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05:27h. miércoles, 21 de octubre de 2020
Hace un tiempo, cuando empezó la famosa pandemia, por decir la que nos iba a caer encima me cayó la del pulpo.

En mi cita quincenal con los lectores de Gomera Actualidad deciros que hoy se me ha ido la inspiración, tal vez sea un efecto colateral del maldito bicho que ya está en plena segunda oleada y al igual que un tsunami arrasa con todo lo que se le pone por delante.

Desgraciadamente cebándose en los más vulnerables o en los que menos recursos o poder adquisitivo tienen.
Porque el maldito bicho parece estar dirigido para que afecte con más ensañamiento a los más desfavorecidos. Ya sé que el bicho no distingue entre pobres y ricos pero algunos iluminados confinan los barrios más humildes, pero eso sí, los que allí viven tienen un salvoconducto  para salir a trabajar al barrio de los ricos.

Ya se sabe que a los "Borjamari" hay que servirles y más ahora que no pueden viajar tanto como les gusta, ni jugar al golf, ni esquiar, ¡pobres, me dan una pena! Les va entrar una depresión por no poder hacer "fiestuquis" e irse de vacaciones  que a más de uno/a les va a dar un "parraque".

Para quitarles las tonterías de golpe y estar entretenidos podían hacer voluntariado y ayudar en hospitales, en residencias de mayores y así de paso igual empatizan un poco con los menos afortunados, que a pesar de todo no se quejan y cargan con todo los que les viene encima.

En esta segunda ola nuestros mayores, los que han levantado el país con sudor y lágrimas, de nuevo son los que pagan las consecuencias de los que se pasan las normas por el arco del triunfo.
Vamos a ver, ellos están confinados en las residencias (esto daría para escribir largo y tendido) ¿Quién les lleva el regalo envenenado como pago a tanto sacrificio a lo largo de su vida?

¿Quién decide los triajes?…Tú sí, este no
¿Cómo pueden dormir tranquilos los que toman esas decisiones?  ¿Acaso no tienen padres, abuelos o personas vulnerables en sus familias?

¿Se piensan que ellos/as son inmortales o que no van a llegar a mayores, o pasar a ser dependientes por un accidente de coche,  vascular etc.?

Los cuidadores deberían de tener más sentido común y si sospechan que pueden portar el virus, quedarse en casa.

Las residencias en vez de robar a manos llenas que tengan mucho más personal cualificado y que les hagan test psicológicos para ver si son aptos para tratar con PERSONAS VULNERABLES

Las residencias deberían de ser todas públicas y con mucho seguimiento para ver como tratan a los usuarios que allí residen, estas personas tan solo merecen respeto y cariño pero viendo lo que ocurre tanto allí como en centros de personas con distintas capacidades, más bien parecen la casa de los horrores (siempre hay excepciones) pero últimamente está saliendo mucha basura a relucir ante la impasibilidad de quienes tienen la obligación de mirar por su bienestar. 

Hace un tiempo cuando empezó la famosa pandemia por decir la que nos iba a caer encima (no soy adivina pero viendo la irresponsabilidad de muchas personas no hace falta leer ninguna bola) pues me cayó la del pulpo, que era una pesimista, que era una asusta viejas (como si yo tuviera ahora 18 años) que había que pensar positivamente y no ser agorera etc. 

Bueno y ¿ahora qué, seguimos en el mundo de yupi?
Pues nada quien llegue a Noche Buena que lo celebre por todo lo alto que igual para Noche Vieja ya no lo puede celebrar.

Otra cuestión son los problemas psicológicos que ya se ven y que cada día se acentúan más, si para todos, esto nos perjudica… ¿Alguien ha pensado en las personas con distintas capacidades? 

Seguro que no, ellos son los invisibles, pero os voy a decir que estas personas están dando grandes lecciones a los llamados “normales” se adaptan a todo pero también lo acabarán pagando con su salud, hay personas adultas al cuidado de sus padres que ya son mayores, como dice el refrán “Se junta la fame con les ganes de comer”
Señores políticos piensen en nosotros, pónganse en nuestros zapatos y no nos olviden.