que están matando a tu padre”. Pese a que Jacinto y su mujer le dijeron a los invasores que no tenían dinero en la casa, los delincuentes agredieron a la señora y la torturaron poniendo su mano en el marco de una puerta, para presionar al hombre, rompiéndole varios huesos.

El marido, al ver esto, fingió ir a su cuarto a buscar efectivo en la caja fuerte. Los bandidos lo dejaron ir solo y Jacinto aprovechó la oportunidad para coger una pistola que tenía guardada, con la que amenazó a los ladrones, para intentar disuadirlos, y la cual disparó en dos ocasiones. El primer impacto cayó en el suelo. Luego, uno de los asaltantes, a pesar del primer aviso, se encaró al anciano con una barra con el fin de agredirlo. El atracador falleció cuando, como consecuencia del segundo disparo, que impactó en su cara, se desangró al salir corriendo y cayó muerto en la parte trasera del domicilio en su intento de huida.

“Pudo haberle hecho una llave de judo” 
Este pasado viernes 13 de abril, la sentencia para Jacinto, pendiente ahora de recurso por parte de su abogado y de la propia Fiscalía, ha impuesto una indemnización de 20 000 euros para la madre del fallecido, además de dos años y medio de prisión por homicidio y dos por tenencia ilegal de armas. Cada condena es independiente y no se suman. A todo esto, se le añade la rabia y la decepción de la sociedad después de que un jurado popular determinara que el octogenario es culpable, ya que según ellos “podría haber empleado otros medios” y así, evitar la muerte del ladrón, identificado como Jonás Cano. Según el nieto mayor de Jacinto: “Opciones siempre hay varias. En este caso, mi abuelo, de 80 años, pudo haber hecho un sprint de 100 metros o haberle aplicado al ladrón, de 26, una llave de judo…”, aseguró el chico de forma irónica.

En esta línea se ha movido Daniel de Lorenzo Cáceres en la petición de firmas que ha efectuado, a través de change.org, para solicitar el indulto de Jacinto: “¿No sería más bien responsabilidad de esta madre haber educado a su hijo con valores?”. Valores tan simples y primarios como el respeto por el prójimo. Si para él, delincuente, la vida de esta pareja no era importante, ¿por qué debemos considerar que la de él sí lo era como para considerar culpable a Jacinto por haber defendido lo suyo?”.

Por otro lado, el solicitante de las rúbricas, dirigidas al Ministerio de Justicia y al Gobierno de España, añadió que “¿debería pagarle Jacinto Siverio a la madre del asaltante? Sería más justo que entre la progenitora y los ladrones que acompañaban a Jonás aquella noche paguen una indemnización al matrimonio, tanto por los daños físicos como psicológicos”. Pruebas demostradas por la defensa del acusado han determinado que el ladrón abatido y su madre apenas mantenían relación. ¿Realmente está pidiendo justicia por su hijo o está buscando un fin económico en todo esto para lucrarse?

Mientras ves cómo torturan a tu compañera es imposible actuar de manera racional

Si hago mención al jurado popular y al veredicto del mismo, considero que cualquier persona bajo presión, en una situación límite como esta en la que te están amenazando a ti y a tu pareja, de muerte, actuarías de igual forma, o peor. Mientras ves cómo están torturando a tu compañera es imposible actuar de manera racional, principalmente porque si Jacinto no lo mataba a él, probablemente ellos los hubieran matado a ambos. ¿Qué otra posibilidad tenían? Tal vez, si el segundo disparo también hubiera ido dirigido al piso, hubiera sido demasiado tarde para esta pareja de ancianos.

Jacinto declaró que “antes de ir al cárcel, prefiero ir al cementerio”. Él no pidió, ni provocó lo que le está sucediendo. ¿Dónde está la ley que nos ampara y nuestros derechos como ciudadanos? ¿No me puedo defender, cuando aquel que me ataca, viene por mí o por alguno de los míos? Los vacíos legales son demasiados y mientras tanto, nosotros seguimos desprotegidos.

La ley no nos ampara. Se supone que nuestros derechos terminan donde empiezan los ajenos. Sin embargo, entrar y allanar una propiedad no le hace perder los derechos a los delincuentes, que con estas sentencias se sentirán apoyados para seguir haciendo sus fechorías y continuar en la impunidad. Si Jacinto y su mujer fueran hoy los muertos, igual los ladrones ya estarían en la calle. Así funcionan nuestras leyes. No confundamos la legalidad con la justicia. Le tocó a Jacinto y a su familia. Pudo haberle sucedido a cualquiera de nosotros…y seguimos expuestos.

Andrea Marrero, es estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna. Redactora en Periodismo ULL.